viernes, 19 de junio de 2015

jueves, 18 de junio de 2015


Padre nuestro que estás en los cielos...

La oración más linda. La oración más sencilla. La oración más profunda. La que nos enseñó Jesús...
En arameo y en español.


ABUNA DI BISHEMAYA
Padre nuestro que estás en el cielo, 
ITQADDASH SHEMAK,

santificado sea tu nombre,
TETE MALKUTAK
venga a nosotros tu reino,
TIT'ABED RE'UTAK
hágase tu voluntad
KEDI BI SHEMAYA KAN BA AR'A
en la tierra como en el cielo.
LAJMANA HAB LANA SEKOM YOM BEYOMA
Danos hoy nuestro pan de cada día,
U SHEBOK LANA JOBEINA
perdona nuestras ofensas
KEDI AF ANAJNA SHEBAKNA LEJEIBINA
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
WEAL TA'ALNA LENISION,
no nos dejes caer en la tentación
ELA PESHINA MIN BISHA.
y líbranos del mal.

miércoles, 17 de junio de 2015

Ciclos que terminan y renacen,
yo aqui, con los pies en la Tierra,
y mi mano sobre mi corazón,
quiero pedir esta vez un solo deseo:
"Que cada cual pueda hallar su Don"
Porque cuando vivimos acorde a aquello
para lo cual hemos venido,
inevitablemente nos volvemos PAZ,
sabemos DAR Y DARNOS AMOR,
que se transforma en FELICIDAD, Y luego SALUD.
Al hallar nuestro DON,
vibramos y resonamos perfectamente afinados
y al unisono en sincronia con el Universo.
Por eso y de corazón, a todos les deseo:
"Sabiduría para hallar su Don,
y Valor para poder ejercerlo como Camino"
Desconocemos el autor

martes, 16 de junio de 2015

Muchos padres se equivocan pretendiendo que sus hijos se parezcan a ellos. Su hijo no tiene que parecerse a nadie, no puede convertirse en la versión mejorada de sus padres. Él debe ser fiel a sí mismos y buscar realizarse al máximo. 
Enseña a tu hijo a ser independiente y a saber elegir. No lo hagas por él.
P. Javier Rojas sj

En realidad somos pequeños. Limitados y pequeños. No alcanzamos a ver todo el camino con claridad. Solo Dios es el que sabe.
De allí que la prudencia y la humildad deben ser una constante en nuestras vidas. Cada vez que consideremos que los logros son nuestros, recordemos que los dones son regalos, que los logros son de Dios y que el éxito no existe...
Como decía mi abuela: "cuando se les suban los humos y se vuelvan engreídos, recuerden que estamos hechos de barro"...
@Ale Vallina

domingo, 14 de junio de 2015

Vivimos ahogados por las malas noticias. Emisoras de radio y televisión, noticiarios y reportajes descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, guerras, hambres y violencias, escándalos grandes y pequeños. Los «vendedores de sensacionalismo» no parecen encontrar otra cosa más notable en nuestro planeta.
La increíble velocidad con que se difunden las noticias nos deja aturdidos y desconcertados. ¿Qué puede hacer uno ante tanto sufrimiento? Cada vez estamos mejor informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos más impotentes para afrontarlo.
La ciencia nos ha querido convencer de que los problemas se pueden resolver con más poder tecnológico, y nos ha lanzado a todos a una gigantesca organización y racionalización de la vida. Pero este poder organizado no está ya en manos de las personas sino en las estructuras. Se ha convertido en «un poder invisible» que se sitúa más allá del alcance de cada individuo.
Entonces, la tentación de inhibirnos es grande. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? ¿No son los dirigentes políticos y religiosos quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia más digna, más humana y dichosa?
No es así. Hay en el evangelio una llamada dirigida a todos, y que consiste en sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no habla de cosas grandes. El reino de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orígenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla más pequeña, pero que está llamado a crecer y fructificar de manera insospechada.
Quizás necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas pequeñas y los pequeños gestos. No nos sentimos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo.
Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien está solo, una señal de cercanía a quien comienza a desesperar, un rayo de pequeña alegría en un corazón agobiado... no son cosas grandes. Son pequeñas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas sencillas y buenas.
José Antonio Pagola

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