viernes, 1 de mayo de 2015


Señor Jesús, tú que nos dijiste que no nos aflijamos por nada, sino que te lo presentemos en oración, hoy te suplico para que yo encuentre un trabajo que realice mi dignidad humana, que me provea lo necesario para mi familia, un trabajo que me lleve a Ti y haga de mi vida un servicio a los demás. Muéstrame como participar de un trabajo que construya una sociedad más justa, más fraterna, más solidaria y honesta. Líbrame de búsquedas egoístas, de aceptar trabajos que me corrompan o corrompan a otros, de buscar empleos que dificulten mi vida familiar y/o de cristiano. Quita de mi toda pereza, todo orgullo o todo otro desorden de mi naturaleza que dificulte la obtención del trabajo. Amén.  

jueves, 30 de abril de 2015

¿Has visto lo irresistibles que son  los rostros serenos y alegres, las personas con conversaciones optimistas y esperanzadas y las que transmiten su alegría, que no depende ni de lo que poseen, ni de lo que pierden?
Posiblemente no podamos ser felices todo el tiempo. La felicidad son momentos, dicen algunos. Pero lo que nos puede asegurar cierta dosis de felicidad, y de esto estoy convencida, es el servicio desinteresado a los demás, y la aceptación y cooperación con lo inevitable.
La felicidad no es un destino, es un camino. Y cada uno de nosotros escribe su propia historia en él.  Recuerda que la vida siempre va hacia adelante…
¿Y entonces con los problemas y tristezas qué hacemos? Saber que van a llegar, reconocer que son parte de la vida, pero no dejar que nos quiten la paz. “Comienza el día con buena cara, que ya habrá tiempo de chupar limones…”
Ama la vida que vives. Y vive la vida que amas. Y no dejes de mirar a lo alto para agradecer…

¡No te rindas!

miércoles, 29 de abril de 2015

Aprender a cerrar ciclos es una de las lecciones más sanas en la que podemos instruirnos en la vida. En ocasiones se trata de una amistad que culmina,  de un trabajo que llega a su fin, de una relación de pareja que se rompe, o tal vez de un proyecto añorado que se trunca. En todos los casos, a  la sensación de pérdida  y de desorientación primeras, le sigue un período de duelo, que puede ser más o menos largo, pero que en algún momento debe terminar.
Para recomenzar, es importante verificar nuestras fuerzas y  comprobar que nuestra voluntad y deseos nos mueven a un nuevo comienzo. La aceptación de lo sucedido- que no es lo mismo que resignación- nos ayudará a crecer como personas y a ganar en sabiduría y en experiencia.
¿Es fácil y sencillo “cerrar ciclos”?. No, no lo es. Pero “crecer” implica  finalizar etapas e inaugurar con esperanzas,  las nuevas oportunidades que llegan a nuestra vida. 
@Ale Vallina

martes, 28 de abril de 2015


Nadie va a exigirte que entregues tu vida muriendo.
Pero, de tu vida solo permanecerá lo que entregues.
No pienses en grandes sacrificios y renuncias.
Date poco a poco en las cosas más sencillas de cada día.
Fray Marcos

domingo, 26 de abril de 2015

Muchas veces los seres humanos criticamos de más. ¿Lo han notado?
Incluso hacemos de la crítica una forma de ver el mundo y la realidad que nos circunda. También, y de esto también debemos hablar, abundan las autocríticas destructivas, que lejos de mejorar una conducta o un hábito poco sano, terminan malográndonos el carácter y destruyendo nuestras posibilidades de transformar lo malo en bueno. 
No es que no haya que hacer una crítica o una valoración sincera a todo aquello que está mal, torcido e injusto…La desigualdad, los atropellos a los más débiles, la carrera armamentista, los narcos y su cultura de la muerte, la violencia y tanto más que nos alejan a unos de otros, merecen de nuestra parte no solamente nuestro repudio, sino nuestra crítica valiente, firme y decidida.
Pero aquí yo hablo de otro tipo de crítica. O mejor dicho, del “criticar por criticar”… Este mal hábito, tan común entre algunas personas, que lleva directamente a vivir desde el malhumor, el pesimismo constante y en ocasiones, desde el no reconocimiento de los logros, las bondades y los méritos que abundan, aunque a veces son imperceptibles, en este mundo un tanto convulsionado.
Tal vez sea hoy el momento oportuno para pasar por un tamiz esa crítica que nos llega a la mente ante una situación determinada, e impedir que transforme en piedra a nuestro corazón…
@Ale Vallina

Cuidar es custodiar


11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.  12 Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.  13 Él huye porque sólo trabaja por el pago y no le importan las ovejas.  14 Yo soy el buen pastor,  y conozco mis ovejas y las mías me conocen,  15 de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas.  16 Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor.  17 Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo.  18 Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre.

Jn 10, 11-18


Cuidar a otros y ayudarlos a crecer, escucharlos, curar sus heridas, atender sus dolores y penas, es una tarea difícil pero también, maravillosa.

Se requiere estar atentos en un tiempo en que vivimos muy dispersos y distraídos. Invertimos tiempo preocupándonos de muchas cosas que en su mayoría son superfluas. Pero a la vez, es maravilloso. Es precioso cuidar y ayudar a otros. Ver crecer y madurar al que tienes cerca. Ser testigo de sus luchas, de sus derrotas y triunfos. Estar atentos y cuidar de los demás nos hace más humanos, y de este modo perfeccionamos la humanidad entera: mejoramos la especie humana.

 Los animales también cuidan de sus crías, las alimentan y defienden, pero sólo el ser humano comprende el valor de lo que significa amar y ser amado, cuidar y ser cuidado, sentirse seguro porque sabe en quién ha depositado su confianza.

No nacemos aprendiendo a cuidar a otros, más bien venimos al mundo desprovisto de todo, y por eso, nos aferramos a la seguridad y protección de quién puede brindarnos contención. No existe poder más destructor para el ser humano que el desamparo y abandono. Negar a alguien seguridad, contención, comprensión, es sinónimo de abandonarlo. Es negarle la vida.

El relato del Buen Pastor nos sitúa en el corazón del evangelio. Nos ubica para comprender mejor la misión que tenemos como discípulos de Jesucristo. El mensaje central de Jesús no es una teoría sobre Dios, sino la manera que tiene Dios de cuidar. Jesús encarnó aquello que el pueblo de Israel cantaba en sus salmos «Es mi fuerza y mi escudo» (Sal 28, 7), «el baluarte donde estamos a salvo» (Sal 18, 2), «es nuestro amparo y fortaleza» (Sal 46, 1).

Es posible que existan en nuestra historia momentos de abandono, rechazo y descuido de parte de quienes debieron darnos cobijo y refugio. Pero Dios, nunca nos ha dejado a la suerte ni nos ha abandonado. Esto es precisamente lo que celebramos hoy: el amor y el cuidado del Buen Pastor. En Jesús reconocemos el corazón de Dios que late diciéndonos «Te conozco, sé quién eres, estoy contigo».

En nuestra vida atravesamos por «quebradas muy oscuras» pero su bastón nos protege (Sal 23), por «áridos valles» que luego se convierten en oasis (Sal 83). Dios cuida de nosotros, de ti y de mí. Estamos al «amparo de sus alas» y nos protege (Sal 91). ¡Dejemos a Dios ser nuestro Pastor!

Cuidar, es custodiar la vida de otro. Asumir con responsabilidad la tarea de enseñar, educar, transmitir valores y principios. Cargar sobre los hombros, como lo hace Buen Pastor con la debilidad de los demás significa haber comprendido profundamente el mensaje del evangelio.

Pidamos a Dios, imitar el corazón del Buen Pastor para no comportarnos como asalariados que ante la dificultad de educar a los demás en el arte de vivir, amar y servir, abandonan la tarea.

  
P. Javier  Rojas sj

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