sábado, 4 de julio de 2015


Hay tanta belleza en este mundo, y sin embargo a veces  se nos aparece como amargado y mustio. Existe belleza de rostros, de sonrisas, de ojos. Belleza de flores, de libros, de solidaridad. Belleza de puentes, de estrellas, de sol y de luna. Belleza de creatividad y de arte, de corazones palpitantes. Belleza diminuta y gigantesca. Belleza de amantes generosos, de nacimiento y muerte. Belleza de resurrección. Belleza de pruebas superadas, de danzas y de rituales. Belleza de injusticias que se denuncian, y de perdones sinceros con nuevas oportunidades…
Existe belleza de humanidad imperfecta  pero profundamente amada por Dios.
Existe tu belleza naciente cada día, lo creas o no, sin la cual el mundo sería definitivamente menos bello.

@Ale Vallina

viernes, 3 de julio de 2015

DEJA QUE SUCEDA
Que el amor te toque 
que la luna salga
que la lluvia moje
que el sol te abrace
que te bese el viento
y que el mar te alcance
Deja que suceda
que rompan tus sueños
que un muro te estorbe
que vuelvas a errar
que el alma te duela
que puedas llorar
Porque si sucede
todo pasará
lo bueno, lo malo,
lo negro, lo blanco,
y en el equilibrio
vivirás en paz.
Aurora Orozco
En los Ejercicios, Dios es el más activo, el que nos toma de la mano, el que nos transforma. En las meditaciones, le cedemos el tiempo y el espacio para dejarlo actuar en nosotros.
Carlo María Martini S.J.

jueves, 2 de julio de 2015


"EN TODO AMAR Y SERVIR": es la frase correspondiente al número [233] de los Ejercicios Espirituales. San Ignacio incluye esta frase en la petición de la "Contemplación para alcanzar amor". 
Con el tiempo, la Compañía ha visto en estas palabras una de las expresiones más ricas de su carisma.
“Exercicios espirituales para vencer a si mismo y ordenar su vida, sin determinarse por affeccion alguna que desordenada sea”.
Ignacio de Loyola [21]
Ordenar la propia vida, vencerse a sí mismo, conocer y ordenar las afecciones desordenadas...

miércoles, 1 de julio de 2015

"Exercicios spirituales, se entiende todo modo de examinar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras spirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y correr son exercicios corporales, por la mesma manera todo modo de preparar y disponer el ánima, para quitar de sí todas las afecciones desordenadas, y después de quitadas para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman exercicios spirituales".

San Ignacio de Loyola, "Ejercicios Espirituales", 1ª Annotación

¿Qué hacen los jesuitas, para qué y cómo?
San Ignacio de Loyola, el fundador de esta orden religiosa, quiso que sus miembros estuviesen siempre preparados para ser enviados, con la mayor celeridad, allí donde fueran requeridos por la Misión de la Iglesia y allá donde el Papa les necesitara. De ahí que los jesuitas, aparte de los tres votos normales de cualquier religioso (pobreza, castidad y obediencia), emiten un cuarto voto de obediencia al Papa en lo que se refiere a las misiones específicas a las que éste les pueda destinar. Por ejemplo, la última petición explícita de un Pontífice a la Compañía ha sido el ruego de luchar contra el ateismo, que encomendó el Papa Pablo VI en 1965.
Es por ello que hoy los jesuitas se encuentran en los campos más diversos de nuestro mundo, adaptándose a las nuevas necesidades de la sociedad y a los retos que estas plantean. Todas estas acciones las desarrolla la  a través del trabajo de los jesuitas y de miles de laicos que comparten su misma espiritualidad.
Así, la SJ trabaja en:
LA ACCIÓN SOCIAL, cuyo objetivo es impregnar las estructuras de la vida humana con una expresión más plena de la justicia y el amor. Esta labor social está inmersa en la Compañía desde sus orígenes. Ignacio de Loyola daba albergue a las prostitutas y a los sin techo en Roma; los jesuitas Laínez y Salmerón, enviados como teólogos al Concilio de Trento, cuidaban de los enfermos en el hospital de la ciudad; Pedro Claver, SJ ayudaba a los africanos traídos como esclavos a Nueva España y las Reducciones del Paraguay buscaban la protección de la vida y la cultura de los guaraníes, a los que acechaba la amenaza de ser hechos esclavos.
La acción social de los jesuitas se diversifica mucho: en centros de estudio y publicaciones, con ONGs de Cooperación al Desarrollo, con servicios de voluntariado y con multitud de proyectos locales de apoyo a los necesitados. Así, entre estos últimos, 1.400 jesuitas trabajan en 324 centros sociales, donde colaboran más de 16.000 voluntarios (el porcentaje mayor está en Asia).
Aparte, miles de misioneros han dejado sus países de origen no solo para evangelizar otras tierras, sino también para dotarlas de estructuras humanas más justas. Por ejemplo, 622 jesuitas españoles son misioneros en otros países (19 en África, 152 en Asia, 451 en América Latina). Muchas veces estos jesuitas dan su vida por la misión que realizan. Desde 1973 que comenzara el generalato del P. Arrupe, los jesuitas muertos violentamente en misión han sido 49.
A nivel mundial destaca en este campo el Servicio Jesuita a los Refugiados (SJR; www.jrs.net ) que fundara en 1980 el entonces Padre General de la Compañía de Jesús, el jesuita español Pedro Arrupe. Arrupe quería ofrecer una respuesta al sufrimiento de los llamados “boat people” vietnamitas, que huían de la guerra de Vietnam en barca, buscando un lugar seguro. 
Esta organización está hoy presente en 53 países y cuenta con un equipo de unos mil trabajadores (jesuitas, religiosos y religiosas de otras congregaciones y laicos) cuya misión es acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados. Sus actividades incluyen: asistencia directa en los campos de refugiados y centros de detención de inmigrantes, alimentación, asistencia médica, pastoral, psico-social y educación. El SJR también acompaña a los refugiados en su retorno a casa. Sus proyectos hoy están destinados a unos 450.000 refugiados.
Y en África, es muy significativa la creación en 2002 de AJAN (African Jesuit AIDS Networld: www.jesuitaids.net  ), la red jesuita de apoyo al Sida en África. Entre otras cosas se dedica a: prevenir la difusión del VIH aumentando el conocimiento sobre el virus en parroquias y escuelas; luchar contra el estigma y la discriminación que sufren los enfermos; el cuidado pastoral y físico de estos así como de los huérfanos; la investigación y reflexión; la promoción de los derechos humanos de los que viven con VIH/AIDS; la defensa para su acceso a la medicación y a los servicios…
Y ya en nuestro país, las tres prioridades sociales de los jesuitas son: los Inmigrantes, los Menores en riesgo y la Cooperación al Desarrollo:
-Por ejemplo, la SJ tiene centros de atención a inmigrantes en Valladolid, Burgos, Bilbao, Barcelona, Alicante, Madrid…-Centros de atención a menores y jóvenes en Alicante (Fundación Nazaret, www.nazaretalicante.es/ ), Madrid (Fundación Amoverse), Gijón (Hogar de San José).-Y, dos ONGs de Cooperación al Desarrollo (Fundación Entreculturas: www.entreculturas.org ) y Fundación Alboan ( www.alboan.org ).
También desarrolla una labor social con centros de acción, estudio y publicaciones que analizan las causas de algunos fenómenos globales que contribuyen, por ejemplo, a incrementar la pobreza. Por ejemplo, el Instituto Universitario de estudios sobre la Emigración (IEM) en Comillas (Madrid) (que edita la que sea quizás mejor revista del tema en nuestro país: Migraciones), el Centro de Estudios para la Integración Social y Formación de Inmigrantes (CeiMigra: www.ceimigra.net ) de Valencia y la Fundació Migra-Studium (www.migrastudium.org), en Barcelona.
Y también trabaja en multitud de proyectos locales de apoyo a otros colectivos de necesitados. 
LA EDUCACIÓN, la asume la Compañía de Jesús como una participación en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por eso sus Centros ofrecen a la sociedad una clara inspiración cristiana y un modelo de educación liberadora y humana.Los jesuitas tienen instituciones en todos los niveles educativos: universidades, colegios, centros de formación profesional, redes educativas.
-En 69 países la Compañía tiene 207 instituciones de Educación Superior (universidades), 472 de Secundaria, 165 de Primaria y 78 de Profesional o Técnica.
-En ellas trabajan 125.032 seglares y 4.010 jesuitas como educadores o administradores.
-Además, existen las Redes Educativas (principalmente de Fe y Alegría en Latinoamerica) con 2.808 centros.
-El número total de alumnos se calcula en unos 2.477.207.
En España, más de 70.000 alumnos estudian en 67 colegios, todos concertados, y la mayoría de ellos abarcan todas las etapas excepto la Formación Profesional, que se imparte en 17 Escuelas (con más o menos Módulos de FP) y la mayoría de los 27 centros de la SAFA (Fundación Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia).
Y, también en España, más de 50.000 alumnos estudian en sus 9 universidades y centros universitarios (Universidad Pontificia Comillas en Madrid, Universidad de Deusto, en Bilbao; Facultad de Teología de Granada. INEA en Valladolid; ESADE en Barcelona; ETEA en Córdoba; E.U. Magisterio SAFA en Úbeda; CESTE en Santander; IQS en Cataluña).
EL ÁMBITO INTELECTUAL, ámbito jesuítico por antonomasia. Destaca su presencia en la Teología, las Ciencias y la Cultura.
-Teología- con sus numerosas Facultades de Teología (destacando con luz propia la Universidad Gregoriana, en Roma), profesores e investigadores de este campo, y multitud de libros y revistas de esta disciplina. En España, cuenta la Compañía con tres Facultades de Teología (Granada; Comillas-Madrid; Deusto-Bilbao) y el Instituto de Teología Fundamental de San Cugat. Además, publica revistas especializadas como: Estudios eclesiásticos, Proyección, Manresa, Sal Terrae, Selecciones de Teología…
-Las Ciencias- La tradición jesuítica de la investigación científica se remonta a los primeros años de la Compañía de Jesús. Así, el primer observatorio astronómico jesuita se funda en el colegio romano (hoy la Universidad Gregoriana) hacia la mitad del siglo XVI, y en 1578, el papa Gregorio XIII hizo erigir en el Vaticano la Torre de los Vientos (origen del Observatorio Astronómico Vaticano) y encargó a los jesuitas astrónomos y matemáticos del Colegio Romano que preparasen la reforma del calendario promulgada después en 1582; hoy 13 astrónomos jesuitas trabajan en el Observatorio Vaticano. También del siglo XVI destaca el gran jesuita ilatiano Mateo Ricci (1552-1610), quien diera a conocer a China la ciencia y técnica de Europa y a Occidente la civilización y las riquezas culturales del pueblo chino.
Y a lo largo de los siglos los jesuitas han realizado numerosos descubrimientos en campos científicos tan diversos como: la física, las matemáticas, la medicina, la lingüística, la geografía, la botánica, la arqueología…Jesuitas como Cristóforo, Clavio, Scheiner, Boscovich, Kirchner, fueron geniales científicos y maestros de varias generaciones de hombres de ciencia. Y de los últimos siglos, destaca sin duda, la labor del paleontólogo francés, Pierre Teilhard de Chardin.
Como curiosidades, el nombre de la flor “camelia” se debe al gran botánico jesuita Kamel; el origen del Nilo Azul se debe al jesuita Pedro Páez; o el inventor del proyector de diapositivas en el siglo XVII fue el jesuita Kirchner.Entre los retos que plantea hoy la Ciencia destaca sin duda el de la Bioética. Y en ella trabajan los jesuitas, por ejemplo, en los Estados Unidos, en el ITEST (Isntitute for Theological Encounter of Sciencie and Technology), y en España, en el Instituto Borja de Bioética (Barcelona); en la Cátedra de Bioética de Comillas (Madrid) y en la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión, de ICAI (Comillas, Madrid).
-La cultura- Donde han destacado jesuitas, bien cultivando las diversas manifestaciones artísticas, o bien fomentando el diálogo entre la Fe y la Cultura:
-A lo largo de la historia han surgidos jesuitas pintores, escultores, ilustradores, fotógrafos, arquitectos, críticos de arte, ceramistas, músicos… Como ejemplos, citar a: literatos como Baltasar Gracián o el P. Isla (“Fray Gerundio de Campazas”), pintores como Andrea del Pozzo; arquitectos como Francisco Bautista o Bartolomé de Bustamante; músicos como Domenico Zipoli…
Por poner ejemplos actuales, en 2004, el jesuita Gutiérrez de Ceballos ingresaba en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y son famosos los mosaicos del jesuita Marko Ivan Rupnik, como los que adornan la capilla Redemptoris Mater del Vaticano o la sacristía y la sala capitular de la catedral de La Almudena en Madrid. Y, el papel que la enseñanza de la música tuvo en las reducciones sigue hoy muy vivo en la orquesta de San Ignacio de Moxos (Bolivia) y en el Festival de Música Barroca de Chiquitos (Bolivia).
-Hoy los jesuitas trabajan en avanzar en el diálogo entre la Fe y la Cultura a través de, entre otros, los llamados: Centros de Fe y Cultura, (Ej: Cristianismo y Justicia en Cataluña, Pignatelli de Zaragoza, Centros Pedro Arrupe en Sevilla, Málaga, Centro Arrupe en Madrid; Francisco Suárez en Granada, Fe y Desarrollo en Valladolid, Loyola en Santander, Fonseca en A Coruña; La Merced en Burgos…) Estos centros son lugares de encuentro que la Compañía de Jesús pone a disposición de la comunidad eclesial y de la sociedad civil. En ellos se fomenta la reflexión crítica y el análisis de los acontecimientos sociales o eclesiales. Son plataformas que cuidan del crecimiento del ser humano y, muy especialmente, de su dimensión trascendente y creyente, desde la Espiritualidad Ignaciana. 
Como vehículo del pensamiento y de la reflexión que estas instituciones elaboran se publican un número importante de revistas y publicaciones (algunas ya centenarias) como Razón y Fe, Fomento Social, Migraciones, Estudios de Deusto, Pensamiento, ICADE, Cristianismo y Justicia… 
También toda la labor de sus editoriales (Sal Terrae en Santander y Mensajero en Bilbao) y la formación, en general, contribuyen a ese diálogo Fe-Cultura.
EL SERVICIO A PARROQUIAS Y COMUNIDADES CRISTIANAS. Aunque la tarea de evangelizar impregne toda la vida de cualquier jesuita, quizá sea más visible en aquellos que se dedican a labores más propiamente eclesiales, como son el trabajo en parroquias y en comunidades cristianas de niños, jóvenes, adultos, matrimonios…
Por ejemplo, hoy más del diez por ciento de los jesuitas trabajan a tiempo completo en unas 2.000 parroquias en todo el mundo. De ellas 55 se encuentran en España (36 de ellas pertenecen a la Compañía, las otras le han sido “encomendadas”) y en ellas trabajan algo más de 90 jesuitas. Estas parroquias se caracterizan por:
-Su compromiso con la justicia y la reconciliación.-Fomentar el conocimiento y la práctica de los Ejercicios Espirituales.-Cultivar la apertura al diálogo ecuménico e interreligioso.-Tratar de llegar a los cristianos alejados y a los no creyentes.-Promover la participación y el liderazgo de los laicos.-Difundir una cultura de la solidaridad que trascienda los límites de la parroquia.
Aparte de las parroquias se trabaja en otros muchos campos como las familias, los jóvenes y universitarios (con los que se trabajan mucho las nuevas tecnologías como da fe el éxito de la web: www.pastoralsj.org), en residencias y templos, y en comunidades de cristianos como: las Comunidades de Vida Cristiana (CVX), comunidades de matrimonios, la presencia de los laicos en la vida pública, la Red Ignaciana… 
De manera global, existen 35.000 asociaciones de laicos que viven en la espiritualidad ignaciana y que son atendidos por 700 jesuitas. 
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL, Con emisoras de radio (66), centros de televisión (27) y producción audiovisual, con revistas propias (199) y otras publicaciones periódicas (La Civiltá Cattolica, América; En España, Razón y Fe, Sal Terrae, Mensajero, Migraciones…), contando con editoriales (30 en el mundo, 2 de ellas en España: Sal Terrae en Santander y Mensajero en Bilbao), formando parte de agencias de noticias, centros de comunicación, con más de 800 páginas web…
En el siglo pasado destaca, el Padre José Gianfranceschi, físico y rector de la Gregoriana y Presidente de la Pontificia Academia de Ciencias, que es llamado por Pío XI a colaborar con Guillermo Marconi en la fundación de Radio Vaticano (1931). Desde entonces la dirección de la emisora pontificia queda confiada a la Compañía.
Y recientemente, en 2006, el jesuita Federico Lombardi, era nombrado portavoz vaticano por el Papa Benedicto XVI.Por supuesto, en los últimos años, la Compañía de Jesús ha hecho un esfuerzo por introducirse en Internet y en todas las nuevas tecnologías. Lo último en esta materia es la idea difundida en un artículo de su revista Civiltà Cattolica en el que los jesuitas señalan que están estudiando introducirse en el mundo virtual de Second Life.
-y la base de todo lo anterior, se cimenta en LA ESPIRITUALIDAD. Los jesuitas viven y trabajan marcados por la Espiritualidad Ignaciana, que se caracteriza, por el deseo expresado por San Ignacio de “buscar y encontrar a Dios en todas las cosas”. Esto significa que es una espiritualidad vinculada a la vida, que invita a los que la siguen a levantar la mirada hacia la globalidad, pero aterrizando en lo concreto y lo cercano.
La espiritualidad ignaciana implica un gran dinamismo puesto que obliga a estar siempre atentos a los nuevos retos y tratar de responder a ellos. Esto ha conducido a los jesuitas a realizar su trabajo, en muchas ocasiones, en las llamadas “fronteras”, sean geográficas o culturales. Su presencia en China, el trabajo con refugiados e inmigrantes o el diálogo con las ciencias y el mundo moderno son sólo algunos ejemplos.
Es importante señalar que esta espiritualidad ha impregnado no sólo el estilo de los jesuitas, si no también de otras Congregaciones Religiosas y numerosos grupos de laicos.
El fomento y difusión de esta espiritualidad tiene su eje central en lo que llamamos los Ejercicios Espirituales, que son un proceso de experiencia de Dios para buscar, descubrir y seguir su voluntad. Para lograrlo es necesario recurrir a una pedagogía que permite conocer más personalmente el Evangelio y la persona de Jesús, descubrir cómo enfocar la propia vida en la sociedad actual con espíritu solidario, o ejercitarse en la práctica de la reflexión y del conocimiento propio. No son ni cursos ni discursos, sino una pedagogía práctica para la realización de una experiencia personal con el acompañamiento y guía de una persona experta.
Actualmente la SJ concreta de diferentes maneras la práctica de los ejercicios: individualmente o en grupo, en pocos días, durante un mes, con un retiro o siguiendo el ritmo de la vida diaria… Lo importante es adaptarse a la necesidad de cada persona y al momento que está viviendo.
El fomento y difusión de esta espiritualidad ignaciana y de los Ejercicios Espirituales lo realizan de manera especial los jesuitas en sus 279 Centros de Espiritualidad y Casas de Ejercicios impartidas por el mundo (16 de ellos en España); en la predicación de la palabra de Dios; en el Apostolado de la Oración (con más de 40 millones de socios); en las 22 revistas de espiritualidad ignaciana que publican (Por ej. en España Manresa) y en diversas webs (Ej: web de oración diaria: http://www.sacredspace.ie/?lang=es ; o la página con oraciones diarias para los MP3 http://www.rezandovoy.org/ ).
FUENTE: Jesuitas Centroamérica
Su nombre era Iñigo López de Loyola, que cambió entre 1537 y 1542 por el de Ignacio «por ser más universal», o «más común a las otras naciones». Según la tradición, fue el último de los ocho hijos varones de Beltrán Ibáñez de Oñaz, señor de Loyola, y Marina Sánchez de Licona.
I. INICIOS
ignaciobiografia1Sobre su fecha de nacimiento oscilaron las opiniones de los contemporáneos. En su epitafio, tras seria deliberación, se fijó su muerte a los 65 años de edad, lo que equivalía a decir que había nacido en 1491. Nada cierto se sabe sobre su primera educación familiar. Su padre debió de fallecer antes de 1506; su madre, poco después de otorgar testamento el 23 octubre 1507. Por estos años, el joven Iñigo se incorporó en Arévalo (Ávila) a la familia del contador mayor [ministro de Hacienda] de los reyes, Juan Velázquez de Cuéllar. Allí pasó unos diez años, en los cuales tuvo ocasión de acompañar al contador durante sus viajes a la corte y otros lugares. Con los libros de su protector pudo adquirir una cierta cultura y perfeccionar su escritura, que le mereció ser considerado «muy buen escribano». Tras la caída en desgracia y sucesiva muerte de Velázquez de Cuéllar en 1517, su viuda, María de Velasco, se preocupó del porvenir de Iñigo y le dio 500 escudos y dos caballos, para poder dirigirse a Navarra y servir como gentilhombre al virrey, Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera. Allí dio muestras de hombre «ingenioso y prudente en las cosas del mundo» y de tener «grande y noble ánimo y liberal», como escribió Juan Alfonso Polanco, sobre todo en dos ocasiones: cuando ayudó a la pacificación de algunas villas de Guipúzcoa, divididas por el nombramiento de Cristóbal Vázquez de Acuña como corregidor, y cuando la villa de Nájera se sublevó contra su señor durante la rebelión de las Comunidades (1520-1522). 
Tomó parte en la defensa de Pamplona al ser atacada (1521) por el ejército francés. Incitó a sus compañeros de armas a resistir en el castillo, pero fue herido por una bala que le rompió una pierna y le lesionó la otra. Desde Niccolo Orlandini, la tradición ha situado la providencial herida en el 20 mayo 1521, lunes de Pentecostés. La rendición del castillo se produjo el 23 ó 24 del mismo mes. La herida de Iñigo fue grave, como consta por la deposición del alcaide del castillo, Miguel de Berrera. Tras las primeras curas, practicadas por los franceses, fue llevado por sus paisanos a su casa de Loyola, donde sufrió una dolorosa operación, soportada con gran fortaleza. Su estado fue empeorando y el 28 junio fue el día crítico, pero aquella misma noche empezó a mejorar. Una vez repuesto, quiso que le cortasen un hueso de la pierna, que le habría impedido calzarse una bota «muy justa y muy polida» que deseaba llevar.
II. CONVERSIÓN y PEREGRINACIONES (1521-1524)
ignaciobiografia2Durante su convalecencia pidió que le diesen libros de caballerías para entretenerse, pero al no encontrarse en la casa, le dieron a leer la Vida de Cristo por el cartujo Ludolfo de Sajonia, traducida al español por Ambrosio Montesino y publicada en Alcalá hacia 1502 o 1503. También le ofrecieron el Flos Sanctorum de Jacobo de Varazze, en una traducción prologada por el cisterciense Gauberto Maria Vagad. La lectura de estos libros le provocó una lucha interior que le abrió el paso a su conversión, a través de la discreción de espíritus. Se dio cuenta de que, cuando se entretenía en pensamientos mundanos, entre los que dominaban los servicios que podría hacer en favor de una dama innominada, encontraba gusto en ellos, pero después se sentía árido y descontento; mientras que cuando pensaba en imitar a los santos, cuyas vidas estaba leyendo, no sólo se consolaba con estos pensamientos, sino que después de dejados, quedaba contento y alegre. La pregunta que se hacía a sí mismo era: «¿Qué sería si yo hiciese lo que hicieron Santo Domingo y San Francisco? y se proponía: ¿Santo Domingo hizo ésto? Pues yo lo tengo de hacer. ¿San Francisco hizo ésto? Pues yo lo tengo de hacer.» Decidió romper con su vida pasada y empezar una nueva. Su primer propósito fue realizar una peregrinación a Jerusalén. Para imitar a los santos se daría a largas oraciones y penitencias.
Rompiendo la resistencia que le opuso su hermano mayor, salió de Loyola en febrero 1522, con el plan de dirigirse a Barcelona y de allí a Roma, para procurarse el necesario permiso del Papa en orden a su peregrinación. Se detuvo en el santuario mariano de Aránzazu, donde probablemente hizo voto de castidad. Él nos dice que este voto lo hizo en el camino hacia Montserrat, donde se preparó por un tiempo a una confesión general, que duró tres días, y a la vela de armas, que realizó ante la imagen de la Virgen morena en la noche del 24 al 25 marzo 1522.
El 25 marzo «en amaneciendo, partió por no ser conocido, y se fue, no el camino derecho de Barcelona, donde hallaría muchos que le conociesen y le honrasen, mas desvióse a un pueblo, que se dice Manresa». Su idea era quedarse en Manresa algunos días en un hospital y anotar algunas cosas en un libro «que él llevaba muy guardado y con el que iba muy consolado»- De hecho, su estancia en Manresa se prolongó unos once meses, y puede dividirse en tres períodos: uno de calma casi en un mismo estado interior; el segundo, de terribles luchas interiores, dudas y escrúpulos acerca pasadas, con tentaciones de suicidio; el tercero consolaciones e ilustraciones divinas, que tuvieron por objeto el misterio de la Eucaristía y otros. Por efecto de estas luces llegó a decir que, aunque no hubiese la Sgda. Escritura, él creería en los artículos de la fe solamente por la luz que había recibido en Manresa. La más extraordinaria de estas gracias fue la que suele llamarse “eximia ilustración”, que recibió a orillas del río Cardoner, una vez que se dirigía al monasterio de San Pablo. No precisó a su confidente, el P. Luis Gonçalves da Càmara lo que allí se le comunicó, pero sí que desde aquel momento “Le parecía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto que tenía antes". Añadió que, si juntase todas las ayudas que había recibido de Dios hasta entonces (en 1555), «no le parece haber alcanzado tanto como de aquella vez sola». A esta ilustración aludía, con toda probabilidad, al fin de su vida cuando, al ser preguntado por algunas cosas introducidas en la CJ, se refería a «un negocio que pasó por mí en Manresa). Lo que allí vio, probablemente, fue el nuevo rumbo que había de imprimir a su vida: cambiar el ideal del peregrino solitario por el de trabajar en bien de las almas, con compañeros que quisiesen seguirle en la empresa. En este sentido deben entenderse las meditaciones del Reino y de las Banderas, de los Ejercicios, en las que Jerónimo Nadal vio una estrecha relación con el fin que se había de dar a la Compañía de Jesús. En este tiempo de Manresa hizo «cuanto a la substancia», según expresión de Diego Laínez, los Ejercicios Espirituales, que practicó antes de escribirlos. Como dice Polanco «después el uso y experiencia de muchas cosas le hizo más perfeccionar su primera invención; que, como mucho labraron en su misma ánima, así él deseaba con ellos ayudar a otras personas”.
En febrero 1523 dejó Manresa para ir a Barcelona, desde donde, hacia el 20 marzo, se embarcó para Gaeta, para proseguir viaje a Roma. El documento pontificio concediéndole el permiso para peregrinar a Jerusalén lleva la fecha del 31 marzo 1523. Después de pasar en Roma la fiesta de Pascua (5 abril), el 13 ó el 14 emprendió el viaje a Venecia. Allí participó, junto con los demás peregrinos, en la procesión del día de Corpus. No teniendo dinero para pagarse el viaje a Jerusalén ni queriendo servirse de los buenos oficios del embajador de España, gracias a la recomendación de un español que le había socorrido a su llegada a Venecia, tuvo una audiencia con el dux Andrea Gritti, quien mandó que fuese admitido en el barco que llevaba a Chipre al nuevo embajador de la Serenísima. De la peregrinación a Jerusalén se tienen detalles, además de los consignados por Iñigo en sus memorias, por las relaciones escritas por dos de sus compañeros: el zuriqués Meter Füssly y el estrasburgués Philipp Hagen. Embarcándose en Venecia el 14 de julio de 1523, llegaron a Jerusalén el 4 de septiembre. Iñigo siguió a sus compañeros en la visita a los Santos Lugares. Pero su intención secreta era quedarse allí establemente, en parte para satisfacer a su devoción y en parte para ejercitar su apostolado con sus habitantes. Con todo, el provincial de los franciscanos, encargados de la Custodia de la Tierra Santa, se opuso tenazmente a aquel proyecto por el peligro que corría la seguridad personal de los forasteros en la región. Iñigo se vio, pues, forzado a renunciar a su sueño y emprender el viaje de vuelta. Salió de Jerusalén el 23 de septiembre y, tras muchas peripecias, llegó a Venecia a mediados de enero de 1524.
III. ESTUDIOS (1524-1535)
Durante todo el viaje estuvo pensando qué haría en adelante. Su decisión fue estudiar en Manresa, bajo la dirección de un monje cisterciense del monasterio de San Pablo, pero cuando fue a visitarlo, se enteró de que había muerto. Se instaló entonces en Barcelona, donde una bienhechora, Isabel Roser, se comprometió a cuidar de su sustento, y un maestro de gramática, el bachiller Jerónimo Ardévol, a enseñarle gratis. Así, a sus 33 años, empezó a estudiar latín. Tropezó con una dificultad, que resolvió con el recurso al discernimiento espiritual. Cuando se ponía a estudiar, le venían grandes ilustraciones espirituales que, al estorbarle en el estudio, vio que no procedían del buen espíritu. Prometió, entonces, en la iglesia de Santa María del Mar, a su maestro que asistiría a sus lecciones por dos años, mientras encontrase pan y agua para sustentarse. Con esta reacción eficaz venció aquella tentación contra sus estudios. Sin embargo, no pudo menos de dar desahogo a su celo, conversando con personas espirituales y dando los ejercicios a algunas de ellas. Además, reunió a sus tres primeros compañeros, que le siguieron a Alcalá y Salamanca.
ignaciobiografia3Pasados dos años, siguió el consejo de su maestro y se trasladó a Alcalá para cursar la filosofía. Estuvo en la ciudad desde marzo 1526 a junio 1527, dedicado más a sus actividades apostólicas que al estudio. Dio a algunas personas los Ejercicios leves, según las normas de la anotación 18º del libro. El extraño modo de vestir que él y sus compañeros usaban y sus reuniones para hablar de cosas espirituales, infundieron sospechas en las autoridades eclesiásticas, precavidas contra las desviaciones de los alumbrados de la región. Se le hicieron tres procesos. En el primero, los inquisidores interrogaron a algunos testigos, tras lo cual dejaron la causa en manos del vicario diocesano en Alcalá, Juan Rodríguez de Figueroa. Este impuso a Iñigo y a sus compañeros que tiñesen sus vestidos. Pasando adelante en los interrogatorios, fue encarcelado por espacio de cuarenta y dos días. El 1 junio 1527 se dio la sentencia, por la que se les mandaba que cambiasen sus vestidos por los ordinarios de los estudiantes y que no enseñasen a nadie los mandamientos ni otras cosas de la fe católica, hasta haber estudiado tres años cumplidos. Viendo que se le impedía ayudar a las almas, decidió seguir sus estudios en Salamanca, donde encontró las mismas dificultades. Sus conversaciones espirituales suscitaron sospechas entre los dominicos del convento de San Esteban, que le sometieron a interrogatorio: hablar de cosas de Dios sólo podía hacerlo quien hubiese estudiado o quien recibiese luz especial del Espíritu Santo. Iñigo no había estudiado, luego hablaba por el Espíritu; y esto es lo que a ellos les hacía sospechar. Si en Alcalá había prevención contra los alumbrados, en Salamanca la había contra el movimiento erasmista. Iñigo y Calixto de Sa, su compañero, fueron puestos en la cárcel durante un proceso que llevó adelante el bachiller Sancho Gómez de Frías. A éste dio Iñigo «todos sus papeles, que eran los Ejercicios», para que los examinase. El punto más delicado en el que se fijaron los jueces fue el de la distinción entre pecado mortal y pecado venial. La duda fue la misma que en Alcalá: ¿cómo podía hablar de aquellas materias sin haber estudiado? A los veintidós días de cárcel, se les comunicó la sentencia: no había nada contra su vida o doctrina, pero se les ordenó que no declarasen si una cosa era pecado mortal o venial hasta después de haber estudiado cuatro años. La sentencia, pues, recalcaba la de Alcalá. Quedó libre, pero viendo que se le cerraban las puertas para el apostolado, se determinó ir a París para proseguir sus estudios.
Llegó a París el 2 febrero 1528 y decidió repetir los estudios de humanidades en el colegio de Montaigu. Para su alojamiento escogió el hospicio de Santiago, destinado a los peregrinos de Compostela, pero, a causa de la distancia del colegio, tuvo que procurarse otra habitación. Pensó ponerse al servicio de algún profesor, pero no lo halló. Decidió entonces ir cada año a Flandes a pedir ayuda económica a los mercaderes españoles de Brujas y Amberes. Estos viajes los hizo en 1529, 1530 y 1531. 
Este último año fue a Londres, volviendo con más dinero que otras veces. Con lo que recaudaba, podía no sólo proveer a su mantenimiento, sino aun ayudar a otros estudiantes.
Al regreso del primero de estos viajes intensificó sus conversaciones espirituales y dio los ejercicios a tres estudiantes, que cambiaron totalmente su vida. Esto disgustó al rector del colegio de Santa Bárbara, que amenazó a Iñigo con el castigo llamado la sala, consistente en azotar al castigado en una sala del colegio. Delatado al inquisidor Mateo Ory, Iñigo se presentó ante él, que le dijo que en efecto se le habían quejado sobre su conducta, pero que no pensaba imponerle ninguna sanción. Cursó la filosofía en el colegio de Santa Bárbara, donde tuvo como compañeros al saboyano Pedro Fabro y al navarro Francisco Javier. Maestro de todos ellos era Juan Peña, de la diócesis de Sigüenza. Los estudios filosóficos comprendían tres cursos: los dos primeros trataban las súmulas y la lógica, el tercero la física, metafísica y ética de Aristóteles. Iñigo obtuvo el grado de bachiller en Artes en 1532, el de licenciado en 1533 y el de maestro en 1535, aunque el diploma lleva la fecha de 14 marzo 1534, al estar datado al modo de París, donde el año comenzaba a partir del día de Pascua, que en 1534 cayó en el 5 abril. Estudió teología durante año y medio, teniendo que interrumpirla por motivos de salud.

IV. HACIA LA FUNDACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS (1535-1540)
ignaciobiografia4Entre tanto se habían juntado con Iñigo los compañeros que habían de fundar con él la Compañía de Jesús. Todos ellos se proponían «servir a nuestro Señor, dejando todas las cosas del mundo», como escribió Laínez, uno de ellos. Este plan se concretó en el voto de Montmartre, que pronunciaron el 15 agosto 1534 y lo renovaron el mismo día los dos años siguientes. En aquel voto prometieron vivir en pobreza y realizar una peregrinación a Jerusalén. Si esperado un año, la peregrinación resultase imposible, se ofrecerían al Papa, para que él los enviase allá donde juzgase más conveniente. Hubo un punto que dejaron en suspenso: si, una vez llegados a Jerusalén, permanecerían allí o regresarían. Por primera vez aparece en este voto la persona del Papa como vicario de Cristo.
Iñigo salió de París para su tierra natal a principios de abril. Al motivo de cuidar de su salud, se añadía el de visitar a los parientes de sus compañeros españoles, que no pensaban volver a su tierra, y resolver allí sus asuntos pendientes. Llegado a Azpeitia, estuvo tres meses, viviendo en el hospital, sin querer hospedarse en su casa de Loyola, a pesar de los ardientes ruegos de su hermano. Aprovechó aquella estancia para promover por todos los medios que pudo el bien espiritual y moral de sus paisanos. Hizo que se tocasen cada día las campanas de la parroquia y de las ermitas del término de Azpeitia para que al oírlas, todos rezasen un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri por los que estuviesen en pecado mortal. Cortó los abusos del juego, los amancebamientos y uniones ilícitas. Promovió la creación de una obra para el socorro de los pobres vergonzantes. Logró poner fin a una larga controversia que oponía al clero y al patrono de la parroquia de Azpeitia con un convento de monjas de la Tercera Orden de san Francisco. Estando él allí y actuando como testigo, se firmó el 18 mayo 1538 un acuerdo entre las partes.
Iñigo salió de Azpeitia el 23 julio 1535 y se dirigió al pueblo de Obanos (Navarra), donde entregó una carta de Javier a un hermano suyo. Pasó a Almazán (Soria), y visitó al padre de Laínez. Otras etapas de su viaje fueron Sigüenza, Madrid y Toledo. En la cartuja de Vall de Cristo (Segorbe) visitó a su antiguo ejercitante de París, Juan de Castro. Prosiguió a Valencia, desde donde se embarcó para Italia. 
Pasó todo el año 1536 en Venecia, completando sus estudios teológicos y ejercitando el apostolado con conversaciones y Ejercicios. Allí vivió con las limosnas que le enviaron sus amigos de Barcelona y fue acogido en su casa por un señor «muy docto y bueno», que parece haber sido Andrea Lippomano, prior de la Trinidad. Mientras tanto, esperaba a sus compañeros que salieron de Paris el 15 de noviembre de 1536. Tras un viaje de cincuenta y cuatro días en medio de las inclemencias del invierno llegaron a Venecia el 8 enero 1537. Todos ellos, menos Ignacio, salieron el 16 marzo para Roma, a pedir permiso al Papa para peregrinar a la Tierra Santa. Lo obtuvieron el 27 abril, al mismo tiempo que la licencia para recibir las órdenes sagradas los no sacerdotes, de parte de cualquier obispo, aunque fuese fuera de las cuatro Témporas del año. El día de Corpus, 31 mayo, participaron en la procesión, junto con los demás peregrinos de Jerusalén. Pero este año no salió ningún barco con peregrinos, por los insistentes rumores de guerra con los turcos.
Ignacio y sus compañeros recibieron las órdenes de mano de Vicente Negusanti, obispo de Arbe (actual Rab, Croacia). Ignacio difirió la celebración de su primera misa año y medio, hasta la noche de Navidad de de 1538. Deseaba prepararse mejor para acto tan importante, aunque quería, además, celebrarlo en Belén o en otro de los lugares de la Tierra Santa. El grupo de compañeros tuvo que reconocer finalmente que la proyectada peregrinación era imposible y, en consecuencia, decidió ponerse a disposición del Papa. Pero antes de salir de Venecia Ignacio tuvo que resolver un caso judicial. Había sido acusado de ser un fugitivo de España y de París, perseguido por la Inquisición. El legado pontificio Verallo confió la causa a su vicario Gaspar de’Dotti, quien instituyó un proceso en toda regla, tras el cual pronunció una sentencia absolutoria, el 13 octubre 1537. Ignacio emprendió el viaje a Roma, con Fabro y Laínez, a fines de octubre. Durante todo el viaje experimentó muchos sentimientos espirituales, especialmente al recibir la comunión. Uno prevaleció sobre los demás: una gran confianza de que Dios les sería propicio en Roma. Al llegar a un lugar, llamado La Storta, a 16,5 kilómetros de Roma por la vía Cassia, tuvo una experiencia espiritual de excepcional trascendencia. Relata en su Autobiografía (n. 96) que "haciendo oración, tuvo tal mutación en su alma y ha visto tan claramente que el Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no sería capaz de dudar de que el Padre le ponía con su Hijo". Con esta expresión reveló la unión que desde entonces sintió con Cristo. Laínez completó estos datos, añadiendo que la visión fue trinitaria, y que en ella el Padre, dirigiéndose al Hijo, le decía: " Yo quiero que tomes a éste como servidor tuyo" y Jesús, a su vez, volviéndose hacia Ignacio, le dijo: "Yo quiero que tú nos sirvas" (FontNarr 2:133). La idea del servicio divino, tan central en los ejercicios, recibía una confirmación definitiva. Aparte del influjo que ejerció en la vida interior de Ignacio, esta visión tuvo claras repercusiones en la fundación de la CJ, empezando por el nombre de la nueva Orden, un nombre que era todo un programa: ser compañeros de Jesús, alistados bajo su bandera, para emplearse en el servicio de Dios y bien de los prójimos.
En noviembre 1537, Ignacio entró definitivamente en Roma. Allí, mientras los otros compañeros se dedicaban a otras tareas apostólicas, él daba Ejercicios. Merecen señalarse los que dio en Montecassino al doctor Pedro Ortiz, durante la cuaresma de 1538. En este año tuvieron que sufrir los ataques de algunas personas influyentes, que esparcieron rumores contra su vida y doctrina, repitiendo la acusación de que eran fugitivos, ya procesados en otras ciudades por la Inquisición. La consecuencia fue que los fieles se iban alejando de ellos; pero el mayor peligro consistía en que, si las calumnias prosperaban, les sería imposible realizar los proyectos que iban madurando. Por eso Ignacio quiso firmemente que se instruyese un proceso formal, acabado con una sentencia. Procuró y obtuvo una audiencia del Papa en Frascati, que mandó al gobernador de Roma, encargado de la justicia, que instruyese un regular proceso. Fue providencial el por aquel tiempo coincidiesen en Roma todos aquellos que habían juzgado a Ignacio en Alcalá, París, principales del nuevo Instituto. Fueron aprobadas por los seis Padres presentes en Roma. Tras este paso, el 8 abril se procedió a la elección de su primer General, que recayó, por voto unánime, en Ignacio. Éste había dado el suyo a aquel que tuviese más votos. Conocida su elección, pidió que se repitiese después de una más madura reflexión. Pero la segunda votación, del día 13, arrojó el mismo resultado. Entonces, Ignacio pidió tiempo para deliberar, y puso el asunto en manos de su confesor, el franciscano Teodosio de Lodi, del convento de San Pedro in Montorio. Allí Ignacio, en una confesión que duró tres días, expuso a su confesor toda su vida y su estado presente, con enfermedades y miserias corporales. El franciscano fue de parecer que debía aceptar y, a petición de Ignacio redactó un informe escrito. Entonces, Ignacio aceptó la designación. Era el 19 abril. Tras la elección del General, el 22 del mismo mes hicieron todos los presentes la profesión en la basílica de San Pablo extramuros; los ausentes la hicieron en fechas y lugares diferentes. 
V. ACTIVIDAD EN ROMA COMO GENERAL (1540-1556) 
Salvo brevísimas ausencias, Ignacio permaneció en Roma el resto de su vida. Resumiendo su actividad durante el generalato, pueden distinguirse en él dos aspectos: su apostolado directo en la ciudad de Roma y su acción de gobierno de la Compañía de Jesús. 
ignaciobiografia5En los quince años de su gobierno logró dar a la CJ una organización ejemplar, infundirle un espíritu y abrirle las puertas hacia un apostolado universal. Fue más hombre de acción que un especulativo. En la estructura que dio a la CJ introdujo novedades que chocaron con la mentalidad de su tiempo. 
No quiso tener hábito propio ni coro ni penitencias impuestas por regla ni tiempos determinados de oración para los jesuitas formados. Todo ello para que los jesuitas tuviesen aquella movilidad y disponibilidad que exigía su forma de vida y su proyecto apostólico. Por lo mismo, no admitió una rama femenina de la CJ ni quiso aceptar el cuidado habitual de religiosas sujetas a su obediencia. Tampoco admitió dignidades eclesiásticas o civiles.
Ignacio fue, a un mismo tiempo, un incansable hombre de acción y un ferviente contemplativo. Su más noble ideal fue promover la mayor gloria de Dios por todos los medios a su alcance. Como hombre de gobierno, dirigió a sus súbditos con prudencia y discreción. Amaba a todos con amor de padre, y todos se sentían amados por él. Puso un acento especial en la virtud de la obediencia, tanto como ejercicio de virtud, como por ser instrumento de cohesión y eficacia en la labor apostólica. En su vida personal fue un gran contemplativo, que experimentó especiales comunicaciones divinas. Su unión con Dios adquirió un tono más elevado en la celebración de la Misa, durante la cual fue dotado del don de lágrimas. A veces no podía celebrarla por la debilidad de su salud, a la que perjudicaban tan fuertes emociones.
Además del tiempo dedicado a la oración formal, practicaba y recomendaba a los demás el ejercicio de buscar a Dios en todas las cosas o, como escribió Nadal con frase feliz, fue "contemplativo en la acción". 
Su salud se resintió toda la vida de las ásperas penitencias practicadas después de su conversión. Siempre tuvo dolores de estómago; pero la autopsia, que le practicó el mismo día de su muerte el cirujano Realdo Colombo, demostró que su enfermedad consistía en una litiasis biliar, con reflejos que repercutían en el estómago. Murió en la madrugada del 31 julio 1556. Su cuerpo fue sepultado en la pequeña iglesia de Santa Maria de la Strada y, en sucesivas traslaciones, depositado en el actual altar de dedicado a él en la iglesia del Gesù (Roma). Beatificado el 27 julio 1609 fue canonizado por Gregorio XV el 12 marzo 1622 junto con Francisco Javier, Teresa de Jesús, Isidro Labrador y Felipe Neri. Pío XI le nombró (1922) patrono de los Ejercicios Espirituales y de las obras que los promueven.
FUENTE: Jesuitas de España

martes, 30 de junio de 2015


Qué querrás Tú decirme, me pregunto
mientras ando hasta Ti sin conocerte
todavía, Señor. Tú me has llamado
y me he echado al camino sin dudarlo.
No sé ni dónde estás, pero yo voy
andando que andarás; puede que tarde
toda mi vida ya por el viaje.
Yo sé que te veré. Tú me has llamado.
Lo que más me preocupa es qué querrás
Tú decirme. No sé
qué pueda contestarte ni me importa.
¡Debe ser muy hermoso cuanto digas!

Valentín Arteaga
Por algún extraño motivo (quizá para ejercitar nuestra paciencia, o tal vez para entender la sencillez de lo importante) las cosas más significativas de la vida crecen y se expanden lentamente. 
De manera casi imperceptible (tanto que a veces creemos que asistimos a una pasividad pasmosa), lo sustancial de nuestra existencia comienza a crecer y a madurar de manera humilde. El tiempo es testigo mudo de ese crecimiento, de ese desarrollo y de esa expansión…
Y de pronto, sin percibir el momento exacto, se abren las puertas y las ventanas y entran el amor, la familia, los amigos, la vocación, la fe, la solidaridad…. Y asistimos al nacimiento de lo que un día fue pequeño, pero que creció despaciosamente hasta convertirse en lo más sagrado de nuestra vida.
@Ale Vallina.

domingo, 28 de junio de 2015

Finales y comienzos


Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.  Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada". Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?". Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?". Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad". Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?". Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme". Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate".  En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

Marcos 5,21-43

Todos sabemos que el existir tiene ciclos. Ciclos de vida y  ciclos de muerte. Basta con mirar la naturaleza para darnos cuenta de ello. La vida y la muerte siempre están presentes en todo ciclo vital. Están tan unidas como lo están los comienzos a los finales.
Es claro que para vivir hay que aprender a morir. Y si deseamos comenzar algo nuevo, necesitamos terminar lo pendiente. ¿Por qué muchas veces tenemos la sensación de que no terminamos de “despegar” en nuestras vidas? Sencillamente, porque no hemos dado punto final a lo que ya ha terminado.  
El evangelista Marcos (5, 21-43) nos cuenta dos historias que están estrechamente entrelazadas. Dos historias que tienen comienzo y fin. Son historias de fe profunda. Fe a prueba de todo que, aún en las circunstancias más adversas, continúa creyendo.
En el caso de la hemorroísa, tuvo que dejar atrás todo lo que hasta ese momento había intentado para dar un salto de fe inmenso. Ella creyó que con solo tocar el manto de Jesús volvería a la salud y con ella a la vida. No necesitó hablar con el Maestro, no buscó atención preferencial, solo rozar sus temerosos dedos por el manto del Maestro. Y su cuerpo quedó sano. La enfermedad quedó atrás y con ello 12 años de dolor y sufrimiento.
La historia de la pequeña hija de Jairo es algo distinta. Es el padre quién busca a Jesús. Él intuye que en Jesús está la vida y la salud. Cuando llegan a la casa, escuchan que la niña está muerta. Su padre pudo haberse quedado en la muerte de su hija pero decidió seguir adelante con fe y esperanza. Dice el evangelista que Jesús tomó a la niña de la mano y le ordenó que se levantase. Su palabra puso fin al dolor y a la pena. Y comenzó nuevamente la vida a brotar en aquella niña de 12 años.
Estas dos historias de enfermedad, de muerte y de vida, de final y de comienzo, también pueden ser nuestras historias. ¿Qué nos dicen las historias de estas dos mujeres protagonistas del milagro?
En primer lugar que la fe, cuando es firme, fuerte y nace del corazón, propicia siempre una respuesta de lo Alto. Dios es un Dios presente. No ausente a nuestras necesidades. Su respuesta siempre llega, aunque a veces no de la manera en que la esperamos. Pero se hace presente calmando nuestras ansiedades y miedos.
Nos lamentamos con frecuencia por lo que perdemos sin prestar verdadera atención al nuevo comienzo que se inicia. Hay momentos en que los milagros no buscan “restaurar” algo sino que abren, proponen e invitan a transitar caminos nuevos. Si queremos aprender a vivir necesitamos también aprender a “morir”. A dejar atrás situaciones que no enriquecen ni hacen fecunda nuestra vida. Necesitamos poner fin para que haya nuevos comienzos.
En el relato de estas dos historias somos testigos de los ciclos de la muerte y de la vida… Pocas veces nos detenemos a pensar que, continuamente, estamos muriendo para poder luego volver a la vida. Es simple y complejo a la vez, morimos para poder nacer, y si queremos nacer de verdad, desde lo Alto, necesitamos también estar dispuestos a morir. Y cuando morimos a todo aquello que nos impide configurarnos con el estilo de vida de Jesús, con la fe intacta y la esperanza que confía contra viento y marea, “siempre” de un modo u otro, volvemos a la vida.
Conmueve la orden que da Jesús a la pequeña hija de Jairo: «Talita Kum, ¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!» Y la niña, sin más, vuelve a vivir para sorpresa de todos los presentes. Pero más fuerte aún es la descripción que hace el Maestro de la situación de la pequeña: “no está muerta, está dormida”.
Te has preguntado cuántas veces has creído que estabas muerto/a y caíste en la más terrible desolación…y sin embargo volviste a vivir porque recibiste una orden de lo Alto, imperceptible a los oídos humanos, pero que tu espíritu supo captar. ¡En cuántas ocasiones volvimos a sonreír, a confiar, a caminar senderos, a abrir puertas, cuando descubrimos que no estábamos muertos, sino dormidos! O ¡Cuántas  veces nos dimos cuenta  de que para volver a vivir o a comenzar algo nuevo necesitábamos aceptar que “algo” había terminado o acabado!.
Pidamos una fe vigorosa como la de la hemorroísa y la de Jairo, que contra todo pronóstico confía en Dios y en sus designios.
P. Javier Rojas sj y Alejandra Vallina


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