sábado, 28 de febrero de 2015

Orientaciones para que sigamos viviendo bien la Cuaresma:

* Despréndete de tanta palabrería y llénate de la Palabra de Dios.
* Abona tu fe con una participación frecuente en la Eucaristía y con la escucha diaria de la Palabra.
* Vive estos días con sobriedad, compartiendo tus bienes con quien los necesita.
* Busca insistentemente un espacio de silencio y ora.
* Piensa quién necesita tu comprensión o tu perdón.
* Busca la paz. Trabaja por ella en todos tus ambientes.
* Si hace tiempo que no celebras el sacramento del Perdón, hazlo para experimentar la alegría de la misericordia.
* Comprométete más eficazmente en la transformación del mundo.
P. Francesc Mulet Ruíz

viernes, 27 de febrero de 2015

La Cuaresma, como tiempo que Dios nos ofrece, es un tiempo de gracia y misericordia, de cambio y arreglo, de proyectos e ilusiones; un tiempo de llamada a una tarea apasionante: la de recomponernos nosotros mismos, la de encontrarnos con la profundidad de nuestra persona en toda su dimensión humana y trascendente, la de llenar de sentido nuestra vida implicándonos en la construcción de una nueva sociedad en un mundo nuevo. Y todo eso por pura gracia.
P. Francesc Mulet Ruís
Señor, ¿quién puede habitar en tu presencia?
Quien actúa con honradez
y practica la justicia
Quien tiene intenciones rectas
y no calumnia con su palabra
Quien no hace mal a su prójimo
ni calumnia al vecino,
quien es capaz de denunciar la injusticia
y valorar la misericordia.
Quien no explota a los otros,
ni acepta sobornos contra el inocente
Quien tiende su mano al que lo necesita
quien se estremece ante el mal que destruye,
mutila, excluye y abandona.
Quien vive agradecido por las oportunidades
y consciente de lo que puede hacer
por tu reino en este mundo.
Quien ama, sin límites…
Quien así obra nunca fallará…
Adaptación salmo 14

jueves, 26 de febrero de 2015

En algún momento necesitamos enfrentarnos a la pregunta ¿estoy dispuesto a ser amado por quién soy?  Porque si no lo estamos no podemos pretender ser amados, sino solo necesitados. Es preciso dejar de ser “algo” que complace y satisface anhelos ajenos para vivir con autenticidad. ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué deseo? ¿Cuál es mi destino y misión en la vida? Son cuestionamientos que sólo yo puedo responder. 
Urge dejar de encarnar “vidas, proyectos y sueños ajenos” para asumir la propia vida con valentía, confianza, fe y esperanza en Dios. Necesitamos forjar la propia historia, con sus luchas, asumir los propios errores y aciertos y, celebrar junto a los que nos aman de verdad, las propias conquistas. Nuestra vida no estará completa hasta que no hayamos encontrado alguien a quién amar y nos ame con el misterio que realmente soy.
P. Javier Rojas sj
Cada uno de nosotros si hemos emprendido concienzudamente el viaje hacia nuestro interior de la mano de Jesús, podemos llegar a conocer (al menos parcialmente) cual es nuestro talón de Aquiles o, dicho de otro modo, aquél lugar por donde el “mal espíritu” se nos cuela hasta hacernos trastabillar.
San Ignacio nos advierte sobre la lucha que se libra en nuestro interior. Los ejercicios espirituales nos van enseñando a distinguir qué espíritu nos mueve, el bueno o el malo, para poder discernir conforme al espíritu de Dios. Aprender a reconocer con que tretas o argumentos nos induce el mal espíritu para poder “rechazarlo”, y cuáles son las mociones del buen espíritu, para poder “recibirlas”.
Siempre, o al menos la mayor parte de las veces, será ese talón de Aquiles, el lugar por donde el enemigo de la naturaleza humana (otro término que usa Ignacio para llamar al mal) intentará desviarnos del camino hacia Dios.
Por eso es bueno reflexionar por dónde crees que el mal espíritu se cuela en tu vida. ¿Será acaso por tus deseos desmedidos de éxito y de reconocimiento? ¿Será tu flojera, tu ánimo pesimista, tu soberbia?
Como podrás ver, discernir no es nada fácil. Tampoco es elegir entre algo bueno o algo mal. Se trata de elegir entre dos cosas buenas, la “mejor”, siendo permeables a la voluntad de Dios…
Pidamos la gracia de conocer los engaños y tretas del enemigo y elegir siempre conforme al Señor. Dejarnos guiar por el Espíritu (en realidad “la" Espíritu, pues la Ruah que es el soplo de Dios, es femenino) que siempre nos coloca al servicio del Reino y de su justicia.
@Ale Vallina

miércoles, 25 de febrero de 2015


El Señor te custodia y te da sombra, 
está siempre a tu diestra:
durante el día, el sol no te maltratará
ni la luna de noche.
Te preserva el Señor de cualquier mal
y protege tu vida;
Él te cuida al salir y al regresar,
ahora y para siempre.
Salmo 121, 5 - 8

martes, 24 de febrero de 2015


No hay oración más sencilla ni más poderosa. A ella no le sobra ni le falta una letra. No le sobra ni le falta un concepto.
La rezamos desde pequeños, a veces de manera automática. Otras veces, saboreamos y meditamos cada una de sus palabras y nos quedamos allí donde sentimos que más nos habla el Señor.
En nuestros momentos de mayor desolación se convierte en el bálsamo que enjuga nuestras lágrimas. Y en los momentos de paz y consolación nos brota el agradecimiento a la vez que la recitamos.
Es la oración de Jesús. Con la que nos enseñó que nos dirigiéramos al Padre. 
Es el mantra que acompaña nuestro andar por esta vida, y el escudo contra el mal y la injusticia. 
Es el ruego esperanzado de quien cree en la promesa de salvación, y la alegría por cobijo de Alguien que nos ama...
@Ale Vallina

lunes, 23 de febrero de 2015

Cristo,
he oído predicar tu Evangelio
a un sacerdote
que vivía el Evangelio.
Los pequeños, los pobres,
quedaron entusiasmados;
los grandes, los ricos,
salieron escandalizados,
y yo pensé que bastaría predicar
sólo un poco el Evangelio
para que los que frecuentan las iglesias
se alejaran de ellas
y para que los que no las frecuentan
las llenaran.
Yo pensé que era una mala señal
para un cristiano
el ser apreciado por la “gente bien”.
Haría falta -creo yo-
que nos señalaran con el dedo
tratándonos de locos y revolucionarios.
Haría falta -creo yo- que nos armasen líos,
que firmasen denuncias contra nosotros,
que intentaran quitarnos de en medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo,
tengo miedo porque sé
que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar,
es todavía fácil no escandalizarse de él,
pero vivirlo...
vivirlo es bien difícil.
Michel Quoist

domingo, 22 de febrero de 2015

LOS SÍMBOLOS EN LA CUARESMA
La ceniza: “Convertíos a mí de todo corazón” (Jl 2,12).
• Expresa la conversión, el deseo de liberarnos del mal: la desunión, la violencia, la insolidaridad, la indiferencia, que hay en nosotros y ponernos en el camino hacia la Pascua.
• Es un gesto de verdad y de súplica ante el Dios de la Vida. Es un signo de comienzo. Con la ceniza comenzamos el camino hacia la Pascua.
• Un signo pedagógico que nos recuerda nuestra condición débil y caduca. Nos pone delante nuestra fragilidad y nuestro pecado para que dejemos a Dios actuar en nosotros, incorporarnos a la resurrección de su Hijo y lavarnos con el agua bautismal de la Pascua.
• Es símbolo de que participamos de la cruz de Cristo, para con El pasar a la Vida. En la vida hay cruz, muerte, renuncia; pero a la vez nos asegura que el camino pascual es dejarse alcanzar por la Vida nueva y Gloriosa del Señor Jesús. De las cenizas Dios saca vida, como el grano de trigo que se hunde en la tierra.
• Un acto que despierta la conciencia de que ser cristiano supone una lucha contra el mal que siempre está al acecho para robarnos la alegría de vivir resucitados.
La Cruz: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo” (Lc 9, 23).
• Símbolo predilecto para representar a Cristo y su misterio de salvación. Símbolo de la nueva alianza realizada en la Pascua de Jesús.
• Ilumina nuestra vida. Nos da esperanza. Nos enseña el camino. Nos asegura la victoria de Cristo. Nos compromete a seguir el mismo estilo de vida de Jesús para llegar a la nueva existencia del resucitado. En la cruz está concentrada la Buena Noticia del Evangelio.
• La señal de la Cruz. Gesto sencillo lleno de significado. Esta señal de la Cruz es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia: al hacer sobre nuestra persona esta señal es como si dijéramos: estoy bautizado, pertenezco a Cristo, El es mi Salvador, la Cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana. Desde el bautismo estamos signados con la Cruz de Cristo como señal de pertenencia, con el compromiso de conocerle y seguirle y como prueba de que Cristo nos fortalece con la señal de su victoria
• Una vida según la Cruz. Cuando colocamos una Cruz en nuestras casas, o la vemos en la Iglesia, o nos hacemos la señal de la Cruz al empezar el día, al salir de casa, al empezar la Eucaristía o al recibir la bendición final, deberíamos dar a nuestro gesto su auténtico sentido. Debería ser un signo de nuestra alegría por sentirnos salvados por Cristo, por pertenecerle desde el Bautismo. Un signo de victoria y de gloria: como cristianos nos “gloriamos en la Cruz de Nuestro Señor Jesús” (Ga 6,14). Y nos dejamos abarcar, consagrar y bendecir por ella. La imagen o señal de la Cruz repetida quiere ser un compromiso: indicarnos el camino “pascual” de muerte y resurrección, que recorrió ya Cristo, y que nos invita ahora a nosotros a recorrer.
• Nos invita a escuchar y asimilar un mensaje de salvación y esperanza, de muerte y resurrección, de vida cristiana entendida como servicio.
• Nos recuerda a todos los que sufren en nuestro mundo. Cristo en la Cruz es como el portavoz de todos los que lloran y sufren, a la vez que es la garantía y la proclama de victoria para todos.
El Ayuno solidario: “Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán” (Mt 9, 15).
• Es una voz profética para recordarnos que todo es bueno, pero relativo, que los valores materiales no son absolutos, que los valores sobrenaturales hay que cuidarlos.
• Nos hace libres. Optar en contra de la espiral consumística que la sociedad de hoy nos está imponiendo. Nos enseña a sentir en nosotros mismos la debilidad de los que se ven obligados a ayunar por necesidad todo el año.
• Nos enseña misericordia. Nos convierte en más transparentes y disponibles para los demás, menos llenos de nosotros. Nos educa el egoísmo y la autosuficiencia y a abrirnos más a Dios y a los hermanos.
• Signo sacramental de nuestra entrada en la Vida de Pascua. El misterio que celebramos es Muerte y Resurrección. Por eso nuestra sintonía con él es también muerte, renuncia, ayuno, sacrificio, y resurrección, aceptación de la nueva vida. Se convierte en signo exterior de nuestra conversión, símbolo de nuestra lucha contra el mal y el pecado, de nuestra aceptación a incorporarnos a la Cruz de Cristo y a su Vida Pascual.
• Ayunar con alegría. Muchas personas ayunan por distintos motivos: para estar en forma, por prescripción médica, por sugerencias de espiritualidades orientales, para dar a conocer la decisión de conseguir un objetivo, porque no tienen qué comer.
• Los cristianos realizamos este gesto del ayuno para expresar nuestra voluntad de conversión a la Pascua de Cristo. En medio de una sociedad que estimula al gasto y a la satisfacción de todo tipo, los cristianos hacemos un gesto profético de protesta: el ayuno. Que no consiste tanto en un ejercicio corporal de ascética, sino que quiere ser el lenguaje simbólico de una actitud interior.
• Lo realizamos con alegría, sin alardes de virtud, sin buscar el aplauso y la admiración de los hombres: “cuando ayunéis no os pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan” (Mt 6,16).
• Lo hacemos con una dimensión comunitaria: toda una comunidad parroquial, apostólica, religiosa, o familiar asume un compromiso colectivo de ayuno con consecuencias económicas de ayuda a los más necesitados. Es un gesto que siempre seguirá siendo educador y pedagógico: que a la vez nos ayuda a expresar nuestro control sobre nosotros mismos y a abrirnos a Dios y a nuestros hermanos.
• Ayuno grato a los ojos de Dios. Tiende la mano a tu enemigo. Mantén una atmósfera de paz en tu trabajo y en tu familia. Ten valentía y confiesa tu fe en Cristo cuando sea necesario. Descubre las necesidades de los más próximos. Libérate de algún capricho: alcohol, tabaco, T.V. Busca el silencio.
El camino: “Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme” (Lc 5,27).
• La vida cristiana es seguir a Jesús, es hacer camino. Los primeros cristianos identificaron con frecuencia la fe con el camino (Hch 9,2). Pablo habla de la carrera de un cristiano (Ga 2,2; 5,7; 1 Co 9,24-26).
• La Iglesia peregrina en la tierra, la Iglesia en marcha (LG 9) es la expresión simbólica de un pueblo que persigue una meta y para ello se pone en camino. Como Israel en el A.T. caminó como pueblo hacia la libertad, la Iglesia está siempre en marcha. Las diversas clases de procesiones, peregrinaciones y desplazamientos dentro de las celebraciones en la Cuaresma, son como un símbolo de esta realidad.
• La comunidad: “Sale” de un lugar, abandona una situación y un estilo de vida, se convierte, “camina en unión”, unos con otros en fraternidad, subrayando así la comunitariedad de su camino. Hacia una “meta”, que puede ser un santuario, una iglesia, o el altar para la comunión: siempre un lugar simbólico del misterio cristiano, en un proceso de identificación con lo que éste requiere significar.
• El “marchar”, el caminar en la vida cristiana y más en la celebración, viene a ser una parábola de la Iglesia en camino. Una comunidad escatológica que en cierto modo se trasciende a sí misma y avanza hacia la meta propuesta. Que se siente peregrina, sin afincarse excesivamente ni en un lugar ni en una situación.
• El “Caminar es una expresión de que viajamos con esperanza, con los pies en el “hoy y aquí” y convencidos de la presencia de Cristo en medio de nosotros, compañero de camino, como en Emaús: Cristo es el camino.
Gentileza: CENTRO DE INICIATIVAS DE PASTORAL DE ESPIRITUALIDAD
La cuaresma es tiempo de conversión, tiempo para volver a Dios, tiempo para mirar a Jesús y seguir aprendiendo de él y de su Evangelio. El miércoles de ceniza se nos indicaban tres medios para la conversión: limosna, ayuno y oración.
La limosna se puede identificar con nuestro compromiso con la justicia. Al ayuno le podemos llamar compromiso con el decrecimiento, la renuncia consciente a no consumir más allá de lo estrictamente necesario, para poder asegurar un mundo humanamente sostenible para las generaciones futuras. La oración, ayer como hoy, es una invitación al cultivo de la espiritualidad, experiencia que nos humaniza, porque nos hace ponernos en contacto con el Misterio que nos habita: Dios mismo. Y en Dios, lo único que nos tienta es la Vida.
P. Angel Mª Ipiña Garmendia, csv

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