miércoles, 14 de enero de 2015

Son pobres y sufrientes del gran continente asiático los que mueven hoy a Francisco a desinstalarse para salir y encontrarse con ellos, en el séptimo viaje apostólico, ahora en Sri Lanka y Filipinas.
Sri Lanka es un país profundamente ensangrentado y herido por una larguísima guerra civil de 30 años. Aunque en Sri Lanka los cristianos católicos son minoría, la Iglesia tiene un rol fundamental en el proceso de reconciliación, porque entre los católicos hay tanto de la etnia tamil como de la etnia cingalesa protagonistas del conflicto. En este marco el encuentro interreligioso con el Papa, con presencia de representantes de las mayorías budistas e hinduistas del país, como también de las minorías islámicas y cristianas, resulta fundamental para el diálogo, la reconciliación y la reconstrucción necesarias. El Vicario de Cristo afirmó que las religiones deben condenar la violencia, que “por el bien de la paz, no se debe permitir que las creencias religiosas sean abusadas por causa de la violencia y de la guerra”. Y pidió acercarse “con el bálsamo curativo de la solidaridad fraterna” a cuantos anhelan una palabra de consuelo y esperanza, pensando en «tantas familias que han siguen llorando a sus seres queridos».
Por otra parte, en esta salida misionera Francisco responde a la insistencia de los obispos desde Filipinas -el gran país católico del Asia- de ser confortados por el mismo Papa, a un año del enorme y trágico tifón Yolanda, considerado uno de los peores de la historia, que dejo más de 8 mil muertos, 500 mil casas destruidas y 15 millones de damnificados. Se prevé aquí un fuerte llamado del Papa a la cercanía y servicio a los pobres.
La reedición del Evangelio que el Obispo de Roma realiza en la plaza de San Pedro, haciendo presente a Jesucristo y la ternura de su misericordia con sus gestos de cercanía y sus palabras de esperanza, se desplaza en estos días a Sri Lanka y Filipinas, donde el Papa continúa invitando a los sufrientes a la alegría del encuentro con Jesús, tocándolo en la carne herida del hermano que está peor que yo. Es un mensaje del Pastor también para vos y para mí, a hacer lo mismo por los que sufren, para el encuentro, la reconciliación, la paz, la alegría, ahí donde cada uno está.
Guillermo Ortiz SJ (de RADIO VATICANA)

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