sábado, 6 de septiembre de 2014


En el famoso dibujo de la serpiente boa que se engulle a un elefante, en la maravillosa obra "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry, el pequeño manifiesta que debe explicar su dibujo a los adultos "porque ellos ven solo un sombrero". Expresa que" los adultos siempre tienen necesidad de explicaciones ya que nunca pueden comprender las cosas por sí solas."
Es que nos vamos haciendo adultos, crecemos y nos volvemos gente "apurada, eficiente, ocupada"...De este modo dejamos de ver lo simple, lo sencillo y, muchas veces, lo evidente. Se nos empaña la visión de tal modo que dejamos de mirar como los niños, con su pureza y su ingenuidad.
Que nuestro ruego de hoy sea este: "Señor, que mi adultez no me arrebate la simplicidad y la espontaneidad de la niñez"

@Ale Vallina

viernes, 5 de septiembre de 2014


¡Yo, pecador Señor!. 
Cuando me encierro en mí, 
no existe nada:
ni tu cielo y tus montes,
tus vientos y tus mares; 
ni tu sol,
ni la lluvia de estrellas.
Ni existen los demás
ni existes Tú,
ni existo yo.
A fuerza de pensarme, me destruyo.
Y una oscura soledad me envuelve,
y no veo nada
y no oigo nada.
Cúrame, Señor, cúrame por dentro,
como a los ciegos, mudos y leprosos,
que te presentaban.
Yo me presento.
Cúrame el corazón, de donde sale,
lo que otros padecen
y donde llevo mudo y reprimido
el amor tuyo, que les debo.
Despiértame, Señor, de este coma profundo,
que es amarme por encima de todo.
Que yo vuelva a ver (Lc 18, 41)
a verte, a verles,
a ver tus cosas
a ver tu vida,
a ver tus hijos....
Y que empiece a hablar,
como los niños,
balbuceando ,
las dos palabras más redondas
de la vida: ¡Padre Nuestro!.

Ignacio Iglesias sj

miércoles, 3 de septiembre de 2014


María anuda nuestra esperanza
al proyecto del Padre.
Danos firmeza y hasta tozudez
para seguir adelante.
Llena nuestros corazones
de la esperanza que libera
para vivir el amor solidario.
Lo que se espera
se consigue con esfuerzo,
con trabajo y con la vida.
Nos confiamos en tus manos
para que nos hagas
fuertes en la fe,
comprometidos en la solidaridad
y firmes, muy firmes,
en la esperanza del Reino.
Marcelo A. Murúa ( de María de la Esperanza)
María de Nazareth
madre de nuestro Señor,
compañera de nuestras marchas,
ven a visitarnos, quédate con nosotros.
Te necesitamos, madre buena,
vivimos tiempos difíciles,
atravesamos bajones,
tenemos caídas, nos agarra la flojera,
nos inmoviliza la apatía,
nos da rabia la solidez de la injusticia.
María, virgen de la Esperanza,
contágianos tu fuerza,
acércanos el Espíritu que llena tu vida,
ayúdanos a vivir con alegría,
a pesar de las pruebas
y de las cruces que encontramos
en el seguimiento de tu Hijo.
[...]
Marcelo Murúa

martes, 2 de septiembre de 2014

He conocido a demasiadas personas, cristianas o no, que han perdido la confianza en sí mismas y están aprisionadas en sentimientos de tristeza y sentimientos de culpa. Es como si tuvieran enormes barreras en torno a sí. Son hombres y mujeres que no creen en verdad que Dios les ama. Cuando la primera cosa que Cristo nos dice es: Tú eres precioso, tienes un valor, eres importante.
Anthony de Mello sj
Nos hacemos personas maravillosas cuando damos lo que podemos dar: una sonrisa, un apretón de manos, un beso, un abrazo, una palabra de amor, un regalo, una parte de nuestra vida... o toda ella.
Henri J. M. Nouwen

lunes, 1 de septiembre de 2014



Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas donde me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo. Esta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. Cristo esta conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña”.
San Juan Crisóstomo, Homilía antes de partir al destierro.

domingo, 31 de agosto de 2014


« En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». Entonces dijo a los discípulos: «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta».


                   Mt 16, 21-27

Evagrio Póntico, conocido monje y asceta cristiano del s. IV, se hizo conocido por medio de los libros del monje benedictino Anselm Grün. Evagrio, siguiendo a Orígenes, utilizaba la palabra pensamiento para referirse al demonio.
Orígenes en su comentario a Mt 15, 19 se expresa así: «La fuente y el principio de todo pecado son los malos pensamientos». Evagrio enumera ocho malos pensamientos que son: gula, lujuria, avaricia, tristeza, cólera, acedía, vanagloria y orgullo. Y se refiere a ellos indistintamente a veces llamándolo pensamiento y otras   demonio, o los identifica según el vicio.
Con el tiempo y con ligeras variantes llegaremos a conocer a estos pensamientos o demonios como pecados capitales. Evagrio había iniciado el camino en materia de discernimiento de pensamientos. Su perspicacia psicológica sigue asombrando aún en nuestros días.
San Gregorio Magno hizo algunas transformaciones importantes en la serie, que conoció a través de Juan Casiano. En el siglo XIII se fija la lista definitiva de los siete pecados capitales, que, con ciertos cambios, ha llegado hasta nosotros.
Para Evagrio existen dos fuentes distintas de tentación según el género de vida: para los que viven en el mundo, el origen son los objetos; para los monjes cenobitas, la tentación proviene de sus hermanos de hábito más negligentes; en cambio, para los monjes anacoretas, la fuente de pecado suele ser los pensamientos.
En la exposición evagriana el proceso de la tentación se inicia con las sensaciones, que producen los deseos de poseer un objeto. La sensación tiene para Evagrio un significado diferente al nuestro. Para él es el recuerdo de los objetos, que se convierte en una imagen seductora, lo que produce la tentación. Para san Ignacio, el mal espíritu nos tienta proponiendo «placeres aparentes, haciéndonos imaginar deleitaciones y placeres sensuales para conservar y aumentar en sus vicios y pecados» [EE 314].
En el evangelio de hoy contemplamos a Jesús reprendiendo a Pedro porque sus pensamientos no vienen de Dios sino de los hombres. Dentro del marco de pensamiento del discípulo no existía la posibilidad de que el Mesías de Dios tuviera que llegar a la muerte.
El apóstol no quiere que Jesús transite por el camino que lo llevará a la cruz. No está dispuesto a que el enviado de Dios sea alguien diferente de sus pensamientos o de como él lo imaginó. Solamente después de la resurrección los esquemas rígidos de pensamientos de los discípulos se quebrarán para dar lugar a un nuevo modo de pensar y vivir. Hasta ese momento todos lo abandonarán y Judas lo entregará creyendo que en realidad no puede ser el Mesías alguien que quebranta el sábado, que come con pecadores, que es amigo de prostitutas, etc.
El inconveniente de Pedro, al igual que el nuestro, es que en ocasiones no examinamos adecuadamente nuestros pensamientos, nuestros sentimientos para conocer su procedencia ni para saber hacia dónde nos conducen. Nos dejamos arrastrar por ellos sin más. Creemos que todo lo que nuestros pensamientos dibujan en nuestra mente es la realidad y la verdad absoluta. Damos credibilidad a lo que tiene cierta lógica sin percatarnos si los presupuestos son verdaderos o falsos.
Con demasiada frecuencia vivimos absortos en nuestros pensamientos. Inmersos en el océano de nuestra imaginación creyendo que es real lo que en realidad es producto de nuestra fantasía.
Junto a nuestros pensamientos existe siempre un sentimiento, y viceversa. Cuando sentimos algo o tenemos alguna sensación, inmediatamente nuestra mente elabora un pensamiento o proyecta un posible escenario que nos permite anticipar lo que pudiera suceder. Pero no siempre es verdad todo lo que nuestra mente dice.
Si no examinamos nuestros pensamientos y sentimientos para conocer qué lo motiva o quién los causa, viviremos sujetos a la inconsciencia, al parecer, a la fantasía, creyendo que es verdad todo lo que nuestra imaginación elabora.  Por eso la insistencia que encontramos en las escrituras de «examinar», «vigilar», los pensamientos a fin de conocer de qué espíritu proceden. (Cf. 1Jn 4, 1; 1Tes 5, 21).
Cuando somos conscientes de nuestros pensamientos, de su variedad, como así también de la diversidad de los sentimientos que experimentamos somos más libres para actuar. De esta manera es como evitamos prolongar la inmadura actitud de «decir todo lo que pensamos» sin examinar cuidadosamente nuestros pensamientos antes de hablar o de «hacer lo primero que sentimos», sin conocer ni examinar los sentimientos que experimentamos.  
Jesús reprende a Pedro exigiéndole madurez. Le pide que sea consciente, que conozca sus pensamientos, que examine sus sentimientos para estar alerta y no sucumbir ante las tentaciones.
Pidamos a Dios, que nos conceda la gracia de vivir conscientemente. De aprender a conocer y examinar el mundo de nuestros pensamientos y sentimientos, a fin de ser libres para obrar con madurez espiritual y psicológica.  




P. Javier  Rojas sj

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