jueves, 13 de agosto de 2015

No hay nada que reemplace el encuentro personal de dos o más seres que deciden acercarse. Miradas que se cruzan, dedos que se entrelazan, un abrazo cálido que reconforta el alma…
Sin embargo el ajetreo de la vida moderna, con sus horarios acotados, sus tiranías y sus arbitrariedades; las distancias que alejan y también ciertos hábitos individualistas de la posmodernidad que nos  repliegan sobre nosotros mismos,imposibilitan, en ocasiones, los encuentros cara a cara. 
En estos casos, las nuevas tecnologías rápidas y veloces, que conectan en segundos a personas que se encuentran en las antípodas del planeta, o quizá, a unas cuadras de distancia, pueden colaborar y propiciar los acercamientos entre las personas. 
Lo importante es el buen uso que se haga de estos avances tecnológicos. Si mi día a día transcurre frente a la computadora o el móvil, sin mirar a mis hijos cuando me hablan, sin contestar a mi esposo o amigos cuando esperan una respuesta de mí, algo muy grave está pasando. Si el celular que suena estridentemente interrumpe cada día la cena familiar o la conversación entre amigos hay necesidad imperiosa de poner en su real lugar algunas cosas…
La contra cara de esta situación, es cuánta alegría ha provocado en tantas personas el poder conocer a sus hijos, nietos o sobrinos vía internet; o el poder compartir fotos o mensajes instantáneos, en tiempo real, con quienes se hallan a miles de kilómetros de casa…
Ignacio de Loyola hace referencia en sus Ejercicios Espirituales al  principio del “tanto-cuanto”. Nos dice Ignacio: "El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es creado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe privarse de ellas, cuanto para ello le impiden…”[EE23]
Las cosas nos son malas o buenas en sí mismas, sino en relación al uso, mal uso  o abuso que hacemos de ellas. Llevado esto a la vida cotidiana y corriente, podemos interpelarnos  con sincero interés por  encontrar una honesta respuesta: ¿cómo usamos todo lo creado y que está a nuestra disposición?, ¿cómo nos relacionamos con los avances tecnológicos que tienen esa paradoja de “acercarnos y alejarnos a la vez”?
Germán Mazuelo lo dice de este modo: “Cuántos seres, objetos y personas ha colocado Dios en nuestro camino. ¿Cómo los usamos?, ¿para provecho eterno, o desaprovechando sus posibilidades?”
Para meditar…
@Ale Vallina

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