sábado, 13 de diciembre de 2014


«El acompañante espiritual no puede decirme cuál es la voluntad de Dios para mí. Lo único que puede hacer es animarme a reflexionar por mí mismo sobre lo que con­cuerda conmigo. Y puede abrirme los ojos para descubrir por mí mismo lo que Dios quiere de mí.
Hoy existe en muchas personas una necesidad de acompañamiento espiritual. Constituye para muchos un buen camino para emprender la búsqueda de Dios y de la propia verdad. Pero para ello se requiere que los acompa­ñantes espirituales -mujeres y varones- posean una sensi­ble capacidad de percepción de los enredados caminos de Dios con los hombres y un buen conocimiento de su propia alma y del alma de las personas a las que acompañan.»

Anselm Grün

jueves, 11 de diciembre de 2014


«Antes de parapetarnos en argumentos teológicos, debemos buscar con toda hu­mildad y «sencillez de corazón» un camino que nos permi­ta tratarnos los unos a los otros con sumo respeto, prote­gernos y soportarnos los unos a los otros, crear un espacio de cobijo y acogimiento y practicar otras formas de conducta tal como hoy es habitual en muchas empresas.
Muchos cristianos sufren porque el clima de la Iglesia es a veces tan gélido como en las empresas. Si no vivimos ninguna de las formas de la convi­vencia humana, si no se hace visible y perceptible ningún signo de aprecio, entonces no debe extrañarnos que los hombres emigren de la Iglesia.
De ahí que tenga tanta importancia el trabajo de rela­ción en las comunidades. La Iglesia se compone, por su­puesto, de personas falibles. Nunca llegaremos a ser una comunidad ideal. Tampoco Jesús contaba con ello. Pero que en medio de la fragilidad de la comunidad humana se haga visible algo del espíritu de Dios, esto es lo que anhe­lan los hombres de nuestro tiempo.»


Anselm Grün

miércoles, 10 de diciembre de 2014


«El espíritu de Dios quiere ser experimentado. Quiere mostrarse en nosotros, para que en nosotros le conozcan los hombres. La gente percibe si nos situamos nosotros mismos en el centro o si somos transparentes para algo que es mayor que nosotros.

Se trata de una cuestión de irradiación. Irradiar a Dios significa difundir paz, indulgencia, amplitud, libertad, quietud y amor. Si los hombres perciben todo esto en nosotros, entonces también podemos hablar de Dios de manera adecuada. Pero sin esta irradiación, el discurso sobre Dios es simple teoría. Y con mucha frecuencia se reduce a pura porfía.»

Anselm Grün

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