sábado, 22 de agosto de 2015


«Es iluso creer que podemos vivir sin conflictos o dificultades. Siempre nos encontraremos con problemas, enfrentamientos, peleas, desencuentros, etc., Necesitamos aprender a gestionar la particular condición de estar vivos. No es fácil, lo sabemos, pero no hay manera de crecer si no es desarrollando una actitud vital que nos permita seguir avanzando aun en medio de los inconvenientes que encontramos a nuestro paso.  Es importante que nos aseguremos primero de no ser los causantes de los inconvenientes. De no ir sembrando cizaña y avivando el fuego de los conflictos. Debemos examinar debidamente nuestras palabras, acciones o actitudes para no generar discordias. Ahora bien, si comprobamos que no somos los causantes de los momentos difíciles por los que atravesamos nos queda pensar que es la “vida misma” la que nos hace atravesar esas situaciones. Y cuando digo la “vida misma” no estoy haciendo responsable al cielo, sino al hecho de vivir entre hombres libres con capacidad para hacer el bien o el mal. Porque Dios no nos manda pruebas, no juega con nosotros, no es alguien a quien le gusta comprobar si somos merecedores o no de su amor, misericordia o compasión. Esas ideas son nuestras que colgamos a Dios. Dios es providente, está presente en nuestra vida y nos sostiene en los momentos de dificultades. En los momentos de conflicto, es la libertad humana la que nos pone a prueba. Somos nosotros los que en ocasiones nos ponemos en situaciones de «pruebas», o la libertad de otros la que nos sitúa allí. En los momentos difíciles es nuestra fe en Dios la que nos permite gestionar los inconvenientes en nuestra vida. Tener fe es tener actitud en la vida. Al poner nuestro corazón en sintonía con el corazón de Dios, descansamos seguros aun atravesando «oscuras quebradas». ¿Cómo haces frente a tus dificultades o problemas? ¿Con fe o sin ella? Tener fe no significa que los problemas desaparecen, sino que en medio de las pruebas Dios nos sostiene y se constituye en un lugar seguro donde reposar»

P. Javier Rojas, SJ

jueves, 20 de agosto de 2015


La falta de trabajo daña el espíritu, así como la falta de oración daña la actividad práctica, y es por eso que la oración y el trabajo deben estar siempre unidos, en armonía, tal como enseñaba san Benito.
El trabajo es algo propio de la persona humana, y expresa su dignidad de criatura hecha a imagen de Dios. Por eso, la gestión del trabajo supone una gran responsabilidad social, que no se puede dejar a merced de la lógica del beneficio o de un mercado divinizado, en el que con frecuencia se considera a la familia como un peso o un obstáculo a la productividad.
Papa Francisco

lunes, 17 de agosto de 2015


Mi felicidad no consiste en otra cosa que hacer la voluntad de Dios, con alegría o sin ella, sea cual fuere el juicio de los hombres. Si noto faltas esté cierto que junto con pedir perdón de ellas estoy perdonado. Que nada pues, me quite la habitual alegría.
San Alberto Hurtado

domingo, 16 de agosto de 2015

Señor, son tantos los que sufren
En el mundo de hoy
Y tan pocos los que saben
Olvidar su dolor.
Yo quiero ser Luz
Que refleje tu lampara
Y levadura buena
Que te esponje las almas.
Te doy gracias Señor
Porque has resucitado
Y mataste en mi alma
La angustia del pecado.
Si me pides la vida,
Quiero darla contento,
Si no quieres que muera,
Quiero vivir sonriendo.
Quiero reír,
Quiero soñar,
Quiero darles a todos
La alegría de amar.

San Alberto Hurtado

Blogroll