viernes, 4 de septiembre de 2015


DEL SENTIDO DE LOS CICLOS 

HOY PEDIMOS la gracia de aceptar los ciclo de la vida. Los tiempos, los cambios…

MEDITACIÓN 

Benditos brotes, Padre mío, que trajo la poda. Benditos desde la fe profunda que me mueve. Vuelvo a mirar y a pasar por el corazón lo vivido desde mi hoy. Entendí que la planta podada, sin hojas, crece por dentro. Vos me amabas así, en un proceso continuo de vida y muerte. Entendí que cada ciclo anuncia al otro, y que la vida es ciclo, y que todos son necesarios. Los brotes de la primavera de hoy me ayudan a entender la muerte y las pérdidas del invierno.  Hoy entiendo que en cada acontecimiento que vivo estás conmigo y deseo amarte y elegirte en toda realidad, en todo ritmo y en todo ciclo que elijas para mí.

PROPÓSITO DEL DÍA.

Hoy a lo largo del día volveré a pasar por el corazón la palabra de Amor que mi Padre me ha regalado en cada cambio de ritmo y le pediré gracia para que a la luz de mis brotes de hoy, no me aferre a un momento más que otro,  sino que ame todos mis ciclos, deseándolos y eligiéndolos porque Dios los elige para mí.

jueves, 3 de septiembre de 2015


Oración del Día.
LA PRIMAVERA ESCONDIDA


HOY PEDIMOS la gracia de sentir mi vida, con todos sus ritmos y ciclos, abrazada fuertemente por Dios Padre. Nada desaprovechaste Padre.

MEDITACIÓN
Padre, no siempre comprendí lo que viví en el momento en que ocurrió. Me ha costado muchas veces recibir y decir “hola” a las circunstancias que no me gustaban o me hacían daño.Me parecieron inoportunas, me rebelé ante ellas, sentí que me abandonabas. Te reclamé, Padre, porque sentí que no estabas, que no me prestabas atención. Me sentí abandonado. Pero un día… comprendí lo ocurrido. Surgió el sentido verdadero de lo que había pasado. Comprendí que fue necesario que aquello ocurriera como dijo Jesús a los discípulos de Emaús. El otoño desprende de nuestra vida muchas cosas, el invierno cultiva y fecunda la poda para que la primavera haga resurgir la vida nueva. Tras cada invierno despunta siempre un brote de vida nueva y con ello renuevas y haces fecunda, Padre, nuestra vida.

PROPÓSITO DEL DÍA.
Hoy hablaré con mi Padre de los acontecimientos dolorosos que viví. Haré espacio a la primavera de vida que está escondida en la poda, en el despojo, en la ausencia, en el abandono que sentí. Repite esta oración "Señor, fecundas mi vida en cada poda y en cada brote de vida nueva"

lunes, 31 de agosto de 2015


ORACIÓN DEL DÍA
CONTENTO, SEÑOR, CONTENTO.

HOY PEDIMOS: Hoy pedimos tener como el, un alma alegre.

MEDITACIÓN: 

Señor, son tantos los que sufren en el mundo de hoy, 
Y tan pocos los que saben olvidar su dolor
Yo quiero ser Luz que refleje tu lámpara
Y levadura buena que te esponje las almas.
Te doy gracias Señor porque has resucitado
Y mataste en mi alma la angustia del pecado
Si me pides la vida, quiero darla contento
Si no quieres que muera, quiero vivir sonriendo
Quiero reír, quiero soñar,
Quiero darles a todos la alegría de AMAR!

PROPÓSITO DEL DÍA. 

Que tu alegría no dependa de tu estado de ánimo, ni de ninguna otra causa humana, sino de la cercanía de Dios, que es motivo de un gozo profundo e incomparable.

domingo, 30 de agosto de 2015


Todos somos conscientes de los rincones «oscuros» de nuestro corazón que nos entristecen, que nos averenzan y desaniman, que rechazamos y desearíamos que no estuvieran ahí. Pero también somos conscientes que por más esfuerzos que hacemos para eliminarlos seguirán ahí. ¡Pareciera que se hacen más fuerte cuando más esfuerzo ponemos en que desaparezcan!
 Algunos de ellos  son de elaboración propia. Muchas de las zonas oscuras de nuestro interior son el resultado de nuestras propias decisiones, aunque también existen otras que no lo son.
Nos ocupamos por dirigir todas nuestras oraciones a ese lugar. Nos preocupamos por eliminar de nosotros toda imperfección como si estuviéramos condenados por ello. Nos sentenciamos a nosotros mismos por no ser lo suficientemente perfectos como desearíamos. Lo totalmente puros como nos gustaría. Nos castigamos por no ser perfectos, puros e inmaculados.
Pero hay algo de lo que tenemos que ser muy conscientes actuando así. Al poner en el centro de nuestra vida espiritual la imperfección, la impureza y el pecado lo que logramos es darles un lugar central y privilegiado. Actuando de esta manera comenzamos a girar en torno a la imperfección y al pecado, alrededor de la falta de pureza y de las zonas oscuras de nuestro corazón, y el centro de nuestra vida tiene que ser Jesús y su evangelio. El centro de nuestra vida, el eje de nuestra existencia es Jesús y su mandamiento del amor. Si nos preocupamos de arrancar la cizaña nos olvidamos de lo fundamental que es cultivar el trigo.
La búsqueda de la perfección es a veces un intento por tener el control. Por eliminar la dependencia a la misericordia de Dios. Un intento malicioso por autoglorificarnos a nosotros mismos creyéndonos mejores que los demás. Con todos los esfuerzos e intentos que has hecho por eliminar las imperfecciones de tu vida ¿qué has logrado?¿Haz crecido en la caridad? ¿Aumentó tu solidaridad? ¿Eres más compasivo? ¿Sonríes más? ¿Tienes mayor generosidad? ¿Eres más paciente, comprensivo, humano?
El problema de los fariseos y los escribas es que, mientras están  empeñados en cumplir con las tradiciones de purificación externa de sus antepasados, se olvidan de lo principal que es purificar el corazón. Nuestra tarea no es eliminar las imperfecciones y zonas oscuras sino hacer espacio a Jesús en el corazón. Dios hace puro el corazón. Su presencia en nuestro corazón es la que nos hace santos. De lo que tenemos que ocuparnos es de poner en el centro de nuestra vida a Jesús, su evangelio y el mandamiento del amor.
Para crecer y madurar en la fe primero tenemos que abrazar nuestras imperfecciones, impurezas y pecados. No podemos cambiar nada que no aceptemos primero.
No debemos avergonzarnos de nuestra vulnerabilidad o de nuestra naturaleza frágil. En ella encontramos compasión, dulzura, perdón, bondad, clemencia y compasión de Dios. Tal vez logres quitar todas las imperfecciones de tu vida, pero también es probable que elimines la única manera que tienes de experimentar el amor gratuito de Dios. No digo que dejemos que crezca la cizaña, (avaricia, envidia, soberbia, etc.) lo que digo es que debemos ocuparnos por cultivar el trigo de la bondad, la compasión, la dulzura, la solidaridad, etc. Dios vive en el corazón de aquellos que siendo conscientes de su fragilidad humana se lanzan a vivir el mandamiento del amor, porque se han sentido amados incondicionalmente.

Javier Rojas, SJ

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