viernes, 14 de agosto de 2015

El materialismo es otra manera de llamar a la avaricia. El materialismo es un desorden por los bienes materiales que conduce a la persona a desear acumular todo lo que puede. El materialista posee una incapacidad de saborear o de gozar de sus logros. Vive temeroso de que “se le escape” lo que atesora. De que se vacíen sus alforjas... La avaricia, por el contrario,  es una enfermedad del alma que se manifiesta por la posesión de bienes materiales, pero que es apreciable también en el deseo de adquirir “bienes espirituales” con el solo objetivo de que le otorguen prestigio ante los demás. El avaro “espiritual” va por la vida buscando ser considerado como un santo!!!
Entonces, el hombre o la mujer materialistas  viven el espíritu del mundo que busca poseer todo cuanto puede. Teme perder lo que tiene y le gusta ser tratado conforme a sus riquezas. Pero el avaro espiritual, no actúa de modo muy distinto... Es verdad de que su ansia por poseer cosas materiales puede ser menor, pero de igual modo exige ser tratado conforme a sus “bienes espirituales”.  El avaro puede ser austero externamente (aunque es extraño), pero exige ser considerado como alguien “especial” conforme a la riqueza espiritual que cree llevar dentro.
La avaricia o el materialismo, ya sea nivel material o espiritual, se podrían definir como la  atadura a ser considerado especial conforme a lo que poseemos. El avaro es un hombre miserable disfrazado de riquezas. Un rico-pobre. Es una persona que porque se percibe frágil, necesita recurrir al poder que le otorgan sus bienes. Tiene de sí mismo una imagen desdeñada que lo lleva a ocultar su fealdad detrás de sus conquistas.
P. Javier Rojas sj

jueves, 13 de agosto de 2015

No hay nada que reemplace el encuentro personal de dos o más seres que deciden acercarse. Miradas que se cruzan, dedos que se entrelazan, un abrazo cálido que reconforta el alma…
Sin embargo el ajetreo de la vida moderna, con sus horarios acotados, sus tiranías y sus arbitrariedades; las distancias que alejan y también ciertos hábitos individualistas de la posmodernidad que nos  repliegan sobre nosotros mismos,imposibilitan, en ocasiones, los encuentros cara a cara. 
En estos casos, las nuevas tecnologías rápidas y veloces, que conectan en segundos a personas que se encuentran en las antípodas del planeta, o quizá, a unas cuadras de distancia, pueden colaborar y propiciar los acercamientos entre las personas. 
Lo importante es el buen uso que se haga de estos avances tecnológicos. Si mi día a día transcurre frente a la computadora o el móvil, sin mirar a mis hijos cuando me hablan, sin contestar a mi esposo o amigos cuando esperan una respuesta de mí, algo muy grave está pasando. Si el celular que suena estridentemente interrumpe cada día la cena familiar o la conversación entre amigos hay necesidad imperiosa de poner en su real lugar algunas cosas…
La contra cara de esta situación, es cuánta alegría ha provocado en tantas personas el poder conocer a sus hijos, nietos o sobrinos vía internet; o el poder compartir fotos o mensajes instantáneos, en tiempo real, con quienes se hallan a miles de kilómetros de casa…
Ignacio de Loyola hace referencia en sus Ejercicios Espirituales al  principio del “tanto-cuanto”. Nos dice Ignacio: "El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es creado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe privarse de ellas, cuanto para ello le impiden…”[EE23]
Las cosas nos son malas o buenas en sí mismas, sino en relación al uso, mal uso  o abuso que hacemos de ellas. Llevado esto a la vida cotidiana y corriente, podemos interpelarnos  con sincero interés por  encontrar una honesta respuesta: ¿cómo usamos todo lo creado y que está a nuestra disposición?, ¿cómo nos relacionamos con los avances tecnológicos que tienen esa paradoja de “acercarnos y alejarnos a la vez”?
Germán Mazuelo lo dice de este modo: “Cuántos seres, objetos y personas ha colocado Dios en nuestro camino. ¿Cómo los usamos?, ¿para provecho eterno, o desaprovechando sus posibilidades?”
Para meditar…
@Ale Vallina

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