viernes, 2 de mayo de 2014

MAYO: Mes de MARÍA



María, Madre Nuestra,
tú estás aquí en medio de nosotros
y nosotros somos tu pueblo,
pequeño retoño que se apoya en tí,
lo mismo que el apóstol Juan se apoyó en ti
bajo la Cruz.
Lo mismo que intercedes por los apóstoles
y por sus sucesores
hacia la plenitud mesiánica.
Alcánzanos, María,
esa comunión del Espíritu Santo
que brota del corazón traspasado
de tu Hijo Jesús, nuestro hermano
y haz de nosotros un pueblo de santos,
que nos permita vivir
en la comunión de los santos misterios.
Amén
Cardenal Carlo Martini.

miércoles, 30 de abril de 2014

Muchos están viviendo distintos momentos dolorosos. Enfermedades, crisis personales y/o familiares, violencia, hambre y tantísimas situaciones más de sufrimiento.
A horas de la celebración del día del trabajador, queremos solidarizarnos con todas aquellas personas que no logran conseguir un trabajo digno y pedir especialmente por ellas...
Para los que gozan de un trabajo estable les deseamos un feliz y bendecido día...
Y a los que están en la búsqueda, les pedimos que no bajen los brazos, que permanezcan esperanzados y con la mirada puesta en Jesús.


"Nunca podrás, dolor, acorralarme.
Podrás alzar mis ojos hacia el llanto,
secar mi lengua, amordazar mi canto,
sajar mi corazón y desguazarme.
Podrás entre tus rejas encerrarme,
destruir los castillos que levanto,
ungir todas mis horas con tu espanto.
Pero nunca podrás acobardarme.
Puedo amar en el potro de tortura.
Puedo reír cosido por tus lanzas.
Puedo ver en la oscura noche oscura.
Llego, dolor, a donde tú no alcanzas.
Yo decido mi sangre y su espesura.
Yo soy el dueño de mis esperanzas."
José Luis Martín Descalzo.



Señor,
también yo marcho hoy por la vida
como los discípulos de Emaús:
pensando que mi vida no tiene sentido,
creyendo que en la vida todo es negro,
incapaz de ver con mis ojos
la claridad del día y las estrellas de la noche.
Señor, yo, y otros muchos como yo,
tenemos la tentación de creer
que el dolor es más fuerte que la vida.
Yo, y otros muchos como yo,
nos decimos que esto no tiene salida,
que no hay quién lo arregle,
que nos hemos hechos demasiadas ilusiones,
y la realidad es muy distinta.
Señor, yo, y otros muchos como yo,
creemos que nos has abandonado
y nos vamos, cabizbajos, de retirada:
«Porque ya no hay nada que hacer,
porque ya todo está perdido ... »
Señor, ¿no podrías salir hoy al camino
y pasear conmigo?
¿No podrías levantar mi esperanza
de este suelo rastrero por donde camino?
¿No podrías quedarte a comer
y calentar mi corazón frío?
¿No podrías, Señor,
hacer algo para descubrir tu presencia,
que alegre mi existencia?
¿No podrías, Señor, repetir
aquella escena de Emaús en mi vida?
P. Javier Leoz

martes, 29 de abril de 2014


Es todo un proceso de acallar ruidos, la propia palabra, hasta llegar a la escucha en el hombre interior del mensaje de todos los seres y del Señor de todos los seres. Es un vacío, no lleno de nada, lleno de presencias que están allí aunque no les prestemos atención. No es una evasión de la realidad y de la dureza de la vida diaria por domesticarla. Es un entrar en lo más profundo de la realidad misma. Es un viaje al interior de las cosas, de las personas, de la vida. Un renunciar, siquiera temporalmente, a revolotear en la superficie de las mismas.
Pedro Arrupe sj


lunes, 28 de abril de 2014

Indiferencia...
Señor, solo Tú sabes
cómo mi vida puede andar bien.
Enséñame
en el silencio de tu presencia
cómo en el encuentro contigo,
en tu mirada
y en tu palabra
personas se han reconocido
como tu imagen y semejanza.
Ayúdame a dejar
lo que me impide
encontrarte y lo que me impide
dejarme tocar
por tu palabra.
<<Señor, dije, allí sobre una rama hay un cuervo.
Reconozco que tu majestad no puede rebajarse a atender a quien te habla,
pero tengo necesidad de un signo.
Cuando acabe mi oración, haz que ese cuervo vuele.
Aquello será para mí como un signo,
una prueba de que no estoy completamente solo en el mundo....>>.
Fijé la mirada en el cuervo, pero éste no se movió de su rama.
<<Señor, dije, tienes toda la razón.
Tu majestad no puede dignarse atender peticiones como ésta.
Si el cuervo hubiese echado a volar,
yo seguiría más triste aún porque un signo así sólo podría recibirlo de alguien como yo,
es decir de mí mismo.
Habría sido un mero reflejo de mi propio deseo.
Me habría vuelto a encontrar con mi propia soledad...
Y después de haberme prosternado, me alejé.
A partir de ahí,
mi desesperación cedió paso a una serenidad tan singular como inesperada.
Antoine de Saint-Exupéry


domingo, 27 de abril de 2014

«Por miedo»


«Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió a mi, yo también los envío a ustedes». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz esté con ustedes». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Jesús les dijo: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.»


Jn 20, 19-31


En muchos lugares del evangelio encontramos a Jesús diciendo «No teman», «no tengan miedo» o «no se preocupen». ¿Por qué la insistencia a no tener miedo? ¿Se puede realmente no sentir miedo? ¿Son acaso nuestros miedos “irracionales” o “sin sentido?
Así como la alegría nos dice que hemos alcanzado o logrado algo, la tristeza que hemos perdido algo importante, el miedo nos avisa que estamos en peligro. Las emociones nos dan información relacionada con nuestro bienestar. Nos hacen tomar conciencia de si estamos satisfechos o frustrados en nuestras metas o necesidades.
El miedo es una emoción desagradable pero tiene la función de movilizarnos para escapar de una potencial amenaza o peligro de muerte. Cuando surge el miedo se activa el sistema nervioso simpático y la persona siente una subida de adrenalina que nos pone alerta y nos hace focalizar la atención en lo que nos genera temor.
Generalmente, este tipo de miedo (si podemos llamarlo así) es una respuesta transitoria que se acaba cuando salimos o escapamos de la situación de peligro. Aunque no creo que sea este el miedo al que hace referencia Jesús, sin embargo, todo miedo está relacionado con la posibilidad de perder, extraviar, quitar o abandonar algo que creemos es importante para vivir.
En definitiva, el miedo como también la tristeza nos informa que “estamos en problemas”; hemos perdido nuestra seguridad y tenemos necesidad de protegernos.
Creo que cuando Jesús nos pide que no tengamos miedo se está refiriendo a la preocupación o temor que tenemos de perder “nuestras seguridades” que nos hacen creer que podemos controlar todo a nuestro antojo. ¡Piensa en tus miedos!
Por ejemplo. Tenemos miedo a ser criticados y perder ser considerados como personas razonables y asertivas. Tenemos miedo a que se rían de nosotros y perder la imagen que nos esforzamos por construir. Tenemos miedo a ser pobres y perder la seguridad que nos da el dinero. Tenemos miedo a confiar en Dios y perder el control sobre nuestra vida.
Jesús le dijo «no se preocupen» por lo que van a comer o por lo que van a vestir (Cf. Mt, 6, 25), por el día de mañana (Cf. Mt 6, 34),  por lo que dirán (Cf. Mt 10, 19), por sus posesiones (Cf. Mt 6, 19), nos estaba pidiendo que no pusiéramos la seguridad de nuestra vida en ellos. Más bien ante la situación de miedo e inseguridad dice «¡Tengan ánimo!, soy Yo» (Cf. Mt 14, 27), o «¡Levántate! No teman» (Cf. Mt 17, 7).
Por eso, al situarse en medio de los discípulos que estaban encerrados por miedo a los judíos les dijo «La paz esté con ustedes». Es su presencia la que nos da paz y seguridad. Cuando nos pide que no tengamos miedo lo hace porque desea que aprendamos a vivir con la conciencia de su presencia providente en medio nuestro. Dios está con nosotros y es la roca firme donde encontramos verdadero apoyo.
La incredulidad de Tomás es fruto de la falta de confianza que tiene por temor de haber perdido sus seguridades. Por eso, cuando puede comprobar que Jesús está vivo expresa «Señor mío y Dios mío».
Pidamos a Dios la gracia de cimentar nuestra vida en la certeza que nos promete su presencia en nuestras vidas y no en esas seguridades que nos hacen esclavos y dependientes de todo.

P. Javier  Rojas sj


«Una cosa es creer que Dios existe, y otra muy distinta entrar en una dinámica de relación, diálogo, confianza o encuentro con Él». A. BERÁSTEGUI PEDRO-VIEJO

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