sábado, 9 de agosto de 2014

"Que sean niños los niños.
Que sean niños, y no clientes de las compañías de celulares, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas descartables de la televisión.
Niños, no limpiavidrios en los semáforos, o botín de padres enfrentados o repartidores de estampitas en los subtes.
Que no sean niños soldados, los niños.
Que sean niños los niños, simplemente. Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad.
Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran. Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías. Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades. Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.
Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.
Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos. Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños. Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños. Que sean niños, no “el repetidor” o “el conflictivo” o “el que nunca trae los deberes”. Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente. Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados. Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores. Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran. Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año.
Que sean felices los niños, por ser niños. Inocentes de todo lo heredado."
Max Urtixberea

EDITH STEIN


viernes, 8 de agosto de 2014

Negarme a mí mismo...
Cargar mi cruz...
¿Qué necesito cambiar en mi vida?
¿De qué me tengo que liberar?
Señor dame las fuerzas!

jueves, 7 de agosto de 2014

Amarte a Ti Señor en todas las cosas

Hoy 7 de agosto de 2014 celebramos que, cuarenta y un años después de su supresión, la Compañía de Jesús fue restablecida por el Papa Pío VII el 7 de agosto de 1814. La Bula papal, Sollicitudo Omnium Ecclesiarum, extendía al resto de la cristiandad los derechos y privilegios concedidos ya a la Compañía superviviente en el Imperio Ruso y en el Reino de Sicilia. Y con ella ejecutaba “lo que ardientemente deseábamos desde el principio de nuestro pontificado”, ya que “por el restablecimiento de la misma Compañía de Jesús nos vienen cada día, de unánime consentimiento de casi todo el orbe cristiano, apremiantes y urgentes peticiones…”

Hoy celebramos el 200 aniversario de este momento de gracia, y nos reunimos para agradecérselo al Señor, que sigue confirmándonos como servidores de la misión.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Dios siempre cuida de sus criaturas, pero lo hace a través de los hombres. Si alguna persona muere de hambre o pena, no es que Dios no la haya cuidado; es porque nosotros no hicimos nada para ayudarla, no fuimos instrumentos de su amor, no supimos reconocer a Cristo bajo la apariencia de ese hombre desamparado, de ese niño abandonado.
Madre Teresa de Calcuta

SOPLA Mt 17, 1-9 (R.P. Javier Rojas)

martes, 5 de agosto de 2014

Luz que viene, luz que nos engendra, que nos hace bailar, que nos llama más allá…
Luz que nos impulsa a pensar, a ser creativos, que nos invita a participar
Luz que nos vincula a otros, nos hace vivir de muchos otros,
que se deshacen alumbrando el camino…
Luz que va pasando de unos a otros, hasta llegar al límite, al salto 
¿Cómo está tu foco? ¿Quieres ser luz?

Xavier Quinzà Lleó
El amor de Dios en Jesús, tiene por así decirlo, dos manos: la primera es la del perdón, gracias a la cual jamás nos abandona, ni siquiera a pesar de toda nuestra culpabilidad; la otra mano es la de la resurrección, la cual nos revela que Dios nos sostiene incluso más allá de la muerte.
Piet van Breemen sj


lunes, 4 de agosto de 2014

Tres Músicos Solidarios

Salta a los medios de comunicación una noticia que, si es cierta, estremece. Un matrimonio australiano contrata una madre de alquiler en Tailandia. Cuando esta da a luz mellizos, al darse cuenta de que uno de los dos sufre varias discapacidades, deciden quedarse solo con la que está sana y se la llevan a Australia, dejando al niño atrás. La noticia está dando la vuelta al mundo, y provoca reacciones adversas  -como no puede ser de otra manera-.
No basta con indignarse por la falta de catadura moral de esos padres. Es  necesaria una reflexión sobre la lógica subyacente a ese acto. Esa lógica es la de la vida a la carta: “Si te lo puedes permitir, paga por aquello que no consigues por otros medios.  Y elígelo con las prestaciones que te parezcan  convenientes”. Esa lógica tal vez valdría para un coche, un ordenador, o una casa, pero estamos hablando de la vida humana. Estos son los extremos a los que conduce una visión egoísta de la paternidad, que, lejos de percibir a los hijos como una bendición y quizás la mayor responsabilidad que cabe en la vida, los percibe como un derecho y un objeto de consumo afectivo.  Supongo que esas personas no  querían “cargar” con un hijo enfermo, sino “disfrutar” de un hijo sano, que les diese todas las satisfacciones del mundo. Pero la vida no puede ser eso, un enorme supermercado donde tan pronto compras productos, como experiencias, emociones o historias.  No puede ser un gran laboratorio donde jugamos a ser dioses y a la omnipotencia sin límites morales.  Ni puede ser el gran bazar de la perfección a la carta, donde la discapacidad, la limitación o la fragilidad es vista como un mal que hay que evitar a cualquier precio.
La humanidad ha de ser más que eso. 
José maría Rodríguez Olaizola sj

domingo, 3 de agosto de 2014

«La actitud de compartir»


« 13 Al oírlo, Jesús se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado. Cuando las multitudes oyeron esto, le siguieron a pie desde las ciudades.  14 Cuando Jesús salió, vio la gran multitud y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que entre ellos estaban enfermos.  15 Al atardecer, sus discípulos se acercaron a él y le dijeron: --El lugar es desierto, y la hora ya avanzada. Despide a la gente para que vayan a las aldeas y compren para sí algo de comer.  16 Pero Jesús les dijo: --No tienen necesidad de irse. Dadles vosotros de comer.  17 Entonces ellos dijeron: --No tenemos aquí sino cinco panes y dos pescados.  18 Él les dijo: --Traédmelos acá.  19 Luego mandó que la gente se recostara sobre la hierba. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al cielo, los bendijo. Después de partirlos, dio los panes a sus discípulos, y ellos a la gente.  20 Todos comieron y se saciaron, y se recogieron doce canastas llenas de lo que sobró de los pedazos.  21 Los que comieron eran como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. »


                   Mt 14, 13-21

En la antigua leyenda griega existe el mito del Rey Midas a quien se le atribuye ser el primer rey de Frigia. Dicen que el mito surge de la envidia que despertó entre los pueblos vecinos al conocerse la riqueza y prosperidad que había logrado para su nación, gracias a la habilidad que tenía para hacer negocios.
Dice el mito que en una ocasión el Rey Midas hospedó amablemente a un compañero del dios del Vino, Dionisio, llamado Sileo, y que en agradecimiento por la hospitalidad y conociendo su ambición de riqueza, le concedió el don de convertir en oro todo lo que tocaba.
Pero pronto este “poder” terminó por convertirse en su maldición cuando al tocarla a su hija Zoe la convirtió en oro. Midas convertía en oro todo lo que tocaba. Pronto convirtió en oro la comida, la bebida y cualquier cosa que alcanzaban sus manos.
Cuando el rey se dio cuenta de la cara oculta que tiene el deseo de ganancia y riqueza, acudió a Dionisio para pedirle que lo librara de este poder.
La avaricia es una pasión que tiende a acumular dinero y bienes terrenales no para ser disfrutados sino por el sólo hecho de poseerlos. Y se traduce en una preocupación o miedo excesivo a perderlos y quedarse vacío. Pero la avaricia no se relaciona sólo con el dinero o los bienes materiales, sino también con los afectos, las relaciones personales, el poder, el conocimiento, etc.
En realidad, el avaro teme quedarse «sin nada» y por eso evita compartir. Y todo lo que relaciona con «vaciamiento» o «desperdicio» de algún tipo, lo pone ansioso y al borde de un colapso nervioso. El avaro encontró la manera de evitar el vació por eso retiene y acumula todo cuanto puede. Podríamos decir que el avaro es un tanto egoísta. Pero mientras el egoísta posee un amor excesivo y desordenado hacía su persona que lo hace mirar desmedidamente su propio interés, el avaro tiene miedo a quedarse sin sustento, sin nada, vacío.
Los discípulos dicen a Jesús que despida a la gente porque ya es tarde, y que vayan a las aldeas a comprar para comer.  Al escuchar eso decide darles una lección. ¿Cuál es esa? La enseñanza es que el que comparte se enriquece. Con ello invierte por completo la lógica del avaro que  piensa que «quien guarda siempre tiene».
 Al avaro, en parte, le toca la misma suerte que al Rey Midas; tiene riqueza en abundancia pero sin nadie con quien disfrutarla y se muere de hambre.
La avaricia entendida como el ansia desmedida por poseer y acumular daña las relaciones. Las personas que rodean al avaro llegan a sentir que se encuentran en un segundo escalón de importancia con respecto a los bienes que posee. El avaro construye un  vínculo muy sutil con los bienes que posee de manera tal que detecta inmediatamente cuando alguien o algo pueden estar atentando a que esa relación prospere.
Sólo con el tiempo, y cuando ya ha perdido lo que realmente alimentaba su vida, el avaro se da cuenta de la pobreza increíble en que vivía. Y como dice aquel viejo dicho; “Éramos tan pobres que sólo teníamos dinero”.
Para Jesús, la verdadera riqueza no depende de lo que acumulamos y retenemos sino en del tiempo que invertimos  para encontrarnos con el otro. Con ese «otro» a quiénes nos enseñó a llamar prójimo y nos dijo que era nuestro hermano.
No debemos quedarnos con la idea de que el avaro sólo acumula dinero y bienes materiales. Eso sería erróneo. El avaro acumula todo lo que él considera es una “riqueza” que el mismo ha forjado, y que no quiere compartir con los demás. El avaro teme perder lo que tiene porque  ha fundado su propio valor en lo que posee.
Los discípulos fueron interpelados hondamente con la lógica evangélica con que responde Jesús. El proceder de los discípulos le hace advertir al Maestro que necesitaban una nueva lección que les permitiera conocer en profundidad el nuevo mensaje. Podríamos incluso formular nosotros de este modo; «La riqueza que alimenta es aquella que brota del compartir con los demás». Cualquier otra riqueza que surja de la mezquindad, de la avaricia, de la corrupción, del halago fácil y cómplice, no sólo destruye las relaciones sino que además mata al ser humano por inanición.
En pocas palabras, la causa de la avaricia que lleva a la persona a acumular y retener no son el dinero ni los bienes materiales en sí mismos, sino la actitud con que las contempla. Es decir, fiarse más de las riquezas que de Dios. De esta desconfianza es la que previene Jesús a sus discípulos.

P. Javier  Rojas sj

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