sábado, 22 de noviembre de 2014

Feliz día de la música!
Feliz día a todas las Cecilias!
Dios nos regaló la música, Dios nos regaló los oídos para escucharla, Dios nos regaló las manos para ejecutarla, Dios nos regaló el corazón para gozarla, nos regaló los pies para bailarla, nos regaló es espíritu para elevarnos a Él a través de ella...
Feliz día amigos músicos. Gracias por escuchar a Dios y regalarnos arte.
@Ale Vallina


http://youtu.be/hOA-2hl1Vbc

viernes, 21 de noviembre de 2014

Jesús es llamado Emmanuel, que quiere decir "Dios con nosotros". La gran paradoja de la vida de Jesús es que Él, cuyas palabras y obras  en modo alguno estaban influídas por las críticas o las alabanzas humanas, sino que dependían completamente de la voluntad de Dios, está más <con> nosotros que ningún otro ser humano. 
La compasión de Jesús, su profundo sentirse con nosotros, es posible porque su vida no está guiada por el respeto humano, sino únicamente por el amor de su Padre celestial. Efectivamente, Jesús es libre de amarnos porque no depende de nuestro amor.
HENRY NOUWEN
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!
Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas.
Tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros.
Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata.
¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca!
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón.
Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.
Salmo 118

jueves, 20 de noviembre de 2014

Desata mis manos y libera mi corazón de su indolencia. Libérame de la pereza que se disfraza de actividad cuando no se me pide ser activo, y de la cobardía que se empeña en acciones inútiles para escapar de las que le son costosas.
Dame, por el contrario, la fuerza para empeñarme en servirte en paz y silencio. Dame la humildad en que reside el único descanso, y libérame del orgullo, que es la más pesada de las cargas. Que todo mi corazón y toda mi alma se vean penetrados por la simplicidad de tu amor. Llena toda mi vida del único pensamiento y del único deseo de ese amor.
Thomas Merton
La libertad personal se reconquista desde el interior de uno mismo palmo a palmo. El silencio es atmósfera imprescindible para soldar fracturas de personas descoyuntadas entre decisiones y contradicciones. La extroversión hecha hábito, hace que dé miedo y vértigo el vacío del silencio y se rebuscan dosis de ruido y acción, como el drogadicto las busca de droga. Nos debe mover la voluntad de ser libres y de experimentar esta libertad. Es necesaria la familiaridad con el silencio de la contemplación para alcanzar amor, para ser apóstol capaz de acoger, educar y redimir a las personas.
Pedro Arrupe sj

miércoles, 19 de noviembre de 2014

martes, 18 de noviembre de 2014

Papa Francisco: Cuando la conversión llega a los bolsillos es segura

Papa Francisco: Cuando la conversión llega a los bolsillos es segura
Señor de la luz que no decae!
Queremos exhumarte en la profundidad de nuestra herida historia, en sus cicatrices que no dejamos de tocar para incendiarnos los dedos, y saber curar la miseria y la costra de indignidad que se nos queda pegada...
Que nos lamentemos de no hacer lo suficiente, de no compartir lo que somos, de no compadecer con nuestra frágil promesa de hacernos y ser en verdad hermanas, hermanos y madres...
Xavier Quinzá Lleó

lunes, 17 de noviembre de 2014

Solemos encontrarnos con algunas personas con una autoestima tan lastimada y vulnerada, que se han convencido a sí mismos de que no poseen dones ni talentos para desarrollar y compartir. Son personas sufrientes  que se auto valoran incapaces, disminuidas o ineptas. Se consideran, como reza el refrán: “el último orejón del tarro”, comparándose  constantemente con gente, a la que consideran con más competencias y méritos.
De más está  decir que Dios no se equivoca nunca, y aunque nos cueste comprenderlo es una verdad indiscutible.  Él, el Perfecto, ha depositado semillas y brotes de talentos en todos sus hijos, en un acto de amor sin límites. Dios confía en que los hemos de desarrollar para nuestro bien y el de los hermanos.
Así que amigo/a, mírate con dulzura. Reconoce tus cualidades y el infinito amor que Dios confió a tu corazón. Una manera de cooperar con los planes del Padre para este mundo, es reconocer, agradecer, cuidar y compartir tus talentos. Que son muchos, con seguridad. Ni lo dudes.
@Ale Vallina
¿Cómo hacer fructificar los dones-talentos que recibimos? En primer lugar, cuidándolos, lo cual no quiere decir, guardarlos para nosotros solos o enterrarlos como hace el tercer empleado de la parábola. 
Al contrario, el camino es compartirlos, visibilizarlos. Es nuestra vida la que se convierte en evangélica y la que va dando fruto, en ocasiones más de lo que creemos. Intentar vivir desde el Evangelio, aunque nos quedemos a medio camino. Eso sí, huyendo de la “ética de mínimos” que se está instalando entre nosotros, la del “no hago mal a nadie”. No es suficiente. Hay que hacer el bien. No caer en el “cansancio de los buenos”, de los que hablaba el beato Pablo VI.Los talentos los tenemos que hacer fructificar en nuestro mundo. Hoy se celebra el “Día internacional de la tolerancia”. Podemos pensar que la tolerancia se identifica con que “cada uno haga lo que le dé la
gana”. Sabemos adónde nos lleva ese planteamiento a la larga, a la “tolerancia cero”. Hoy tenemos que pensar en cuáles son los colectivos que sufren intolerancia en nuestro mundo.
Vuelvo a repetir algo que decía el domingo pasado. ¡Ojalá no hiciera falta recordarlo! Cientos de millones de cristianas y cristianos quisieran poder vivir y celebrar su fe. No pueden. En muchos países
los cristianos son perseguidos por el hecho de serlo. Es el grupo humano más perseguido en el siglo XXI. ¿Cuántos colectivos de defensa de los Derechos Humanos recordarán a las personas que están condenadas a muerte por no renunciar a su fe? ¿Cuántos cristianos los tendremos presentes hoy?
Si venimos a nuestro entorno más cercano, la llamada “civilización occidental”, nos ocurre algo parecido. ¿Tolerancia? Sí, menos con lo religioso. Lo vemos con frecuencia: amparándose en que
vivimos en sociedades laicas algunas personas entienden que es lícito arremeter sin compasión contra los sentimientos religiosos de una parte de la población, da lo mismo que sea mayoritaria o minoritaria, porque los derechos no se basan en la estadística. Ejemplos los tenemos todos los días.
Los talentos los tenemos que hacer fructificar en nuestra Iglesia. Buen día para recordarlo, hoy que celebramos el día de la Iglesia diocesana: “Comparte tu parte. Colabora con tu parroquia”. De nuevo, el planteamiento no puede ser primariamente economicista, la aportación económica. Nuestra mejor aportación siempre suele ser el recurso humano que somos cada uno de nosotros. ¿Qué puedo hacer yo?
Mucho. En ocasiones algo tan sencillo como apoyar con nuestra presencia aquello que se organiza en la parroquia o diócesis: retiros, conferencias, grupos para compartir la fe,… Si mi colaboración puede ser más activa, tanto mejor. Cada uno tiene que ver qué puede aportar.
Si se pueda resumir en una frase el mensaje del evangelio de hoy: no enterrar el don que somos.
P. Ángel María Ipiña csv

domingo, 16 de noviembre de 2014

«Perderse por muy poco»

« 14 ``Porque el reino de los cielos es como un hombre que al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes.  15 ``Y a uno le dio cinco talentos 16 ``El que había recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. 17 ``Asimismo el que había recibido los dos talentos ganó otros dos. 18 ``Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. 19 ``Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.20 ``Y llegando el que había recibido los cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: `Señor, usted me entregó cinco talentos; mire, he ganado otros cinco talentos.' 21 ``Su señor le dijo: `Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.' 22 ``Llegando también el de los dos talentos, dijo: `Señor, usted me entregó dos talentos; mire, he ganado otros dos talentos.' 23 ``Su señor le dijo: `Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.' 24 ``Pero llegando también el que había recibido un talento  25 y tuve miedo, y fui y escondí su talento en la tierra; mire, aquí tiene lo que es suyo.' 26 ``Pero su señor le dijo: `Siervo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27 `Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses.  28 `Por tanto, quítenle el talento y dénselo al que tiene los diez talentos.»

Mt 25, 14-30

  
«El tiempo corre» y ¿Yo?

El tiempo pasa de prisa. Los cambios se dan tan velozmente que apenas son perceptibles. Los hijos crecen, los padres envejecen, nuestros seres queridos parten. Las relaciones se rompen, los vínculos se restablecen. Lo esperado por fin llega, y lo que no imaginamos sucede. Lo que nunca buscamos acontece y lo que queríamos evitar, termina sucediendo. El tiempo corre, y, frente a este panorama ¿cómo estás tú? ¿Dónde te encuentras? ¿Cómo defines el momento que estás viviendo? ¿Tienes conciencia de quién eres? ¿Te conoces? ¿Sabes de lo que eres capaz?
A veces sucede que el alma se paraliza antes tantos cambios exteriores. Decimos con frecuencia «No queda tiempo para nada» o lo que es aún más gracioso «No tengo tiempo». El tiempo no se “tiene”. El tiempo pasa y no se puede retener. No se puede aprisionar ni acorralar el tiempo caprichosamente. El tiempo fluye y si se siente que «no queda tiempo» o no se «tiene tiempo» es porque no se está viviendo. Vivir, no es “estar parado”, sino caminar. No es detenerse, sino aprender a fluir. Animarse a cambiar. Dejase transformar. Renovarse por dentro. Buscar siempre que el alma peregrine hacia ese horizonte donde entrará la paz.
Si la vida se estanca como el agua, se pudre y ya no sirve para refrescar ni para calmar la sed. Y así como el agua que se retiene en un estanque sirve para que las larvas se desarrollen y crezcan… así también una vida que no fluye y no se renueva por dentro, corre del riesgo de ser “incubadora” de sentimientos y emociones que terminan amargando la vida.

Distinguir es propio del hombre sabio

El miedo al riesgo y la desconfianza en uno mismo y por supuesto en Dios, es lo que detiene o estanca una vida. Si bien el miedo no es malo necesariamente, es uno de los sentimientos que necesitan de toda nuestra atención porque con frecuencia nos lleva a confundir prudencia con cobardía.
Hay cosas que son significativas en nuestra vida y que deben permanecer y ser cultivada constantemente, pero también hay cosas que necesitan ser renovadas, cambiadas, transformadas. El miedo y la desconfianza son realidades internas que aprisionan con frecuencia el deseo grande de renovar la vida. Y así como lo esencial debe permanecer en nuestra vida, lo superfluo debe ser cambiando.
Escucho con frecuencia que la gente dice «se ha perdido lo esencial de la vida», pero creo que en realidad lo que hemos hecho es acaparar cosas inútiles. No es que nos falte lo esencial sino que nos sobran cosas inútiles.

Perderse por tan poco

Aquel hombre del evangelio antes de salir de viaje reunió a sus servidores y les encargó sus bienes. A cada uno les dio «según su capacidad» y se marchó. Después de mucho tiempo volvió y les pidió cuentas. Dos de los tres siervos entregaron, duplicado, lo que habían recibido y el último que recibió menos dijo «Señor, yo sé que eres un hombre duro, que quieres cosechar donde no has plantado y recoger donde no has sembrado. Por eso tuve miedo y escondí en tierra tu dinero; aquí tienes lo tuyo» (Mt 24, 24-26)
 El miedo lleva a confundir prudencia con cobardía. Seguridad con desconfianza, custodia con estancamiento.
Cuando leemos que el patrón dice «Quítenle, por eso, el talento y entréguenle al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no tiene se le quietará hasta lo que tiene», solemos pensar «¡Qué injusto!», «¡Pobre hombre, él no quería perder lo que había recibido de su Señor!», «¡El cuido lo que recibió!».
Cuando Jesús encontró a Marta llorando por su hermano Lázaro le dijo «Tu hermano resucitará» y le preguntó «¿crees esto?». Cuando Pedro gritó porque se hundía en el agua, Jesús extendió su mano, lo tomo y le pregunto «¿Por qué dudaste?», Cuando Jesús oyó que dijeron a Jairo «Tu hija ya murió, ¿para qué molestas ahora al maestro?», él dijo a Jairo «No temas, basta que creas»
Y es que el milagro sucederá porque creemos en Él. Lo imposible para el hombre, acontecerá ante sus ojos porque Dios lo hará posible. Él cosechará donde nosotros no hemos sembrado, pero necesita fe de nuestra parte. Necesita confianza, abandono, entrega. Porque creer es arriesgarse, es abandonar las propias seguridades y dar el paso… Es transitar por un camino nuevo, cuando lo viejo todavía no se ha abandonado por completo. Es tener certeza en lo que no se ve. Seguridad en lo que no se tiene. Y confianza en Aquel que llama, que entrega y que pide.
Este es el dilema del servidor que recibió un talento. Si hubiera recibido, 2 o 5 talento como los otros ¿se hubiera arriesgado? No sabemos. Pero lo que sí sabemos es que la confianza en sí mismo y en el Patrón, que «cosecha donde no plantó y recoge donde no sembró», no era fuerte. Le tenía miedo, no amor.

Descubrirse es valorarse

La situación del hombre actual es semejante a este último siervo que por miedo y desconfianza, entierra el talento. Hay gente que piensa «Si yo estuviera en la posición de aquel», «Si tuviera los medios que aquel posee», Si tuviera, si estuviera, si podría, etc., etc., etc., ¡Mentiroso! ¡Cobarde! Igual enterrarías tu talento. Y aún si tuvieras todo, no harías nada…
Tenemos que convencernos a nosotros mismo que «tenemos lo suficiente y lo necesario» para vivir felices. Todo lo que necesitamos no radica en lo que poseemos, sino en lo que llevamos dentro. Tu valor no está en lo que posees, sino en lo que eres. Si no confías en ti y en Dios, jamás descubrirás tus capacidades. Creer que para conseguir mucho hay que tener mucho, en no valorarse lo suficiente.
Dice el evangelio de Mateo, que el Patrón «dio a cada uno según su capacidad» lo cual no significa que el que recibió más tenía más capacidad que el que recibió uno. Esta interpretación es nuestra que identificamos el valor de las personas en relación a lo que tienen. El mensaje del evangelio es más audaz y profundo. Porque el Patrón sabía de las capacidades que cada uno es repartió los talentos. Deseaba que cada uno descubriera por sí mismo de lo que era capaz de conseguir.  Quería que tuvieran confianza en ellos y en la generosidad del patrón. Deseaba que descubrieran la propia riqueza interior en la pobreza de lo tenían. Pero, el servido tuvo miedo y desconfianza. Estaba convencidos de que «un» talento es muy poco y se identificó con lo poco. ¿Cuántas veces nos medimos por lo que poseemos y no por lo que somos! ¡Cuánta riqueza interior nos queda sin descubrir! ¿Qué pobre es nuestra confianza en Dios y en nosotros, creación de sus manos!
Pidamos a Dios, tener una mirada de trascendencia hacia nosotros. Animarnos a  descubrir la propia riqueza interior en la pobreza de lo que tenemos. Reconocer a Dios, en lo profundo de nuestro ser y confiar en Él.



P. Javier  Rojas sj
El asesinato de cinco jesuitas y dos empleadas de la UCA (Universidad Centroamericana, de San Salvador), el 16 de Noviembre de 1989, coincidió, en aquel mismo año y en aquel mismo mes, con la caída del muro de Berlín. Se ha dicho que los acontecimientos de aquel momento histórico, no sólo en Europa sino también en Centroamérica, fueron “la metáfora suprema del triunfo de la libertad”. Y es que, como ha escrito Bertrand de la Grange, corresponsal de Le Monde en la Centroamérrica de aquellos días, el mundo asistió en aquel Noviembre del 89, al “derrumbe del bloque soviético (que) sentenció la lucha armada y aceleró los procesos de paz en Centroamérica”.
La coincidencia (con la pequeña distancia de pocos días) entre los asesinatos de la UCA, en El Salvador, y la caída del Muro, en Berlín, representa las dos caras de la lucha por la conquista de la igualdad y de la libertad, los dos pilares sobre los que se pueden (y se tienen) que edificar los derechos humanos y la paz en el mundo. Por la conquista de este ideal sufrieron y murieron, tanto los que cayeron en el muro de Berlín como los que fueron asesinados en El Salvador.
Por caminos opuestos, y a primera vista contradictorios, unos y otros murieron por la misma causa: la lucha por la libertad y la dignidad. A fin de cuentas, cuando se trata de alcanzar la libertad, lo mismo da que la opresión venga de la derecha o de la izquierda. En un caso y en otro, se les roba a los seres humanos lo más grande que se les puede quitar, su dignidad. Y eso es lo que se les arrebataba tanto a las víctimas apresadas por el Muro de Berlín, como a los cerca de 4.000 salvadoreños que murieron en las dos semanas de combates, entre guerrilleros, soldados y población civil, a partir del 11 de Noviembre del 89.
Se ha dicho que aquello fue la ofensiva que abrió la posibilidad de la paz, al dejar patente que la guerra no se podía decidir militarmente. En esta coyuntura, el 15 de Noviembre, fue cuando el Estado Mayor del ejército salvadoreño decidió eliminar a los “reconocidos líderes” que le estorbaban en su proyecto de seguir dominando al pueblo. En la madrugada del día 16, fueron asesinados los mártires de la UCA.
La enseñanza, que nos deja patente todo esto, es un hecho que da mucho que pensar: por el camino de la represión y la dominación, lo que hacemos es levantar muros y fronteras que nos dividen, nos separan y nos alejan. Sin embargo, por el camino de los que dan la vida porque no soportan la desigualdad y la falta de libertad, lo que hacemos es dar pasos de gigante hacia un mundo en el que será posible vivir en paz.
Por esto puedo asegurar que me produce una tristeza inmensa la postura ignorante y fanática de quienes se empeñan en seguir diciendo que, desde Mons. Romero hasta los jesuitas de la UCA, todos los que lucharon y murieron en Centroamérica, por el ideal de una sociedad más justa, más libre y más igualitaria, no eran sino militantes políticos de izquierdas que pretendían imponer un sistema de dominación totalitaria. ¿No se dan cuenta, quienes echan mano de ese vulgar lenguaje de tópicos manidos, que todo aquel proceso de Centroamérica ocurrió precisamente cuando se estaba hundiendo el Muro que separaba a los dos bloques, y que representaba el final de la guerra fría y del sistema totalitario impuesto por el comunismo?
Así las cosas, ¿se puede asegurar tranquilamente que Ignacio Ellacuría y los otros jesuitas (como los campesinos del Mozote y tantos miles de muertos de aquellos meses en El Salvador) fueron “los huérfanos del Muro”? A quienes se atrevan a tomar en serio semejante cuestión, yo les pregunto: ¿Y qué decimos de los que murieron por hundir para siempre el Muro de Berlín? ¿Fueron estos también enemigos de la justicia y de la libertad?
No hay cosa que me dé más pena que la gente que no piensa, porque es incapaz de pensar. Quienes piensan siempre lo que piensan otros, ésos son los que viven siempre a merced de lo que interesa a otros, no de los que les conviene a ellos. Y esto, ahora más que nunca, abunda demasiado para desgracia de todos.
De Ignacio Ellacuría, y de aquellos jesuitas, me impresiona su libertad y su coherencia. Yo mismo lo vi y lo palpé con mis manos y mis ojos, cuando, poco después de la muerte de aquellos mártires, tuve la enorme suerte de poder irme a la UCA, para echar una mano - durante 16 años - en la terea de cubrir el inmenso vacío que habían dejado aquellos testigos de sus más profundas convicciones, las convicciones del Evangelio, la forma de vida que quedó trazada en el “recuerdo peligroso” de Jesús.
José María Castillo

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