viernes, 1 de agosto de 2014


Jesús se da. Se nos da. Y esto sucede justamente porque Jesús es Dios. Él es el "Dios con nosotros", el que optó por abajarse hasta ponerse tan cerca de nosotros como nadie lo estuvo nunca antes. Jesús es el que decidió “amarnos hasta el extremo y quedarse a nuestro lado hasta el fin de los tiempos".
Este Jesús que se dona a sí mismo mora en nosotros, habita nuestra historia y nuestro presente. Ama nuestra condición de seres humanos y, precisamente, porque nuestra “humanidad” no le resultó indiferente es que la asumió, la disfrutó y la padeció. Por eso mismo es que tan bien nos conoce y comprende. Su alegría es, sin dudas, que nosotros encontremos la alegría en Él.
@Ale Vallina

Imagen tomada de la web

jueves, 31 de julio de 2014


FELIZ DÍA A TODA LA FAMILIA IGNACIANA.
Día de fiesta para la Iglesia y en especial para los que amamos y vivimos la espiritualidad de Ignacio de Loyola.

miércoles, 30 de julio de 2014

Señor, Tú me conoces mejor de lo que yo me conozco a mí mismo/a.
Tu Espíritu empapa todos los momentos de mi vida.
Gracias por tu gracia y por tu amor que derramas sobre mí.
Gracias por tu constante y suave invitación a que te deje entrar en mi vida.
Perdóname por las veces que he rehusado tu invitación,
y me he encerrado lejos de tu amor.
Ayúdame a que en este día venidero reconozca tu presencia en mi vida,
para que me abra a Ti, 
para que Tú obres en mí,
para tu mayor gloria. Amén. 
San Ignacio de Loyola

"Ignacio de Loyola es uno de esos hombres que tuvo el don del discernimiento. Supo de un modo vigilante escuchar el paso del Espíritu. Su talante de discernimiento lo ofrece a la comunidad cristiana para que ésta pueda, en virtud de una sabiduría acumulada en la Iglesia y sistematizada por él, "adiestrarse" en el discernimiento.
Ignacio sabe "por experiencia" que Dios se comunica con sus criaturas. Lo experimentó en sí mismo y nos dio las pistas y los criterios para entender el "lenguaje" de esta comunicación.
Discernir es distinguir el lenguaje que "procede del Padre y del Hijo" y el lenguaje tramposo que surge de nuestro "yo" personal y comunitario o que nos llega tentadoramente de este mundo "normal y natural". En este sentido Ignacio habla de discernimiento de espíritus en plural"

Toni Catalá.
Gentileza: Centro Arrupe Jesuitas Valencia

martes, 29 de julio de 2014

La amistad con los pobres nos hace amigos del Rey eterno.
Ignacio de Loyola.
Admiro profundamente a las personas capaces de decir la verdad delante de los poderosos y autoritarios y de oponerse a las injusticias y a los atropellos. De desafiar a los abusivos y a la maldad aun a costa de su propio bienestar.
En estos días he tenido la bendición de estar con esa clase de gente. Pacíficos pero firmes. Serenos y a la vez muy seguros. Claros en sus miradas y con sus corazones ardientes. No se puede ni se debe concertar con el mal y con las tropelías. Lo malo es malo, acá y en la China. Y lo bueno siempre procede de Dios.
Me nace, pues este agradecimiento, que deseo compartir con ustedes, porque siempre hay personas que se convierten en modelos de vida, por su actuar y por su “modo de proceder” (término bien ignaciano que representa concretamente lo que deseo exponer aquí).
Por esas personas que el Señor pone en mi camino quiero dar gracias hoy. Porque siento que son invitaciones de lo alto para oponerme con armas pacíficas pero firmes a toda clase de atropellos a mis hermanos y a mí misma. La pedagogía del Señor es maravillosa y me siento como su “alumna mimada y consentida” en el aula de la vida.
@Ale Vallina

lunes, 28 de julio de 2014

El amor se debe poner más en las obras que en las palabras.
Ejercicios Espirituales [231]
 Ignacio de Loyola
La desolación nos abre a un interrogante fundamental y permanente: <<¿Dónde me quieres, Señor, llevar? Siguiéndote, mi Señor, yo no me podré perder>>".
Ignacio de Loyola, "Diario Espiritual"
No es de nosotros traer o tener devoción crecida, amor intenso, lágrimas ni otra alguna consolación espiritual, más que todo es don y gracia de Dios nuestro Señor.
Ignacio de Loyola EE 322

domingo, 27 de julio de 2014

«Lo más valioso está en ti»

«En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?». Dícenle: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo ».

                   Mt 13, 44-52


Cuando Jesús habla del Reino de Dios lo hace contándonos cómo se gesta, por ejemplo, utilizando la imagen del grano de mostaza o la levadura en la masa. Pero también habla del Reino contándonos qué sucede con el hombre o la mujer que lo descubre. En esta ocasión se refiere a lo que hizo un hombre que encontró un  tesoro oculto en un campo y al que halló perlas finas. Ambos tuvieron la misma actitud de «vender todo lo que tenían».
Por medio de esta parábola, Jesús, no sólo nos cuenta lo que hacen aquellos hombres con el tesoro o la perla que descubren, sino que también nos interroga sobre nuestra actitud ante el tesoro o la perla fina que hemos encontrado.
Puede ser que algunos todavía no los hayan descubierto, y estén en ese proceso.  Pero también existe la posibilidad de quienes aun descubriéndolo, no han tomado la decisión de «venderlo todo». Entonces surge la pregunta que estaba oculta en el corazón de este pasaje, ¿Por qué sigues viviendo como mendigo cuando tienes un tesoro en tu campo o eres dueño de perlas finas?
Cada uno de nosotros está representado en esos hombres que se encuentran con un tesoro escondido o con perlas finas de gran valor. Y si bien nuestra actitud puede ser la misma, también existe la posibilidad de enterrar el tesoro para olvidarnos de él. O preferir seguir “paveando” luciendo perlas de fantasía simulando que son finas.
Jesús repitió continuamente en el evangelio que el Reino de Dios había llegado, que ya estaba entre nosotros, que está en nosotros ahora. Acaso… ¿estaba diciendo Jesús que el Reino de Dios está en nuestro interior?.
Sí. El tesoro o la perla fina están en ti, en mí, en todos los hombres. Está escondido dentro de nosotros. ¡Desentiérralo! Ya no busques más. Lo más valioso está dentro tuyo. Allí, en lo profundo, donde vive Dios, está también lo más valioso de tu persona. Tu verdadero ser.  Lo que realmente eres.
A veces cometemos la picardía de buscar valor y aprecio fuera de nosotros, en los ojos y en las palabras de los demás. Muchas veces nos desbocamos yendo detrás del reconocimiento o la aprobación ajena. Sin darnos cuenta hemos sepultado el tesoro escondido de nuestro propio ser y de nuestra vocación… por cumplir con las expectativas de los demás.
Cuantas personas fingen para  "cumplir con las exigencias” de los demás o para realizar la vocación de otros. Cuantos hombres y mujeres tienen que maquillar cada mañana el personaje que representan para poder “sentirse aceptados y amados” por los demás. ¿Acaso vale la pena desfallecer por aquel que no te acepta como eres? Cuantos renuncian a ser “verdaderamente ellos mismos” con tal de “pertenecer al grupo” de los fashion de la cuadra o de la elite de algún lugar.
Muchas veces hemos convertido nuestra vida interior en un baúl. Allí guardamos y coleccionamos máscaras que cada mañana elegimos para representar los personajes que hemos montado. ¡Cuánta gente vaga por la calle deseando ser alguien! Anhelan ser considerados, tenidos en cuenta, convocados, consultados…
Para Jesús, el verdadero tesoro se encuentra en nuestro propio interior. Y para descubrirlo debemos dejar de lado las apariencias para encontrarnos con la verdad. El segundo paso para descubrir el tesoro que llevamos dentro de nosotros es la reconciliación con todo lo que constituye nuestra historia. Es fundamental en la vida de todo ser humano dejar de arrastrar el pasado y saldar cuentas con nuestra historia. Lo que pasó, pasó y no hay lágrimas ni enojos que cambien el pasado. Más sano y auténtico es reconocernos en ese pasado y continuar caminando hacia adelante.
La aceptación de quiénes somos y la reconciliación con nosotros mismos y con nuestra historia constituyen los dos pilares de una vida que tiene sus cimentos en el propio valor.
La actitud de aquellos hombres de «vender todo lo que tenían» para comprar el campo o la perla de gran valor constituye la decisión fundamental para vivir auténticamente como ciudadanos del Reino de Dios.
Hemos de edificar nuestra vida sobre los cimientos de la verdad de nosotros mismos, dejando de lado la simulación o las apariencias. Establecer relaciones en las que podamos expresarnos libremente sin temor a la condena o la marginación. 
Atrévete a reconocer lo que está sucediendo dentro de ti. En tu trabajo, en tus estudios o en tu relación de pareja. Tal vez esté haciendo falta que reconozcamos que estamos luciendo «perlas de fantasía»…
«Vender todo» para el evangelio significa dejar de lado aquello que creíamos poseer para adquirir lo nuevo pero también es una invitación a recuperar la belleza que se oculta a veces detrás de la rutina diaria.
Quizás es tiempo de reencontrase con lo valioso que somos y descubrir el tesoro que tenemos en casa.
Cuando Jesús vino a anunciar el Reino de Dios no lo hizo con el afán de transmitir nuevas teorías sobre Dios. Jesús vino a este mundo para vivir de tal manera, hacer tales cosas y decir tales palabras. Para que quedara bien claro, de una vez y para siempre, que sólo el que acoge a Dios en su vida y se reconcilia consigo mismo vivirá eternamente.
Las parábolas del  “Reino de Dios” son una forma de decir dónde y cómo podemos los seres humanos encontrar a Dios en nosotros mismos y ser para los demás una luz de esperanza.

P. Javier  Rojas sj
Toma Señor, y recibe
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento, y toda mi voluntad.
todo lo que soy, todo lo que poseo.
Tú me lo diste; a tí, Señor, lo torno.
Todo es Tuyo.
Dispón de mi según tu voluntad.
Dame tu amor y gracia,
que eso me basta.
San Ignacio de Loyola

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