jueves, 5 de junio de 2014

Respira en mí
oh Espíritu Santo
para que mis pensamientos
puedan ser todos santos.

Actúa en mí
oh Espíritu Santo
para que mi trabajo, también,
pueda ser santo.

Dibuja mi corazón
oh Espíritu Santo
para que sólo ame
lo que es santo.

Fortaléceme
oh Espíritu Santo
para que defienda
todo lo que es santo.

Guárdame pues
oh Espíritu Santo
para que yo siempre
pueda ser santo.
San Agustín


Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas... Y hay que comenzar por lo más elemental.
Papa Francisco
Esta Iglesia con la que debemos “sentir” es la casa de todos, no una capillita en la que cabe sólo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad. Y la Iglesia es Madre —prosigue—. La Iglesia es fecunda, debe serlo. Mire, cuando percibo comportamientos negativos en ministros de la Iglesia o en consagrados o consagradas, lo primero que se me ocurre es: “un solterón”, “una solterona”. No son ni padres ni madres. No han sido capaces de dar vida.
Papa Francisco
Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo,
inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas
y mi propia santificación.
Espíritu Santo,
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén.
Cardenal Joan Verdier

miércoles, 4 de junio de 2014

Luz de Dios, 
disipa la tiniebla de mis dudas 
y guíame. 
Fuego de Dios, 
derrite el hielo de mi indiferencia 
y abrásame. 
Torrente de Dios,
fecunda los desiertos de mi vida
y renuévame.
Fuerza de Dios,
rompe las cadenas de mis esclavitudes
y libérame.
Alegría de Dios,
aleja los fantasmas de mis miedos
y confórtame.
Aliento de Dios,
despliega las alas de mi espíritu
y lánzame.
Vida de Dios,
destruye las sombras de mi muerte
y resucítame.
Ven, Espíritu Paráclito,
Espíritu creador y santificador,
Espíritu renovador y consolador,
Espíritu sanador y pacificador.
Ven y concede hoy a tu Iglesia,
reunida en el Cenáculo con María,
la experiencia de Pentecostés.
Ángel Sanz Arribas

Papa Francisco: Jesús es el abogado que siempre nos defiende

Papa Francisco: Jesús es el abogado que siempre nos defiende

martes, 3 de junio de 2014

Nadie que tome una decisión que afecte a otras personas puede permitirse pasar por alto las necesidades de aquellos que la acepten.
Harold Koontz

lunes, 2 de junio de 2014



Amarse a uno mismo significa aceptar ante Dios el ser creatural. Es decir, el sereno reconocimiento de la finitud y del límite. El amor a uno mismo se expresa en la capacidad de reconocer el propio valor. Es casi imposible que se pueda amar sanamente a los demás si no hay una sana aceptación de uno mismo. Aceptar los propios límites y fragilidades es un signo de madurez y de fe. 

P. Javier Rojas, sj

La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción.
Papa Francisco.

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