viernes, 26 de junio de 2015

“Señor Jesús, tú conoces mi tristeza que ahoga mi corazón y sabes el origen de ella. Hoy me presento ante ti y te pido, Señor, que me ayudes, pues ya no puedo seguir así. Sé que tú me llamas a vivir en paz, con serenidad, gozo y alegría, incluso en medio de las dificultades cotidianas. Por eso hoy te pido que pongas tus benditas manos en las llagas de mi psiquis que me hacen tan sensible a los problemas y me liberes de la tendencia a la tristeza y a la melancolía que anida en mí. Hoy te pido que tu gracia vaya restaurando mi historia, a fin de no vivir esclavizado por el recuerdo amargo de los acontecimientos dolorosos del pasado. Como ellos han pasado, ya no existen, te entrego lo que pasé y lo que pasaron las personas amadas; lo vivido y lo sufrido por nosotros. Quiero perdonarme y perdonar, a fin de que tu gozo comience a fluir en mí. Te entrego las tristezas unidas a las preocupaciones o a los temores del mañana. Ese mañana tampoco ha llegado, por lo tanto sólo existe en mi imaginación. Sólo hoy debo vivir y sólo hoy debo caminar en tu alegría. Aumenta mi confianza en ti, para que aumente en mi alma el regocijo. Tú eres Dios y Señor de la historia y de la vida, de nuestras vidas. Por eso toma mi existencia y la de las personas amadas, con todos nuestros quebrantos, con todas nuestras necesidades y que con la ayuda de tu poderoso amor se desarrolle en nosotros la virtud de la alegría. Amén”.
P. Gustavo Jamut

jueves, 25 de junio de 2015


La felicidad depende del amor. Es el amor el que le da sabor y gusto a la vida. Una inteligencia espiritual habla de gustos, de sabores que permean todo el ser humano, porque pone en contacto con la vida. Porque la razón, aunque esté orgullosa de sus logros, al final no abraza nada de la vida.
Xavier Quinzà Lleó

Al consumidor egocéntrico, egoísta, obsesionado más por la idea de poseer que de ser, esclavo de las necesidades que él mismo crea, insatisfecho y envidioso, y cuya única regla de conducta es la acumulación de beneficios, se opone el hombre servidor, que no aspira a poseer más, sino a ser mejor, a desarrollar su capacidad de servir a los demás en solidaridad y sabe contentarse con lo necesario.
Pedro Arrupe S.J. “Nuestro Servicio para el Mundo de Hoy”. Conferencia en el III Congreso de Religiosos de América del Norte y del Sur. Montreal 21 de noviembre de 1973

miércoles, 24 de junio de 2015

Toma conciencia de tus palabras, de tus gestos, de tu manera de tratar a los demás y fíjate si con ellos transmites amor y esperanza. 
Diles a los que tienes cerca que los amas, y cuando veas que alguien se entristece comunica esperanza. Tiende la mano al que sufre y tiene necesidad de tu apoyo.
P. Javier Rojas sj


martes, 23 de junio de 2015


Espíritu Santo, 
eres viento: 
llévame donde quieras; 
eres brisa: 
déjame respirar lo nuevo; 
eres fuerza: 
levántame del suelo; 
eres vida: 
dame pasión por la vida;
eres alimento: 
nútreme de tu savia; 
eres luz: 
ilumíname con tus rayos; 
eres calor: 
calienta mi existencia; 
eres libertad: 
hazme libre; 
eres fecundidad: 
cúbreme con tu sombra; 
eres agua viva: 
dame de beber; 
eres respuesta: 
dame fuerza para decir sí 
al Padre, 
al Hijo 
y a Ti, Espíritu Santo.
Anónimo
Sin la presencia del Espíritu no hay convicción, ni regeneración, ni santificación, ni limpieza, ni obras aceptables...
W. A. Criswell

lunes, 22 de junio de 2015


Voy aprendiendo poco a poco que la llamada a la gratitud nos pide que digamos: "Todo es gracia". Cuando nuestra gratitud por el pasado es sólo parcial, nuestra esperanza por un futuro nuevo no puede verse nunca cumplida... Si queremos estar de verdad preparados para una nueva tarea en el servicio de Dios, si queremos estar verdaderamente alegres con la perspectiva de una nueva vocación, libres de verdad para ser enviados a una nueva misión, entonces todo nuestro pasado, reunido en la amplitud de un corazón convertido, tiene que convertirse ven la fuente de energía que nos empuja al futuro.
Henri NOUWEN

Siempre nos acecha la tentación de utilizarle a Dios según nuestras necesidades. Una fe adulta, sin embargo, nos pide tomar las riendas de la existencia, hacerle frente al sufrimiento y la injusticia con coraje y confianza. Con coraje, porque la fe no nos exime de nuestra responsabilidad como personas. Con confianza, porque Dios es el que nos sostiene en medio de nuestras dudas y dificultades. 
P, Ángel María Ipiña

domingo, 21 de junio de 2015




Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla". 
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. 
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. 
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. 
Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. 
Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?". 
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?". 
Marcos 4,35-41 

En este evangelio Jesús nos conecta con nuestros  miedos y temores. Los discípulos, ante la tormenta que se desata en medio del mar y dentro de la endeble barcaza, le preguntan impotentes al Maestro: “¿no te importa que nos hundamos?".
Estos hombres temerosos, tal como nos ocurre a nosotros en tantas ocasiones, sintieron que todo iba mal y que se hundían en medio de la furia de la tempestad. No pudieron fiarse ni sus propias fuerzas, ni de las de Aquél que se encontraba a su lado, con ellos, en la misma barca sin abandonarlos.
Muchas veces en nuestras propias vidas, será necesario que salgamos de las zonas seguras,  representada en esta narración por la “orilla conocida” y que debamos lanzarnos mar adentro rumbo a lo nuevo e incierto. Y es en esos momentos de  inquietud y de sospecha por lo que la “otra orilla” pueda depararnos, en los que debemos pedir con perseverancia la gracia de la confianza plena en el Dios que navega junto a nosotros…
Llegar a la otra orilla exige de nuestra parte confianza y compromiso. La otra orilla además, representa el encuentro con los otros, en muchos casos con los más vulnerables y olvidados de nuestro mundo.
Llegar a la otra orilla, haciendo frente a los temores, y saliendo de nuestro confort habitual, nos permite crecer en la entrega y en la misión a la que hemos sido llamados, según nuestros dones particulares.
En suma, llegar a la otra orilla sorteando la tormenta es asirse del que en verdad tiene el poder y la fuerza. Es entregarse a la voluntad de un Dios que no nos abandona y que sortea a nuestro lado cualquier embestida, por dura que esta sea.
Pidamos al Señor la paz y el compromiso necesarios para andar los senderos inciertos sin perdernos en la confusión. Pidámosle también reconocerlo en esos momentos y descansar en su voluntad e infinito amor.

@Ale Vallina

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