sábado, 1 de noviembre de 2014

En el recuerdo de nuestros santos, y de nuestros difuntos...
La última palabra:
Después de la nada última, 
del silencio y del fracaso, 
de la sentencia cumplida,
de que la tierra se cerrase
sobre los restos de un sueño.
Después de la injusticia
y el abandono.
Después de la quietud,
de la muerte y el último frío…
…un soplo, un aliento, algo.
La Vida, irreverente
y poderosa,
la Luz, eterna,
una Fuerza imparable,
Dios mismo
de otro modo.
El juicio humano revocado
la tierra, abierta
y en ella,
el germen de un árbol
sin serpiente.
Late, al fin,
en el culmen de la historia,
un fuego
que nada podrá apagar.
Ahora y siempre.
José Mª Rodríguez Olaizola, sj
Fuente: Rezando voy

viernes, 31 de octubre de 2014

Los hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.
Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Que hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?
La muerte es una puerta que traspasa cada persona en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?
Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido”
¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de la muerte? ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco creyentes y también increyentes?
A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos encontrar una esperanza.
A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y nuestra invocación humilde a Dios:
“Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nosotros no te hemos sabido querer. Un día nos volveremos a ver”.

José Antonio Pagola

jueves, 30 de octubre de 2014

No es bueno vivir corriendo de "aquí para allá". Te vuelves esclavo de un tirano reloj, y dejas de prestar atención a lo verdaderamente importante. 
Los días pasan raudamente, descansas poco, trabajas de más...y vas adquiriendo la apariencia de una máquina obediente, que culmina deteriorada y averiada...
Es momento de detenerte. Plantarte frente a las prisas y demandas de este mundo exitista, y poner los puntos sobre las íes. Si el trabajo y las corridas cotidianas, te roban la sonrisa, te alejan de los amigos y de la familia, te impiden descansar bien y descuidar la oración...es que no estás haciendo las cosas bien.
Detente. Toma distancia, y admira la vida sin urgencias. 
Calidad, no cantidad...Repítelo hasta que lo entiendas...
@Ale Vallina 

Axel - Celebra La Vida

miércoles, 29 de octubre de 2014


En la superficie, podemos sentir cansancio, ira, desgano o tristeza.
Pero en el santuario del alma, siempre habita la alegría de sabernos hijos de Dios.
Conéctate con esa alegría, y disfruta de este maravilloso día...
@Ale Vallina

martes, 28 de octubre de 2014

La constatación de la realidad me dice, cuando paseo por las calles de mi ciudad y veo las ofertas “religiosas y espirituales” que se hacen y, también, cuando oigo los discursos y las propuestas que hace gente que ha pertenecido a la Iglesia y han sido seguidores de Jesús de Nazaret, que algo no hemos hecho del todo bien en el cuidado del crecimiento y del despliegue de las posibilidades de la persona, o así lo perciben las personas que fueron o vivieron en un ambiente creyente. Parece que dentro de la Iglesia no se puede crecer como personas. Muchas veces se presenta no sólo a la Iglesia, no sólo a Dios, sino a la misma religión, tome la forma que tome, enemiga de lo humano: más castrante que estimulante; más portadora de muerte que suscitadora de vida.
Esto lo podemos sanar y regenerar desde la propuesta del mismo Jesús, no tenemos que acudir a nadie más: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Esta propuesta tiene resonancias trinitarias: amar al Padre por sí y en sí; amar al Hijo, en el cuidado y compromiso con todo prójimo, sobre todo si está en necesidad; amar al Espíritu Santo que nos habita, hemos sido constituidos templo suyo por el bautismo: amar al Espíritu, amándonos.
En esto se podría aplicar aquello de que “lo que Dios ha unido, que no lo separe la persona humana”: amor a Dios-amor al prójimo-amor a uno mismo: ¡¡inseparables!!
Angel María Ipiña, csv
Gracias por ser tan vasto y tan sencillo
por ser tan claro y tan completo
por ser tan cierto y tanto amor.
Ernesto Langer Moreno
Somos peregrinos en esta tierra. Caminantes de caminos llanos a veces, y empinados y escarpados, otras. No hay vida de senderos tranquilos siempre. Como tampoco el camino ha de ser siempre "cuesta arriba".
Habrá momentos de calma, y otros de tensión. Los habrá de sonrisas y serena alegría, como así también de convulsión, desconcierto y dudas
Lo importante es vivir. Avanzar. Y nunca quedarnos a mitad de camino.
No podremos agregar tiempo a nuestra vida. Pero, sí podemos colmar de vida nuestro tiempo.
Que así sea.

@ Ale Vallina

lunes, 27 de octubre de 2014


Muy mal se ha entendido aquello de “odiar o despreciar la propia vida”, porque nadie que se odie a sí mismo ni se desprecie, puede amar a otro. Porque el amor verdadero surge desde lo profundo del ser y no de una “idea bonita”. 
P. Javier Rojas sj
El amor al prójimo es la manera más concreta de “retribuir” a Dios su amor. El servicio al prójimo no es la búsqueda de amor sino respuesta de amor. No debo servir a los pobres o ser solidarios con los más necesitados para sentirme bien o útil. No voy hacia ellos a buscar que me “suban la autoestima”. El prójimo no es objeto. Es el hermano. Y amar al prójimo es reconocer y apreciar, valorar y maravillarse ante la obra creadora de Dios. En el prójimo, nuestro amor a Dios es auténtico.
P. Javier Rojas sj

domingo, 26 de octubre de 2014

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, 
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 
"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?". 
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. 
Este es el más grande y el primer mandamiento. 
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas". 

Mateo 22,34-40. 

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