sábado, 18 de octubre de 2014

ENTRE CONSERVADORES Y PROGRESISTAS...

¿Cómo comprender ciertas actitudes dentro de la Iglesia?
Los últimos debates sobre el Sínodo de las familias han hecho florecer algunas actitudes entres los creyentes que vale la pena tener en cuenta para ver qué hay detrás de las trincheras que se arman. ¿Cuál es la actitud que se percibe entre "conservadores" y "progresistas"? ¿Cuál sería una actitud posiblemente más apropiada para tratar temas tan importantes?

La fe desde una actitud conservadora

Diseñemos en modo general y algo irónico algunos de los rasgos de esta mentalidad. Hay un principio básico respecto de la fe para alguien que se comprende como conservador: ¿por qué hay que cambiar? Su conflicto es con el cambio, con lo que evoluciona, con lo que se mueve dentro de la realidad. Ha comprendido que la religión es un bloque que se acata o se deja, pero que no hay medias tintas. Para él la fe es un conjunto de verdades “eternas” que cayeron del cielo y que no tienen por qué ser cuestionadas. Descubrió que así es más fácil creer y sostener su fe. Para un pensamiento conservador Jesucristo trajo verdades que cumplir, en vez de encontrar que es Él la Verdad de la vida. Hay un clericalismo arraigado en lo que dicen los curas y los obispos, por lo tanto le resulta más accesible medir su fe más con un catecismo que con el Evangelio mismo, y necesita fundamentar sus convicciones con citas textuales de la Biblia, como si fuera una especie de “diccionario de inequívocos”. En fin, teme que le cambien lo que cree.
La actitud conservadora está relacionada a una psicología del cumplimiento a las leyes religiosas y esto la hace digna de pertenencia. Se siente justificada por las leyes y la doblega la culpa y el remordimiento insano cuando no logra cumplir alguna. Por eso en este esquema sí o sí, no hay margen para los “incumplidores”. Como yo cumplo, los demás también deben hacerlo.
La actitud conservadora gusta de las formas y la pulcritud ritual porque allí encuentra la realización de una realidad “supranatural”. Por ejemplo, le indigna que los demás no se arrodillen en la consagración o que alguien tome la eucaristía con la mano, o que el sacerdote sea amigo de gente “pecadora”, o que tal o cual no cumpla y participe igualmente. En verdad lo que sucede es que la persona con una actitud conservadora como se siente justa y buena, el Mal Espíritu la hace erigirse en “juez” de los demás. Dado que le cuesta aceptar el cambio y la evolución de la fe en su propio desarrollo personal, le resulta aún más difícil las nuevas manifestaciones espirituales que presentan los contextos actuales. Claro testimonio de esto es que se escandalicen con aquellas cosas que parecen inaceptables como la bondad de los homosexuales o la compasión con los desechados socialmente, y no con la corrupción política o la exclusión, por ejemplo. En este sentido la actitud conservadora desconoce un poco la compasión porque en su psicología le es imposible aceptar el error y el perdón de sí mismo, porque siente que no se equivoca tanto como aquéllos.
Pero la dificultad más grande que sufre una actitud conservadora es la de espiritualizar la realidad para que no le haga daño. Entonces no la mira como un desafío en el cual encontrar a Dios caminando entre la multitud, sino como una amenaza que le acecha su modo comprenderlo, asesinado por todos los malos de este mundo decadente y pecador. Por eso sobrevalora sentimientos como paz y tranquilidad. De allí que su deseo de justicia sea la de la justicia retributiva que aparece en el Antiguo Testamento donde los malos recibirán males y los buenos bendiciones por sus actos en esta vida. En definitiva siente miedo ante “el juicio divino del que nadie se salva”. Se trata, a grandes rasgos, de una actitud religiosa un poco infantil pasados los 25 años.

La fe desde una actitud progresista

En cambio, y como reacción, la actitud progresista quiere eliminar toda rigidez y probablemente termina del otro lado de la trinchera. La actitud progresista ha superado su miedo a la ley al cuestionarla. Se liberó de ciertas ataduras y descubrió que en verdad no pasaba nada, que Dios no se regía según nuestros parámetros. Sucedió que el Mal Espíritu la llevó a despreciar a los que necesitan de normas para vivir su religiosidad. La puso del otro lado para que la división haga su trabajo de destrucción.
La actitud progresista quiere romper con los modelos tradicionales para que en el “shock” se produzca la luz de la conciencia, se develen algunas falsedades que cubrían lo que había creído siempre y todos se den cuenta de que a Dios no le interesan nuestros méritos de buena gente, sino que hagamos lo que él hizo, anunciar el Reino de Dios y trabajar por un mundo más justo. Esta es la bandera de Jesús, entonces para qué tanta regla si hay gente que nunca podría cumplir con ella porque vive en la miseria. Hay que rescatar al mundo. La propuesta progresista se envalentona entonces con la justicia que brota de una fe comprendida como fuerza innovadora que está en constante movimiento hacia Dios y se descarrila adueñándose del proyecto de Dios.
Se nota un rechazo de toda estructura institucional porque es dominadora de los más débiles, por eso se cuestiona cualquier autoridad. (El problema es que la historia muchas veces le da la razón). Si bien es un rasgo adulto regirse por la primacía de la conciencia personal, la dificultad viene cuando dicha visión de la realidad y la fe, se convierten, como en la personalidad conservadora, en juez sobreponiendo su conciencia a la de los demás. Entonces, la compasión y la solidaridad son con los desposeídos y débiles de este mundo, pero nunca con los que no entienden las cosas como ellos. He aquí la contradicción. 
Lo ritual en la mentalidad progresista es visto como pérdida de tiempo muchas veces, por eso necesitan todo el tiempo “innovar” para que la celebración sea más afectiva y menos distante. De ahí brotan con frecuencia excesos litúrgicos que finalmente separan, tanto como el exceso ritual conservador, la mística de la comunión universal con Jesucristo. Se trata entonces, de una actitud un poco adolescente pasados los 25 años.

¿Cuál sería la actitud madura de la fe?

Ante esta dialéctica, esbozada un poco a modo de caricatura, no cabe más que esperar la superación de ambas actitudes. De tal manera que se pueda acertar en una vivencia madura de la relación con Dios y la complejidad del mundo.
Una actitud madura encuentra que la realidad está habitada por el Espíritu de Dios y no se escandaliza sino sólo con aquello que atenta contra la vida de cualquier criatura. Ha logrado descubrir que la ley es una amiga en la que apoyarse en determinados momentos, pero se rige principalmente por la voz del espíritu que susurra en su conciencia y la invita a discernir siempre.  Por eso, la actitud madura no se casa con ninguna ideología y supera las polaridades meditando en su intimidad qué es lo que está en favor de la vida real habitada por Dios y de los demás. Es una actitud que discierne por eso relativiza lo inmediato y toma distancia para saber que todo le es lícito, pero no todo le es conveniente.
Es una mirada sabia que distingue las dificultades de las posibilidades, que no transa con el error, pero que comprende profundamente a quien se equivoca porque conoce su propia fragilidad, y no podría juzgarlo dado que se siente incapaz.
La actitud madura está abierta a las personalidades y no ve que ninguna sea superior a otra, las encuentra ubicadas en sus múltiples puestos en favor de la existencia humana. Por eso aborrece la división y busca la armonía en el amor más allá de las diferentes opciones que cada uno va tomando en la vida. Comprende, también, de modo equilibrado la necesaria institucionalidad de los grupos humanos. Es una actitud que toma conciencia de las deficiencias que tiene toda realidad, pero no se queja como si fuera imposible vivir con la carencia. La acepta y convive sanamente con la duda y la incertidumbre.  
Ritualmente logra acoger el misterio de la comunicación espiritual que se da en los múltiples símbolos religiosos, en la liturgia celebrada y en el sufrimiento compartido con los más débiles.
Finalmente, el rasgo profético más característico de la actitud madura de un creyente es la confianza. Confía en que es el Dios de la historia el que acompaña al hombre en su camino. Confía en los procesos lentos, amplios, serenos que marcan los hitos en la vida. Confía en el hombre, en su capacidad de pedir perdón, de animarse a ser mejor, en su solidaridad. Confía en que será parte de una historia y no su dueño. Confía en las múltiples manifestaciones de Jesucristo, que vino a rescatar a todo hombre existente sobre la Tierra para llenarlo de vida y felicidad, y cuenta con él para llevarlo a cabo. 
P. E. Sicre sj

viernes, 17 de octubre de 2014

Embriágate dentro del amor, pues el amor es lo mas importante que existe, al menos que hagas del amor tu profesión mas grande, fallaras la prueba cuando venga el Amado.
Rumi
Sólo quien ama entiende que cuanto más grandes somos en la humildad, más cercanos nos hallamos de la verdadera grandeza!... ¡Sólo quien ama sabe dejar paso al sol, y se oculta como la luna!... ¡Sólo quien ama besa con cariño, como Dios, las cosas pequeñas, para que la persona amada pueda encumbrarse a la altura!... ¡Sólo quien ama da gracias a la llama por su luz, y acaricia la lámpara que, en la sombra, sostiene esa llama!... ¡Sólo quien ama prepara en la noche las flores, y deja al día que se lleve el agradecimiento!... ¡Sólo quien ama en silencio logra escuchar las palabras de amor que el mundo entero y la vida le están susurrando incesantemente al oído!... ¡Sólo quien ama, en fin, acepta ser como las estrellas, que no temen parecer en la noche gusanitos de luz, con tal de alumbrar al viajero en su camino.
Rabindranath Tagore

jueves, 16 de octubre de 2014

“Señor, te suplico que apartes de mí cuanto me desgaja,
separa y aleja de Ti, y a Ti de mí.
Aparta de mí lo que me hace mezquino,
lo que me hace seco,
lo que me hace rígido,
torcido, enfermo,
lo que me hace indigno que me visites, me corrijas
y reprendas, de que me hables, de que te comuniques conmigo,
de que me ames y me quieras bien.
Compadécete de mí, Señor,
compadécete siempre de mí
y aparta de mí todos los males que me impide
verte, oírte, gustarte, sentirte, tocarte,
tenerte presente y comenzar a gozar de Ti”.
San Pedro Fabro

Imagen: de izq. a der. San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola y San Pedro Fabro


miércoles, 15 de octubre de 2014


[VIDEO] Hoy la Iglesia celebra a Santa Teresa de Ávila e inicia el Año Jubilar Teresiano

[VIDEO] Hoy la Iglesia celebra a Santa Teresa de Ávila e inicia el Año Jubilar Teresiano
No permitas que nadie te contemple desde "arriba". No hay persona que pueda quitarte la dignidad de hijo de Dios. Eres importante a los ojos del Padre y nadie, por más autoridad que detente, puede despojarte del amor de quien te ha creado.
No miremos a nadie por encima del hombro, pero tampoco consintamos que nos miren con superioridad, porque todos estamos al mismo nivel en el corazón de Dios...
Recuérdalo cada día de tu vida.
@Ale Vallina

martes, 14 de octubre de 2014

Me gustan las flores
que florecen en todos los caminos,
pequeñas flores sin destino.
Me gustan las simples cosas de siempre,
humildes canciones
que empezaron y murieron.
Me gustan los pequeños gestos humanos:
el niño y la niña de la mano, 
el pan por la mañana
y el sol que se cuela en mi ventana.
Me gustan los salmos, las viejas oraciones
y algunas ocasiones de fiesta.
Me gustan los veranos
y la siesta,
las playas soleadas,
las fuertes marejadas
y la altura.
Me gusta esta fuerte nervadura de la vida,
el trabajo y la ternura
y la lucha sostenida codo a codo
por un mundo más humano
para todos.
Me gusta este camino 
y esta tierra
y este tiempo y estos hombres,
mis hermanos.
Me gustan estas manos 
que me diste.
Me gustas Tú, mi Dios, 
que me dijiste
<<ven>>…
Esteban Gumucio 

¿Sabes lo que puedes hacer con la culpa malsana? Esa, que te corroe y te impide descansar adecuadamente. Esa, que te deja extenuado e inquieto. Esa, que te conduce a la desolación en términos de Ignacio, impidiéndote recibir el perdón gratuito de Dios. Según el padre José Antonio García-Monge S.J., la culpa malsana “bloquea los recursos personales para una conversión adecuada”…
Es bien sabido que los gestos externos  contribuyen a dar vida a las conductas internas. Por eso la propuesta es que realices un pequeño ritual. Comienza  escribiendo lo que te inquieta en un papel. Sencillamente vuelcas en él todo aquello que, conscientemente, reconoces como culpa malsana. También tomas en cuenta todo lo que identificas como escrúpulos, que corroen  tu alegría de ser hijo del Padre y que te impiden recibir su perdón.
A continuación, quemas el papel. Entretanto lo haces considera como Dios, mientras el papel se consume,  va sanando esos aspectos de tu vida que necesitan de su Luz y de su Amor.  Luego entierras las cenizas y agradeces por tanto bien que recibes a diario.
Limpia tu alma y vuelve a caminar…

@Ale Vallina
No teman la empresa grande, mirando sus fuerzas pequeñas, pues toda nuestra suficiencia ha de venir del que para esta obra nos llama y nos ha de dar lo que para su servicio nos es necesario... Baste a nosotros hacer según nuestra fragilidad lo que podamos y el resto queramos dejarlo a la Divina Providencia, a quien toca, y cuyo curso no entienden los hombres y por eso a veces se afligen de aquello de que debieran alegrarse.
Ignacio de Loyola

domingo, 12 de octubre de 2014

[...] Los más devotos entienden el banquete del Reino no como la mesa grande donde todos caben, sino como recompensa exclusiva por las novenas ejecutadas con precisión.  Por eso, se observan tantas comunidades que se resisten a abrirse.  El privilegio es exclusivo por esencia.  No les cabe la noción de evangelizar.  Si llegara la multitud, ya no serían los favoritos.

                El católico suele creer que puede espantar la enfermedad, la guerra y las penas de infierno por acumulación de Avemarías.  Es como una cuenta bancaria.  (El departamento de contabilidad celestial tendría que ser enorme.)  Uno va depositando sus beaterías con la esperanza de poder comprarse la salvación al final.  Puede acudir a los santos para préstamos, si les caes bien.

                Las veces que me ha tocado predicar en contra de esta actitud, me miran como si fuera un desquiciado, como si me quisieran decir, obvio que estamos aquí para hacernos los favoritos de Dios; para eso tenemos iglesia. Encuentro francamente supersticioso.  No tolero la beatería barata.  Fue la principal causa de la reforma luterana, además. 

Muchos creen que los curas tienen la obligación de fomentar la beatería, porque de eso viven.  A mí, me mata.  Es una opción religiosa para personas manipuladoras, para gente que pretende obligar al Señor a someterse a su mundana voluntad.  Es un obstáculo al Reino de Dios.

                La versión protestante de este cuento no suele ser tan pagana.  La salvación de los evangélicos no depende de novenas y romerías.  Sin embargo, el favoritismo como fetiche cultural es más rígido y absoluto.  El iracundo todopoderoso de Calvino no cambia nunca de opinión.  Ya predestinó a sus favoritos para la salvación.  Los demás fuimos predestinados (por la irrevocable voluntad divina) a la perdición.  El favor divino no varía, como en el paganismo católico, pero es igualmente arrebatado, despótico e injusto. 

El dios de los puritanos favorece a un grupo selecto por motivos que sólo él sabe.  Odia a los demás.  Sus favorecidos van a la iglesia para convencerse de que ya fueron incluidos en el grupo selecto.  La prosperidad económica es considerada un signo de la elección divina.  Este dios entrega dinero, belleza y poder a sus elegidos, pero abandona al resto.  En esta religión, la extrema riqueza es una manifestación de la voluntad celestial, y no tiene sentido ayudar a los pobres porque su pobreza se entiende un castigo divino. 

Si es así, ¿qué sentido tiene decir que Dios es amor?  Si eso es lo que llaman amor, yo no quiero.  Parece más bien, abuso de poder.  El único Dios que yo he conocido en mi peregrinación invita a un banquete abundante y gratuito.  Convoca a los buenos y a los malos por igual.  Perdona a los pecadores.  Invita a los leprosos, a los hijos pródigos y a las ovejas perdidas.  Lleva a verdes praderas.  Si andas por quebradas oscura, no te abandona.  Nuestro Dios es el Señor del favor universal.  Su misericordia es eterna y su gracia alcanza de generación en generación. 
 Nathan Stone sj

« Jesús respondió y les volvió a hablar en parábolas diciendo:  2 --El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas para su hijo.  3 Envió a sus siervos para llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no querían venir.  4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: "Decid a los invitados: 'He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido matados, y todo está preparado. Venid a las bodas.'"  5 Pero ellos no le hicieron caso y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;  6 y los otros tomaron a sus siervos, los afrentaron y los mataron.  7 El rey se enojó, y enviando sus tropas mató a aquellos asesinos y prendió fuego a su ciudad.  8 Entonces dijo a sus siervos: "El banquete, a la verdad, está preparado, pero los invitados no eran dignos.  9 Id, pues, a las encrucijadas de los caminos y llamad al banquete de bodas a cuantos halléis."  10 Aquellos siervos salieron por los caminos y reunieron a todos los que hallaron, tanto buenos como malos; y el banquete de bodas estuvo lleno de convidados.  11 Pero cuando entró el rey para ver a los convidados y vio allí a un hombre que no llevaba ropa de bodas,  12 le dijo: "Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin llevar ropa de bodas?" Pero él quedó mudo.  13 Entonces el rey dijo a los que servían: "Atadle los pies y las manos y echadle en las tinieblas de afuera." Allí habrá llanto y crujir de dientes;  14 porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.»

                          Mt 22, 1-14



En cada rincón del evangelio resuena ininterrumpidamente el deseo de Dios: ¡Alégrense! Basta con prestar atención a cada palabra y a cada gesto de Jesús para descubrir su deseo de que seamos felices. Esto subyace en todo lo que hace y dice al hombre.
El hombre es liberado, es salvado, es rescatado y es amado por Otro. No se da el ser a sí mismo, sino que lo recibe de Otro. No se basta a sí mismo necesita de Alguien. No se reconoce como tal si no en relación a Otro. No pronuncia palabra si no escucha hablar a Otro. Tal es nuestra referencia a Otro,  que en nuestro interior se libra una de las batallas más larga y constante: la de vivir encerrados en nosotros mismos o la de abrirnos a los demás.
Y precisamente esto es lo que ocurre en todo el evangelio: un Dios que enseña al hombre a salir de sí mismo para ir al encuentro de los demás.
La herida del pecado hace que tengamos arraigados en nosotros la tendencia de centrar toda nuestra existencia en torno a nuestro ombligo como si buscáramos seguir alimentándonos por medio de él. Precisamente en referencia a ello es que se ha acuñado la frase “deja de mirarte el ombligo” es decir deja de estar encorvado sobre ti mismo sin capacidad de mirar hacia adelante.
Las curaciones, los milagros, las enseñanzas, los gestos de Jesús en el evangelio no son otra cosa que mostrar al hombre dónde se encuentra la alegría y dónde su perdición.
En la parábola que acabamos de escuchar Jesús dice que « El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas para su hijo ».En ello podemos entrever la íntima relación que existe entre la alegría y el Reino de los Cielos. Y quien haya participado alguna vez en unas bodas sabe que no sólo se percibe la felicidad de los novios, sino también la alegría de los padres. ¿Por qué se alegran los padres al unísono con la felicidad de los novios? No se debe necesariamente a que en todos los casos los padres estén conformes con la persona que los hijos hayan elegido para contraer matrimonio, o al menos no inmediatamente. Porque casi siempre en el corazón de un padre o madre queda la duda de si esa persona hará feliz a su hijo o hija. La alegría de los padres está en la felicidad del hijo. La felicidad del Padre de la parábola está en la felicidad del Hijo…
Ésta es una nota del Reino de los Cielos: la capacidad de alegrarse con la felicidad del otro, aun cuando la alegría  del otro no esté en consonancia con la situación que estoy viviendo o con los sentimientos que estoy experimentando.
Porque la alegría del otro, y en el caso de esta parábola, en las bodas del hijo hay una invitación a que todos entren al banquete y se dejen contagiar por la alegría…
¿Y qué respuesta encontramos en  los invitados a las bodas? «Pero ellos no le hicieron caso y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio»… Aún no dejo de sorprenderme de la gente que ha hecho alianza con la tristeza y se empecina caprichosamente por encorvarse sobre sus propios problemas…
Es admirable la capacidad que podemos desarrollar al pasar largas horas cavilando en pensamientos que destilan amargura y resentimiento. Todos sabemos que la alegría en este mundo no será completa, pero no podemos olvidar y dejar de lado esas pequeñas y preciosas manifestaciones de alegría de las que podemos nutrirnos o de las que podemos contagiarnos.
Aprender a alegrarse con la felicidad del otro es una cualidad del Reino de los Cielos. Quien aprenda y desarrolle esa capacidad de salir de los propios pozos de amargura, al que solemos tirarnos muchas veces cuando la realidad no se adecúa a nuestros proyectos y fantasías estará cada vez más cerca de ser ciudadano del Reino de los cielos.
He escuchado decir muchas veces que a los amigos los encontramos en los momentos difíciles, pero yo creo que este pensamiento es incompleto. Los verdaderos amigos se alegran con tu alegría, estallan de gozo con tu felicidad y se emocionan con tus logros… Mostrar pena y compasión por otro cuando se encuentra en situación desfavorable es fácil. Pero alegrarse al mismo nivel, por la felicidad del otro eso requiere  un corazón grande y humilde.
Por ello el Reino de los Cielos es semejante a las bodas que aquel Rey preparó en honor de su hijo porque para entrar hay que ser capaz de  salir de sí mismo para entrar en el gozo de otro.
Antes de terminar quisiera compartir con ustedes este pensamiento de José Luis Martín Descalzo «Una buena sonrisa es más un arte que una herencia. Algo que hay que construir pacientemente, laboriosamente, con equilibrio interior, con paz en el alma, con un amor sin fronteras. La gente que ama mucho sonríe fácilmente, porque la sonrisa es, ante todo, una gran fidelidad a sí mismo. Un amargado jamás sabrá sonreír. Menos, un orgulloso»
Pidamos a Dios la gracia de cultivar la alegría como la “vestimenta” adecuada para participar del banquete de la Eucaristía.



P. Javier  Rojas sj

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