sábado, 26 de abril de 2014



Según E. Fromm la necesidad de satisfacer el amor se sustenta sobre la premisa falsa de que resulta imprescindible encontrar alguien por quien ser amado en lugar de desarrollar la capacidad de amar.
Existen personas que son extremadamente críticas con ellas mismas. A veces, incluso, se maltratan de tal modo que su autoestima y autovaloración caen en un precipicio del que les resulta muy difícil salir.
Es muy sano observar lo que hacemos, decimos, pensamos y sentimos. De la observación saldrán los arrepentimientos, los deseos de enmienda, los pedidos de perdón y el reconocimiento de la maravillosa misericordia de Dios…pero si quedamos mortificados, golpeados y nos sentimos desgraciados, es que algo hemos hecho mal.
No te castigues. No te maltrates. Intenta corregirte, pero sin lastimarte.
Aprueba tus logros, tus pequeños pasos hacia el mejoramiento de tu propia persona…No olvides orar con fe filial, de hijo confiado en el Padre.
Dios no te maltrata. No lo hagas tú.

@Ale Vallina

Ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.
Rom 8, 38 - 39

jueves, 24 de abril de 2014

Relaja mis nervios, sosiega mi espíritu, 
suelta mis tensiones, inunda mi ser de silencio y serenidad. 
Vela sobre mí Padre querido 
mientras me entrego confiado al sueño 
como un niño que duerme feliz en tus brazos. 
En tu nombre Señor, descansaré tranquilo.
Anónimo

Discernir a la luz del Espíritu...
¡Escucha la voz de Dios!
«Vivir es caminar, progresar, desarrollarse, cambiar. Es algo muy dinámico. Es este continuo movimiento, no pocas veces nos hallamos perplejos, vacilantes. ¿Acertaré o me equivocaré tomando tal o cual decisión?. En tales momentos nos viene bien servirnos de la luz que otros vieron en parecidas circunstancias, conocer lo que hicieron para salir del atolladero». (E. P. Ramos, en el Arte de Vivir)


miércoles, 23 de abril de 2014

El próximo 27 de abril será un día particular para el Vaticano y para el mundo: es que habrá cuatro Papas en San Pedro...
Un día en el que se resaltará la importancia enorme que ha sido el Concilio Vaticano II para la Iglesia. Y además contaremos con 2 nuevos santos...
¡Día de fiesta!
En el año del Bicentenario de la Restauraión de la Compañía de Jesús, les compartimos el lema de la Provincia Argentina-Uruguay: "Con Jesús, memoria y pasión por servir."


Leí por estos días una frase de Marco Tulio Cicerón que decía: "Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo". Podemos agregar, dado que Cicerón no conoció a Cristo, que la conciencia es la voz por la que Dios habla a cada uno de sus hijos. Dicho de uno u otro modo, lo cierto es que intentar congraciarse con el mundo a costa de guardarnos en los bolsillos nuestros valores, suele perdernos en un remolino de mentiras e iniquidades.
Al único que debemos estar atentos de rendirle cuenta de nuestros actos es a Dios. Sólo a Él. Lo que piensen los demás corre por cuenta de ellos.
Seamos libres. No dejemos que otros nos impongan criterios alejados de nuestra esencia o de nuestros valores.
Pidamos al Señor la gracia de hacer siempre su voluntad aunque el mundo se oponga…

@Ale Vallina

martes, 22 de abril de 2014

Se acaba el temor. Una de las palabras que más repite el Resucitado es «No tengáis miedo». Y está bien eso de tener valor en la vida, cuando hay tantos motivos que a veces nos hacen vivir un poco asustados, temerosos de lo que pueda ocurrir. Da miedo equivocarse. Y quedarse solo. Eso asusta mucho. Da miedo el rechazo de los demás. Asusta, también, el fracaso en lo que uno acomete. La enfermedad, el desamor, el dolor… Pero la palabra sigue ahí, clara y directa. «No tengas miedo». Porque, pase lo que pase, el último giro del camino nos va a conducir a una tierra buena. Y esa certidumbre permite plantarle cara a todos nuestros fantasmas.
Fuente: Pastoral sj

Tenemos un planeta al que no cuidamos con esmero. Una tierra que nos reclama a cada paso los daños (algunos irreparables) que le hemos provocado.
Toda la creación a nuestra disposición, y sin embargo, tanto roto, tanto destruido, tanto maltratado, tanto quebrado…
Estados Unidos es el país que más contamina el planeta. Muchas otras naciones engrosan una lista que desazona y alarma. Los mares, las cuencas de agua, los campos, las ciudades, la atmósfera, el derrame de residuos químicos…Atentamos con saña y luego nos lamentamos.
En nuestras manos están las soluciones. Algunas a corto y otras a largo plazo. Pero si no comenzamos hoy, lo lamentaremos con lágrimas que derramarán varias generaciones…
Recemos por este maravilloso planeta creado para nuestro gozo por el amor del Padre. Hagamos de esta inmensa casa un “hogar” en el que valga la pena vivir.
@Ale Vallina
Hay un desorden externo y uno interno. Todos lo reconocemos, o al menos lo vislumbramos. En muchas ocasiones el desorden externo refleja, de alguno u otro modo, el desorden de nuestra interioridad.
Lo cierto es que así como cuando acomodamos cajones y alacenas; o cuando limpiamos los placares y roperos nos sentimos más a gusto y disfrutamos de la belleza y de la armonía. Ni qué decir cuando nos sorprendemos de la cantidad de trastos viejos e inútiles que podemos desechar para dar lugar a lo nuevo…
En nuestra vida interior suele ocurrir algo similar. ¡Mucho para desechar! Malos recuerdos, sentimientos nocivos, actitudes penosas que dañan y nos dañan.
La oración confiada y el deseo genuino de trabajar en uno mismo, pueden permitirnos que lo que está oscuro, confuso y desordenado logre, a la luz del Resucitado, salir del caos. ¡Lo inservible, afuera!
Dejemos espacio a lo nuevo, especialmente a lo que sana, acondiciona y nos otorga libertad.
@Ale Vallina.

lunes, 21 de abril de 2014

RESUCITAR
no es una piel envejecida
que se estira en el quirófano
sino una presencia que ilumina
cada arruga con su historia,
no es un golpe en el alma
que se anestesia con drogas
sino una caricia que sana
la memoria y la carne,
no es un desencuentro entablillado
para salvar apariencias,
sino un abrazo infinito
que teje las diferencias,
no es un robo a los pobres
legalizado con indultos,
sino un fuego que separa
la justicia de la escoria,
no es el oasis final
para olvidar pesadillas,
sino un vino añejado
en las bodegas del camino.
porque todo lo que nos golpea
a ti también te hiere
y al abrirse en ti a la vida
también en nosotros resucita.

Benjamín González Buelta SJ


domingo, 20 de abril de 2014

«¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!»

«El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la piedra quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: - «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él hablaba de resucitar de entre los muertos»

Jn 20, 1-9

Seguramente que no podremos imaginar siquiera, lo que sintió María Magdalena aquella mañana al ver el sepulcro vacío.
Los evangelistas tratan de retratar su vivencia dando pinceladas de lo sucedido. Ella misma estaba desconcertada y no podía explicar lo que había visto, pero ¿es posible comunicar a quién no cree lo que significa la resurrección? ¿Cómo hablar de Dios a quienes carecen de esperanza y de fe? ¿Es posible comunicar la vida en una cultura que legisla sobre la muerte? ¿Le fue fácil a María Magdalena y a los discípulos de Jesús, transmitir la resurrección de Cristo?
 La iglesia nos propone, antes del anuncio del evangelio, leer una secuencia en la que pregunta a María Magdalena «¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?» Y en esta pregunta está la humanidad entera que quiere volver a creer pero le falta fe. Está presente el anhelo de tantos hombres y mujeres que sienten que se acaba su amor y desfallece su esperanza. Está presente el deseo de muchas personas de recuperar el sentido de sus vidas porque ya no encuentran motivo suficiente para seguir adelante.
Pero cuando preguntamos a María Magdalena, ¿cuéntanos qué has visto aquella mañana? Ella responde con certeza y convicción, he visto «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja. ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Para María la resurrección es el resurgimiento del amor y la esperanza. Éstos son los signos de la resurrección y los rasgos particulares de los discípulos de Jesús resucitado.
Quizás la tarea más difícil del cristiano, que quiere vivir la gracia de la resurrección, sea vivir en el amor y la esperanza en medio de un mundo que por momentos parece rechazarlos pero por otro, lo desea y añora.
Ninguno de nosotros jamás tendrá la experiencia de ver las vendas en el suelo para creer que Cristo resucitó, sin embargo podemos ver resurgir en los demás el amor y la esperanza. Podemos ser testigos de que muchas personas recuperan la fe, y con ella el amor y la esperanza. Si nos atrevemos a mirar más allá de las apariencias con que solemos esconder la verdad, veremos que en la vida de muchos comienza a despuntar el alba de la resurrección. Cuando nos encontramos ante quienes vuelven a creer en el amor y la esperanza estamos frente a los signos de la resurrección.
¡Cristo ha resucitado, y con Él el amor y la esperanza!
Nosotros como discípulos de Jesús resucitados debemos ayudar a que esa gracia de la resurrección se expanda por todos los confines del mundo. ¿Cómo? Viviendo, comunicando, transmitiendo, amor y esperanza. Al igual que María Magdalena y los discípulos debemos manifestar estos signos de la resurrección con nuestro testimonio de vida para que los demás crean en Cristo resucitado.
Toma conciencia de tus palabras, de tus gestos, de tu manera de tratar a los demás y fíjate si con ellos transmites amor y esperanza. Diles a los que tienes cerca que los amas, y cuando veas que alguien se entristece comunícale esperanza. Tiéndele la mano al que sufre y tiene necesidad de apoyo.
En nuestra vida cotidiana, debemos aprender a ver al resucitado en la alegría, en el amor y la esperanza de muchos que sienten que sus vidas resurgen de las cenizas.
Cristo vive «en el nuevo ser que palpita, en el que busca amor, y en el que reza».
Ahí está el resucitado. Cristo Vive!

P. Javier  Rojas sj

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