viernes, 13 de marzo de 2015

Necesitamos recuperar la seguridad interior que nos da la fe y la confianza en Dios. Esta seguridad es fruto de la aceptación de lo que somos y del poder de Dios. Si podemos confiar en lo que Dios hace en nosotros, podremos confiar también en lo que puede hacer en los demás. Pidamos a Dios la gracia de creer en lo que Jesús cree. Si Jesús nos ha llamado a estar en su compañía es porque está seguro de que podemos permanecer junto a Él. Sólo si somos capaces de confiar en nosotros mismos podremos depositar la confianza en Dios.
P. Javier Rojas sj

Papa Francisco propone estas 30 preguntas para un buen examen de conciencia

Papa Francisco propone estas 30 preguntas para un buen examen de conciencia
Papa Francisco: Aniversario de elección
Como aquel día, ‪#‎hace2años‬, Francisco nos pide de nuevo nuestra oración por él y por el mundo. Una oración que se oriente al Dios de la misericordia.
Esa es nuestra invitación de hoy: rezar por el Papa y el mundo.
‪#‎24horasparaelSeñor‬

Gentileza: Jesuitas de España

jueves, 12 de marzo de 2015

Fue Nietzsche, el que dijo aquello de que: "Si quieres volverte sabio, primero tendrás que escuchar a los perros salvajes que ladran en tu sótano". Nosotros, los cristianos, podríamos darle una vuelta más de rosca a esta aseveración, y decir que si deseamos ser la mejor versión de nosotros mismos, y nos urge llevar a la práctica el proyecto que Dios gestó para cada uno de nosotros desde toda la eternidad, deberemos reconocer todo lo inservible, descuidado y dañino que hemos acumulado en nuestro sótano durante largo tiempo. Es evidente a todas luces que, lo que nos resistimos a reconocer, termina enquistándose en nuestra vida, hasta convertirse en una especie de tumor de difícil extracción.
Lo sano no es quedarnos en ese subsuelo atrapados allí para siempre, mirando con ojos agobiados todo el mal cometido. Tampoco regodearnos en la culpa enfermiza y en el desaliento.
Para ayudar a construir el Reino, deberemos “reconstruirnos” primero a nosotros mismos. Esto implica reconocer lo que no está bien, lo que no es agradable a Dios y lo que nos aleja del plan de amor del Padre...
La buena noticia es que estamos a tiempo de ordenar, limpiar y modificar todo aquello que nos impide ser libres, felices, hermanos, amigos, solidarios, honestos, íntegros…
La lista sigue...El tiempo es hoy. Y nuestro compañero es Jesús.
@Ale Vallina.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Romero será beatificado el 23 de mayo :: América :: Religión Digital

Romero será beatificado el 23 de mayo :: América :: Religión Digital
"Dios no se guarda nada; Dios lo da todo. Este es el misterio de la Encarnación. Y éste es también el misterio de la Eucaristía. La Encarnación y la Eucaristía son las dos expresiones del amor inmensamente generoso de Dios. Por eso el sacrificio de la cruz y el sacrificio de la mesa son un mismo sacrificio, una completa autodonación de Dios que llega a toda la humanidad en el tiempo y en el espacio".
Henri Nouwen

lunes, 9 de marzo de 2015

No dejemos que un mal momento destruya nuestra alegría y serenidad. ¿Algo comenzó mal? ¿Nuestras expectativas van por un lado y la realidad parece ir por otro? ¿Los planes se hunden en un mar de incertidumbres?
Es momento de bajar la cabeza con humildad y aceptar que no todo resulta, ni resultará siempre como lo deseamos. Incluso, son esos períodos en los que todo parece contradecir a nuestros deseos y aspiraciones, cuando lo mejor comienza a desplegarse.
Tenemos mucho que aprender de las contrariedades. Recuerda que cada crisis y cada dificultad tienen 3 regalos que aportarnos: una solución, una fecha de caducidad y una gran enseñanza para nuestra vida…

@Ale Vallina

domingo, 8 de marzo de 2015

«Conoce lo que hay en tu corazón»



« Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado». Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará. Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?». Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré». Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues Él conocía lo que hay en el hombre.»
 Jn 2, 13-25

¡Qué misterioso es el corazón del ser humano! Pero más misterioso es la fascinación que despierta querer conocerlo y conquistarlo. La imagen del corazón representa la totalidad de la persona. El centro más íntimo. Allí donde residen los sentimientos, los pensamientos y de donde surgen las decisiones, el motor de nuestra voluntad. Lo que mueve nuestra vida.
 Para la cultura hebrea el corazón es más que el órgano del cuerpo, es el centro de la persona. El corazón representa la totalidad y trascendencia del hombre, y por eso, es el lugar de la morada de Dios. Es el lugar del encuentro, el espacio sagrado, el templo donde Dios y el hombre se encuentran.
Podríamos preguntarnos, ¿Habita Dios en ese lugar destinado para Él? ¿Es el Señor, el rey, el “dueño” de nuestra vida? ¿Es mi corazón el templo donde Él habita?
Juan nos cuenta lo que sucedió aquel día cuando Jesús subió a Jerusalén y encontró la casa de su padre convertida en un mercado. Tal fue su decepción, su sorpresa, incluso dolor, que hizo un látigo con cuerdas y echó a todos del templo.
Sus discípulos tal vez nunca lo vieron así. Ellos explican este comportamiento recurriendo a  las escrituras: «El celo por tu casa me devora».
Hay ocasiones en las que para ordenar nuestro corazón necesitamos hacerlo con mayor determinación. Es verdad que el corazón no se purifica solamente arrancando cizaña como lo recomienda el patrón del campo, sin embargo, hay momentos en nuestra vida en que necesitamos dar un “fuerte golpe de timón” para enderezarla.
Por eso es tan precioso éste tiempo de cuaresma. Es un momento especial para recorrer nuestro templo interior. Sin miedo de lo que podamos encontrar. Sin prisas, la conversión es un proceso en el que Dios nos acompaña. Sin condenar ni reprochar a nadie ni a nosotros mismos. Si no estamos contentos con lo que somos, con el curso que ha tomado nuestra vida, con la situación en la que nos encontramos, no significa que no podremos cambiar o renovarnos interiormente. Contamos con la gracia de Dios para crecer y madurar como personas. Tenemos al Espíritu Santo que nos acompaña y nos ayuda a forjar nuestra vida a semejanza de Jesucristo. Con la gracia de Dios y con nuestra determinación llegaremos a ser hijos en el Hijo. Cuando en nuestro templo interior contamos con la presencia de Jesús, «celoso por la casa de su Padre», existe la posibilidad de que su gracia nos ayude a recuperar siempre la integridad.
Necesitamos animarnos en este tiempo de cuaresma a transitar el espacio de nuestro corazón para comprobar el bello lugar que Dios ha escogido para encontrarse con nosotros. Y si encontramos que se ha convertido en un «mercado» no desesperes, no te asustes, no tomes el látigo de la culpa y de la acusación para castigarte. Más bien anímate a incorporar a tu vida acciones, palabras, sacrificios que fecunden tu vida en el Espíritu. Con lo que decidas llenar tu corazón,  tu templo interior, convertirás tu vida en un instrumento de amor y paz, o será motivo de tropiezo para otros y de dolor para ti. Que el  Señor nos ayude a ordenar el corazón y a disponerlo para que habite en él
P. Javier  Rojas sj

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