sábado, 9 de mayo de 2015

Jesús dijo a sus discípulos:
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»
Jn 
15,9-17. 

"Amarnos los unos a los otros como Jesús nos ama” es el mandamiento fundamental de nuestra fe. Lo hemos leído cientos de veces y lo hemos reflexionado otras tantas. Sin embargo, nos basta encender la TV o leer los diarios; o simplemente revisar nuestras conductas habituales a la luz del Espíritu, para percibir qué lejos estamos de este sueño de amor…
La expresión de Jesús: “Como el Padre me ama, así los amo Yo; permanezcan en mi amor” es una de las expresiones más genuinas y bellas sobre el tratamiento que debemos tener unos con otros. A través de ella, Jesús nos sorprende – porque se trata de un amor sin límites- y nos impulsa a la entrega sin mezquindades. Es el encargo de Jesús para vivir como verdaderos hermanos…
Jesús, quien no se reserva nada y se dio hasta el fin nos impulsa a un amor que sana, consuela, une y sirve. Este amor sin medidas, que no acepta condicionamientos ni por el color de la piel, ni por el sexo, el lugar de origen, ni por tantas otras divisiones más, tiene en las palabras del Maestro su culmen en la expresión: “permanezcan en mi amor”. No se trata ya de amar según sus criterios nada más, sino que nos invita a “hacer morada” en la realidad de amar a los demás, sean como sean, y actúen como actúen. “Permanecer” aun cuando todo sea oscuridad y parezca que nada tiene sentido…
En la 1° carta a los Corintios podemos encontrar una serie de pistas sobre cómo debe ser nuestro amor: servicial, sin envidias, un amor que no se irrita y que todo lo perdona. Un amor que se alegra en la verdad y que todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
Es menester que le pidamos a Jesús que nos enseñe a amar a su modo. Sin límites. A donarnos por entero sin hacer distinciones de ningún tipo. Solo un amor así puede salvarnos de la locura, de la violencia y del individualismo. Sabemos que con nuestras propias fuerzas no podemos. Necesitamos de su ayuda para perseverar en este camino generoso, porque si bien es cierto que venimos del Amor… en muchas ocasiones lo olvidamos…
Solo con un corazón renovado por Dios, que muere a los propios caprichos e impulsos egoístas, podremos encarnar este mensaje de Jesús. Pidamos al Señor poder amar como Él nos enseñó y comunicarnos con los hermanos desde un corazón que sirve-amando y ama-sirviendo.
Así sea.
@Ale Vallina

viernes, 8 de mayo de 2015

La capacidad de asombro es un don espiritual.
Es la capacidad de reconocer, apreciar y disfrutar los muchos regalos de Dios --- la belleza y las maravillas de la creación y el misterio del reino de Dios dentro de nosotros y en nuestro entorno.
Sin la capacidad de asombro, una rosa es solamente una planta.  Su aroma, su color y su forma no nos deleitan de manera especial, y mucho menos nos llevan a maravillarnos del hecho de que Dios haya puesto una cosa tan bella en nuestro mundo.
Dios creó todo el mundo --- minerales, plantas, animales y a otros seres humanos --- como un regalo para nosotros.  Sin la capacidad de asombro no podemos ver todo esto como un signo del amor de Dios por nosotros. 
Por Rebekah Rojcewicz
Feliz de ti, María, que creíste al Señor,
se cumplió en tu vida la voluntad de Dios.
Feliz de ti, María, que engendraste al Salvador,
eres aún más dichosa por tu obediencia a Dios.
Nuestra Señora de Luján, Patrona del pueblo argentino, ruega por nosotros...

jueves, 7 de mayo de 2015


Amigo Jesús quiero profundizar mi amistad con Vos. Conocerte más, llenarme de la Vida con mayúsculas que contagias. Aprender a amar según tus criterios, que son los del Padre. 
Deseo atreverme a transmitir palabras de vida eterna. Llevar tu Palabra a todos y recordar a los que se crucen por mi camino que la Vida que nos ofreces, no es una vida de plástico y consumo, ni de individualismo y prejuicios. Tampoco es una vida para caminar solos, sino una invitación para recorrer el sendero de la mano de otros, de unos cuantos. De ser posible, de la mano de todos.
Si solo me limito a decir lo mío sin nombrarte, las palabras suenan huecas y vacías. Porque solo tu voz lo llena todo y tu persona divinamente humana es la que nos revela la verdad por encima de cualquier creencia.
Amigo Jesús tu amor gratuito me llena de felicidad. Confío en que tomada de tu manto aprenderé más rápido a amar a todos, sin excluir a nadie. Sola muchas veces no puedo, pero tras tus huellas y a tu lado todo se vuelve más fácil.
Amigo Jesús, no dejes de llamarme y no aceptes un cómodo no por respuesta…
@Ale Vallina

martes, 5 de mayo de 2015


Movámonos de manera tranquila y confiada; estemos contentos. No intentemos estar demasiado pendientes de nuestro propio movimiento y no pidamos que todo sea seguro. Primero, vivamos en Cristo, totalmente abiertos a su Espíritu, sin preocuparnos de la seguridad institucional, libres de toda preocupación por estructuras ideales que nunca serán construidas, y conformémonos con la Noche Oscura de la fe, la única en la que realmente estamos seguros, porque somos verdaderamente libres.
Thomas Merton
Lucero del alba, luz de mi alma, Santa María. Virgen y Madre, hija del Padre, Santa María. Flor del Espíritu, Madre del Hijo,
Santa María.
Amor maternal del Cristo total, Santa María. Amén. Liturgia de las Horas

domingo, 3 de mayo de 2015

Tenemos que permanecer en Jesús. Acoger su Palabra y confrontarnos con ella, personal y comunitariamente. ¿Cómo era el estilo de Jesús? ¿Cómo era su relación con las personas? ¿Cuáles eran sus preferencias? ¿Qué imagen de Dios transmitía? ¿Al servicio de quién puso la tradición religiosa de su Pueblo? ¿Quién era el absoluto en su vida?
Tenemos que permanecer en Jesús. Frecuentar los sacramentos, también el sacramento del pobre y del empobrecido. La celebración de la Eucaristía tendría que ser como el chute semanal, como la transfusión de la sangre de Jesús que corre por nuestras venas. La Eucaristía es fuente de vida… si le dejamos. Aunque sea percibida como un rito vacío y una celebración tediosa, también para los “de casa”, al interior de la comunidad cristiana, tenemos que permanecer en Jesús…sin Él no podemos hacer nada. Permanecer en Jesús.
P. Angel Mª Ipiña, csv

Blogroll