viernes, 7 de noviembre de 2014

No es cuestión de regodearse en el dolor, ni de permanecer allí atenazados y mustios. Pero sí es importante reconocer en  el dolor, a un gran maestro.
En ocasiones, la desolación golpea a nuestra puerta  desestabilizándonos y confundiéndonos. Las horas amargas   parecen eternas y nos dejan exhaustos. Sin embargo no son infértiles, ya que suelen traernos enseñanzas que de otro modo no registraríamos
El dolor nos enseña a "soltar", a "no controlar", a ser "solidarios y empáticos", a “crecer” como personas y a “cambiar”.
Las crisis, las enfermedades, las heridas pueden ser las instancias, que nuestro espíritu necesitaba para su evolución y madurez. Sin embargo, ¡qué duro es transitar el dolor! ¡Y qué paradoja es reconocer que  en  las crisis es cuando más aprendemos!
Lo importante es no anestesiar el dolor, no bloquearlo (aunque sea la tentación inmediata). Atravesarlo, como si fuera nuestro Huerto de los Olivos.  No resistirse a los sentimientos de tristeza y, aunque sea muy  fuerte, sabernos en un pozo… Dejar fluir la furia, el desgarramiento interno, el temor y la angustia…
Si hacemos este camino de aceptación del dolor, y logramos completar el duelo, si lloramos todas las lágrimas que necesitamos  para limpiar el alma, si nos abandonándonos en Dios, aunque despotriquemos por las circunstancias, si buscamos las ayudas humanas y no las rechazamos…  la paz llegará. Más tarde o más temprano…
Confiemos en que el Señor enjugará nuestras lágrimas y atravesará con nosotros las oscuras quebradas, insuflándonos las fuerzas para levantarnos y seguir adelante.

@Ale Vallina

jueves, 6 de noviembre de 2014



No me dejes anhelar la salvación lleno de miedo e inquietud, sino desear la paciencia necesaria para conquistar mi libertad. Concédeme no ser un cobarde, experimentar Tu misericordia sólo en mi éxito; pero déjame sentir que Tu mano me sostiene en mi fracaso.

Rabindranath Tagore

34 Los ojos de una persona con como una lámpara que alumbra su cuerpo. Por eso, si miras con ojos sinceros y amables, la luz entrará en su vida. Pero si sus ojos son envidiosos y orgullosos, vivirán en completa oscuridad. 35 Así que, tengan cuidado, no dejen que se apague la luz de su vida. 36 Si todo su cuerpo está iluminado, y no hay en él ninguna parte oscura, entonces la vida de ustedes alumbrará en todos lados, como cuando una lámpara los ilumina con su luz.
Lc 11, 34-36

miércoles, 5 de noviembre de 2014

" El aborto nunca es solución"

" El aborto nunca es solución"
La Vida es un Derecho Humano Fundamental
Ante la posibilidad del tratamiento en el Congreso Nacional de proyectos que buscan despenalizar el aborto, queremos recordar y poner al servicio de toda la comunidad, especialmente al Poder Legislativo, las últimas reflexiones que hemos formulado sobre este tema.
“En continuidad con las enseñanzas de Jesús, sostenemos el valor de toda vida humana, pero nos sentimos especialmente llamados a cuidar y promover la vida frágil, expuesta o en riesgo. Por eso nos preocupa especialmente una de las etapas de mayor fragilidad, la del comienzo de la vida”(1) .
“Sabemos, porque la ciencia así lo demuestra, que la vida humana comienza desde el momento de la concepción, en la que se configura un ser humano nuevo, único e irrepetible”(2). “Queremos afirmar con claridad: cuando una mujer está embarazada, no hablamos de una vida sino de dos, la de la madre y la de su hijo o hija en gestación. Ambas deben ser preservadas y respetadas. La biología manifiesta de modo contundente a través del ADN, que desde el momento de la concepción existe una nueva vida humana que ha de ser tutelada jurídicamente. El derecho a la vida es el derecho humano fundamental"(3).
“Nuestro país tiene una sabia y humanista tradición jurídica de protección de la vida humana desde la fecundación. Esta protección, lejos de ser expresión de una visión religiosa, es manifestación del respeto que merece cada vida humana y que está en la base del funcionamiento del sistema de derechos humanos”(4). Esto ha sido ratificado recientemente por la sanción del nuevo Código Civil y Comercial al expresar que “la existencia de la persona humana comienza desde la concepción”(5).
“Una decisión legislativa que favoreciera la despenalización del aborto tendría consecuencias jurídicas, culturales y éticas. Las leyes van configurando la cultura de los pueblos y una legislación que no protege la vida favorece una cultura de la muerte. La ley, en cuanto base de un ordenamiento jurídico, tiene un sentido pedagógico para la vida de la sociedad”(6).
Recordamos también las expresiones del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno (…) Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o «modernizaciones». No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”(7).
Invocamos la asistencia de Dios para que nos ilumine y nos ayude a acoger con grandeza de corazón toda vida humana. Que María Santísima, nuestra Madre de Luján, nos acompañe en este momento que hace a la cultura de la vida en nuestra Patria.
Comisión Ejecutiva
Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 4 de noviembre de 2014

martes, 4 de noviembre de 2014

“Madre, quiero ser pobre,
abandonarme en las manos del Padre totalmente,
darle todo mi ser, mi vida,
mis proyectos y mis sueños.
Madre, quiero seguir tus pasos,
decir junto a vos
<<Aquí estoy Señor contigo,
para hacer tu voluntad>>.
Ayúdame a entregarme
(aunque mi entrega me conduzca a la cruz)
y a vivir la pobreza
como protesta ante la injusticia
y como solidaria entrega decidida
a Cristo en los demás.
Madre, quiero servir junto a vos.
Hay hermanos que nos necesitan,
les hace falta compañía,
una palabra, techo, pan, trabajo digno,
justicia, libertad, igualdad.
Madre, ayúdame a descubrir
el rostro pobre de tu hijo
en los chicos de la calle,
en los indígenas despojados,
en los marginados y vagabundos,
en los obreros sin trabajo,
en los jóvenes drogadictos,
en los enfermos de Sida discriminados,
en las niñas-jóvenes, madres solteras,
y en tantos otros que a diario claman
¡Dignidad, respeto, fraternidad!
 Madre quiero servir junto a vos,
cantar contigo al Dios que libera y da la vida.
Acompañarte hoy por esta América sufrida
del lado de los que sufren,
de los que piden,
de los que esperan
y de los que trabajan
por un mundo más humano y más hermano
asentado en la justicia y el amor,
no en las leyes del mercado.
Madre de los pobres.
Muéstranos el camino del Reino,
fortalece nuestras opciones ,
acrecienta nuestra esperanza,
sostén nuestras comunidades en marcha
para que nuestras vidas
sean testimonio transparente
de nuestra fe
en el Dios de la Vida”.
Marcelo A. Murúa

Jesús sana los corazones heridos. Jesús acompaña en las horas de desconsuelo. Jesús asiste a los que caen, e  impulsa a levantarse a los que experimentan que sus fuerzas flaquean. Jesús abraza a los que están necesitados de afecto. 
Jesús tiene palabras de Vida Eterna...
Prueba de cerrar tus ojos y sentir el abrazo cariñoso de Jesús. Advierte como su calidez te aquieta y serena, y como ese abrazo te acompaña durante toda la jornada.
Recuerda que lo "esencial es invisible a los ojos", y que el abrazo de Jesús es esencial para caminar nuestra vida. Sin Él los días son grises. Con Él, todo brilla...
@Ale Vallina 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Dios dirigió a nuestro mundo su última, más profunda, más hermosa palabra, en la Palabra hecha carne. Y esta palabra dice: te amo a ti; a ti mundo; a ti, ser humano. Estoy aquí: estoy contigo. Soy tu vida. Soy tu tiempo. Lloro tus lágrimas. Soy tu alegría. No tengas miedo. Si no sabes cómo seguir adelante, Yo estoy contigo. Estoy en tu miseria y en tu muerte, pues hoy he empezado a vivir y a morir contigo. Yo estoy en tu vida. Te prometo: tu meta es la vida. También para ti se abre la puerta.
 Karl Rahner
Gentileza: Viñetas de Buigle

domingo, 2 de noviembre de 2014



« Pero el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado. 2 Encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro, 3 y cuando entraron, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes. 5 Estando ellas aterrorizadas e inclinados sus rostros a tierra, ellos les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?  6 “No está aquí, sino que ha resucitado. Acuérdense cómo les habló cuando estaba aún en Galilea,  7 diciendo que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitar.” 8 Entonces ellas se acordaron de Sus palabras».


Lc 24, 1-8

Todos sabemos desde muy temprano que hemos de morir. Pero vivimos como si la muerte no fuera con nosotros. Nos parece natural que mueran os demás, incluso esos seres queridos cuya desaparición nos apenará profundamente. Pero nos cuesta “imaginar” que también nosotros moriremos. No negamos con nuestra cabeza que algún día lejano e incierto será así. Es otra cosa. El prestigioso psiquiatra Carlos Castilla del Pino dice que se trata de una singular “negación emocional” que nos permite vivir y proyectar el futuro como si, de hecho, no fuéramos a morir nunca.
Sin embargo, el desarrollo de la medicina moderna está provocando cada vez más situaciones e personas que se ven obligadas a vivir la experiencia de saber que, en un plazo más o menos breve, van a vivir su propia muerte. Cualquiera de nosotros puede sufrir hoy una intervención “de vida o muerte” o verse sometido a los tratamientos de una enfermedad terminal.
Las reacciones pueden ser diversas. Es normal que de pronto se despierte el miedo. La persona se siente “atrapada”. Impotente ante un mal que puede acabar con su vida. En seguida comienzan a brotar preguntas inquietantes: ¿He de morir ya? ¿Cuándo y cómo será? ¿Qué sentiré en esos momentos? ¿Qué sucederá después? ¿Terminará todo con la muerte? ¿Será verdad que me encontraré con Dios?
Estas preguntas, planteadas desde una actitud de angustia reprimida o formulada una y otra vez en lo secreto de uno mismo no hacen bien. La postura ha de ser otra. Es el momento de vivir más intensamente que nunca el regalo de cada día. Es ahora cuando se puede vivir con más verdad y también con más amor. Sin perder la confianza en Dios, comunicándonos con la persona amiga, colaborando con los médicos para vivir con dignidad y no sufrir mucho.
El doctor Reil, eminente médico del pasado siglo, decía que  los incurables pierden la vida pero no la esperanza. Pero, ¿esperanza en qué? ¿Esperanza en quién? (…) Una esperanza secreta que no se orienta hacia este mundo ni hacia las cosas de esta vida, sino que tiende hacia algo indeterminado y apunta a la vida como aspiración firme y segura del ser humano.
El incurable creyente confía todo este anhelo de vida en manos de Dios. Todo lo demás se hace secundario. No importan los errores pasados, la infidelidad o la vida mediocre. Ahora solo cuenta la bondad y la fuerza salvadora de Dios. Por eso, de su corazón brota una oración semejante a la del malhechor moribundo en la cruz: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Una oración que es invocación confiada, petición de perdón y, sobre todo, acto de fe vida en un Dios Salvador.

P. José Antonio Pagola


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